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muerte en león

¿Qué lleva a tres mujeres con una vida cómoda en una apacible ciudad de provincias española a cometer un asesinato? Uno podría entender que alguien presa de un arrebato transitorio mate, incluso podría entender que una sola persona se obsesione hasta el punto de ver en el asesinato la única salida, pero ¿qué tres mujeres con una vida aparentemente “normal” se pongan de acuerdo en planificar y cometer un crimen? ¿Ninguna temió que todo saliera mal y el crimen, además de acabar con la víctima, les arruinara la vida? Hay más. Hablamos de tres personas que, por oficio o cercanía familiar, las tres tenían contacto con el mundo policial ¿ninguna de las tres sabía que el crimen perfecto empieza a rozar la imposibilidad en nuestros días de móviles y cámaras por doquier?

Muerte en León, el último documental de Justin Webster -británico afincado en Barcelona y autor del magnífico Seré asesinado y, más recientemente, de El fin de ETAtrata de responder a las preguntas que rodean el asesinato de la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco, el 12 de mayo de 2014. La investigación policial y el proceso judicial dieron la respuesta, digamos, forense del caso, pero la incredulidad aún impregna el aire de la ciudad: “¿Cómo puede una mujer, un ama de casa, llegar a matar a una presidenta de la diputación de tres disparos? ¿Cómo es posible llegar a eso en una mente normal? Ese es el tema fundamental”, se pregunta ante la cámara Matías Llorente, diputado provincial que no pasaba por ser el mejor amigo de la víctima.

A lo largo de cuatro episodios de una hora -en línea con series documentales de tema criminal, factura y éxito reciente como la oscarizada O. J., Made in America, Making a Murderer o The Jinx-, Webster explora el asesinato de la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco, a manos de Montserrat González con la complicidad de su hija Triana y de la amiga de su hija y agente de la policía local, Raquel Gago.Y el resultado está a la altura de las citadas series norteamericanas. Destaco especialmente la calidad de las entrevistas, la edición del juicio y una estructura narrativa que en ningún momento pierde al espectador.

La justicia condenó a Montserrat a 22 años de cárcel, a Triana a 20 como cooperadora necesaria y a Raquel a 14 como cómplice. La “verdad” judicial, sancionada en noviembre de 2016 por el Tribunal Supremo, establece que las tres se concertaron para cometer el crimen aquel día de mayo de 2014. Pese a la confesión de Montserrat, aún son muchos los que expresan incredulidad. Ni las que la conocían mejor, consiguen explicarse su conducta “por mucho odio que tuviera”. Los psicólogos han dictaminado que la asesina confesa se encuentra en sus cabales y ella nunca ha mostrado signo de arrepentimiento. ¿En qué momento decidió cruzar la línea roja esta señora de Mercedes SLK y marido comisario de policía en Astorga? “Sólo pensé en hacerlo, no en las consecuencias”, responde en una entrevista telefónica desde la cárcel. “Veía a Triana muy mal. Lo hice porque no querían ir al entierro de mi hija”.

A partir de un duro enfrentamiento, sostiene la defensa, Triana se sintió víctima del acoso y castigo de quien fuera su jefa. Sintió que su futuro en la diputación estaba truncado mientras continuara Isabel Carrasco. La obsesión de la hija envenenó la cabeza de la madre hasta llevarla a una conclusión delirante: cuando Montserrat supo que en la guerra de facciones del PP leonés Rajoy había terciado en favor de Carrasco, decidió matarla. ¿Cómo es posible que no vieran otra salida? Triana era ingeniera de telecomunicaciones. Había trabajado en Alemania ¿No podía buscar otro empleo en otra ciudad? A los ojos de madre e hija, León se revela como una ciudad cerrada de la que estos personajes, como en la película de Buñuel, son incapaces de escapar.

Muerte en León se apoya en la vista oral, en entrevistas y en material de archivo para conducirnos hasta la conclusión judicial. Las reconstrucciones se reducen al mínimo. Sólo en los últimos minutos introduce algunas incógnitas no despejadas del caso. Baste decir -no vamos a reventarlo- que deja en el aire la sospecha de una teoría conspirativa. Pero no es sólo este golpe de efecto lo que, a mi juicio, hace recomendable la serie. Hay al menos otras dos razones.

La primera, que hay que llamar la atención sobre este magnífico documental porque corre el riesgo de pasar sin pena de gloria por la incuria de su productora y emisora, Movistar+. Quien quiera verlo legalmente tendrá que zambullirse en su desordenada plataforma, rastrear en la pestaña de documentales y ver si lo encuentra entre “Yellowstone, el gran deshielo”, los documentales romanos de Mary Beard, “Mayday, catástrofes aéreas” y la Primera Guerra Mundial en color… Un sindiós.

La segunda razón tiene que ver con lo que documental desvela sobre la vida tranquila pero también asfixiante de una de esas capitales de provincia de la España interior y vacía. León. El páramo y el gótico. La pausa comercial de mediodía para ir a comer a casa. Una España conservadora donde el PP se confunde con el paisaje;  donde los partidos políticos ejercen el poder como agencias de colocación y repartidores del presupuesto; donde la peor oposición la forman los descontentos de tu propio partido; donde los afectos y los odios se cruzan por la calle; donde, lo sabemos bien, el empleo es un bien escaso y “colocarse” un vocablo que empieza a caer en desuso; donde la máxima aspiración es sacar una oposición a funcionario y, si es posible, no muy lejos de la casa familiar. No es casual que unas oposiciones a la diputación se conviertan en el particular Watergate leonés de Isabel Carrasco: demasiados parientes de alcaldes y otros cargos del PP coparon las primeras plazas. No es casual que Triana iniciara su camino sin retorno a raíz de su fracaso en otras oposiciones a la diputación: no han querido pasarle las preguntas para un puesto que considera hecho a su medida. Somatiza el suspenso como parte de la persecución a la que se siente sometida desde que cayera en desgracia ante Isabel Carrasco. Y sabía que no era la única: “De Isabel estaba hablando mal mucha gente, si encima ahí hablan todos mal con la misma, pues al final puede pasar lo que ha pasado”, comenta el diputado Matías Llorente. Nadie desmiente que fuera todo un carácter. Con el crimen aún en las primeras páginas, una pintada macabra y fugaz apareció en la pasarela sobre el río Bernesga donde fue asesinada la presidenta: “Aquí murió un bicho”.

Al final del documental, la periodista Ángela Domínguez lanza una reflexión: “¿En qué medida la ambición se convierte en una perversión y además, al verse truncada, genera odio? Pues también no solamente por la maldad que reinaba y reina en Montserrat y que posiblemente estaba azuzada por su hija Triana y por la complicidad torpe y necia también de Raquel. Había algo más. Había un ambiente propicio para que esto sucediera. Y ese es el gran error. Esa es la culpa que debería pesar sobre todo León”.

Un “ambiente propicio”. Esas palabras me trajeron el recuerdo de un relato de Borges, El hombre en el umbral (El Aleph): “No hay un alma en esta ciudad (pude sospechar) que no sepa el secreto y que no haya jurado guardarlo”.

 

 

 

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