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escena guerra danesa
En primera línea: Fra forposterne 1864, la pintura que abre la serie 1864

1864 se estrenó en octubre de 2014 en Dinamarca y en enero de este año en Canal+ series. No voy a descubrir nada a los que ya la hayan visto ni tampoco voy a reventar el final (spoilers, que se dice ahora) a los que no la hayan visto. Yo no había podido verla hasta ahora. Sólo pretendo situar en antecedentes a quienes desconozcan o no hayan visto esta nueva miniserie danesa de 8 capítulos.

1864 cuenta la historia de varios personajes de una comunidad rural sacudidos por una guerra que dejó una profunda huella en Dinamarca. La Guerra de los Ducados o II Guerra de Schleswig enfrentó a daneses y prusianos (y austriacos como invitados secundarios) por el control de los territorios fronterizos de Schleswig y Holstein. Tal y como lo cuenta la serie, los daneses enfebrecidos por un nacionalismo ciego -magnífica interpretación del primer ministro Monrad- cometieron un error que cortaría en seco y para siempre sus modestas ambiciones expansionistas. A partir de ese momento, Dinamarca se convenció de que -como dice uno de los personajes- debería acostumbrarse a vivir “como un pequeño país mirando hacia su interior”. Todo lo contrario en el caso de los prusianos. A la victoria de Schlewswig, le seguiría la victoria contra Austria y luego contra Francia en Sedán (1870). Las guerras que llevarían a la unificación alemana, a la creación del II Imperio en Versalles y a todo lo que vendría después. En la serie, las escenas con personajes históricos son breves y, francamente, muy buenas. La reina Victoria y Lord Palmerston, Bismarck, Gullermo I y el genio militar prusiano Helmut von Moltke, del que hemos hablado en otra entrada de este blog: La batalla que alumbró el siglo XX.

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Inge, Laust y Peter; el triángulo de amor de 1864

1864 es mucho más que una larga película bélica. La serie se mueve entre la novela clásica y el melodrama. Que nadie busque originalidad. Hay momentos que rompen la verosimilitud de una historia pretendidamente realista; otros paladares pueden encontrar cursis algunas escenas y aún otros verán contrapuntos innecesarios en el guión y hay quien, cómo no, la encontrará lenta. Nada de esto me ha molestado en este drama que sobresale por el nivel extraordinario de producción y realización. Ha sido la serie más cara de la televisión danesa (se habla de 23 millones de euros), pero supongo que viniendo de la pequeña Dinamarca eso tampoco dice mucho. Los encuadres, la puesta en escena, la iluminación, los movimientos de cámara permitirían, como dicen en el comentario de Jot Down, disfrutar de la serie “incluso sin diálogos, solamente por su apariencia visual”. También tiene altura el nivel de los actores (tres de ellos, por cierto, coinciden con los de Borgen, de la que también hemos hablado aquí; Borgen: lectura de Maquiavelo en Copenhage,) pero si algo sobresale por encima de todo lo demás son las escenas de guerra. The fog of war. La niebla de la guerra. La tensión que precede al ataque. Las cargas en formación cerrada contra la artillería. El choque de bayonetas. El combate cuerpo a cuerpo. La parálisis y el miedo. Los gritos y estertores de los heridos abandonados en el campo tras la batalla… Intento recordar si he visto algo mejor desde Barry Lyndon, Campanas a medianoche o Salvar al soldado Ryan. Seguro que se me olvida alguna.

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La carga de la 8ª Brigada danesa; otro episodio que cuenta 1864

Y eso que la II Guerra de Schleswig no fue especialmente cruenta. 60.000 soldados prusianos y asutriacos se enfrentaron a 38.000 daneses entre febrero y octubre de 1864. Murieron 1.570 daneses, 700 resultaron heridos y 3.500 cayeron prisioneros. Los prusianos perdieron a 1.700 soldados. No parece mucho si lo comparamos con una sola batalla del año anterior (1863) de la Guerra de Secesión americana: Gettysburg. En aquel combate en los campos de Pensilvania cayeron en tres días 7.853 soldados de ambos bandos. Si sumamos bajas, heridos y prisioneros, las cifras suben hasta los 30.750 confederados y los 22.140 yankees. En 1864 mueren  tantos -o al menos esa impresión nos deja- que he estado tentado de contarlos para ver si supera el número oficial de bajas.

Así que después de otras series como Bron/Broen o Borgen aquí llega tienen otra serie de lujo danesa. Sorprende el nivel que alcanza la ficción televisiva en este país con menos habitantes que la comunidad de Madrid. Pero, en fin -como dijo Welles-, más pequeña era la Florencia de los Medici y de ahí salieron Brunelleschi, Botticelli, Miguel Angel, Rafael…

Ahí os dejo un trailer. Quién no la haya visto, que la disfrute.

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Pablo Iglesias sigue demostrando que es un reclamo televisivo de primer orden. Ya comentamos aquí (La irresistible atracción de Pablo Iglesias) sus anteriores éxitos en la pantalla. Anoche lo volvió a repetir en la entrevista en Informativos Telecinco con Pedro Piqueras. Superó de largo las audiencias de Rajoy y Sánchez. Pero lo interesante no son sólo los datos globales. También el análisis en detalle de la evolución de la audiencia, lo que en la tele llamamos “el minuto a minuto”. Los tres cara a cara se han realizado en lunes de enero y febrero. Los tres tienen una duración aproximada de 25 minutos. A continuación comparo cuatro datos: audiencia en la entrada del informativo, audiencia en el comienzo de la entrevista, ubicación del “minuto de oro” y evolución de la audiencia hasta el final de la entrevista.

Los gráficos muestran la audiencia de las principales cadenas. En rosa, la de Telecinco. Debajo, los programas de la competencia (con sus cortes de publicidad si hay alguno). Incluyo los datos de audiencia global, la audiencia de Telecinco y el porcentaje (share) que supone en cada momento. En los números, redondeo las últimas tres cifras.

LA ENTREVISTA A MARIANO RAJOY: BUEN DATO, SUAVE DESCENSO

Captura CURVA RAJOY T5

De color rosa, la curva de audiencia de Mariano Rajoy en el informativo de Pedro Piqueras el lunes 26 de enero de 2015. Ligeramente descendente. Hay que tener en cuenta que la curva refleja un porcentaje. ¿Desciende porque hay una huida de espectadores, porque los nuevos espectadores se conectan a otras cadenas o por ambas razones? Veamos los datos.

El informativo comienza a las 21:05. Recibe un 21,6% de audiencia del Pasapalabra que -como ocurre todos los días- experimenta un descenso en sus minutos finales. Son 3.800.000 millones del total de 17.753.000 espectadores que ven la tele en ese momento.

La entrevista con el presidente del Gobierno comienza a las 21:15. En ese minuto hay 18.273.000 millones de personas viendo la televisión; 3.686.000 con el informativo de Pedro Piqueras. Un 20,2% de share.

Muy poco después, a las 21:17, tenemos el “minuto de oro”. 3.788.000 millones de espectadores, un 20,5%. A partir de ahí y hasta el final de la entrevista, hay un lento descenso de espectadores que se acentúa en los siete minutos finales hasta caer al 16,7%, cuatro puntos por debajo de su momento más alto. ¿De qué habla Rajoy en ese tramo? Pasa de Bárcenas al peligro del yihadismo.

A lo largo de los 25 minutos de entrevista, Rajoy pierde 300.000 espectadores mientras la audiencia global incorpora a 1.800.000 personas hasta superar los 20 millones. Por tanto, el descenso de la curva obedece tanto a fuga de espectadores como a la entrada de otros nuevos que optan por programas alternativos.

En cualquier caso, la entrevista a Rajoy en Telecinco obtuvo una audiencia récord para el presidente en una televisión comercial. Fue la más vista desde 2008, sólo superada por su intervención en Tengo una pregunta para usted en la 1 en 2007 (6,3 millones; 34,9%).

LA ENTREVISTA A PEDRO SÁNCHEZ: ENTRADA MÁS BAJA, EVOLUCIÓN SIMILAR

Captura curva Pedro Sánchez

El día de la entrevista a Pedro Sánchez, lunes 9 de febrero, el informativo hereda del Pasapalabra un 20,74 de audiencia; 3.636.000 millones de un total de 17.531.000 de espectadores. Hay 222.000 personas menos viendo la tele y 206.000 menos viendo Telecinco. El informativo comienza en el 20,7%, un punto por debajo que el lunes de Rajoy. Una diferencia inicial pequeña que se agranda a medida que discurre el informativo.

Cuando llega el momento de Sánchez -también a las 21:15-, el share se sitúa en el 17,47%, casi tres puntos por debajo de Rajoy en ese mismo minuto del informativo. La diferencia ha pasado de  -1,0% a -2,8%. El número de gente que está viendo la tele es casi igual que el lunes de Rajoy (18, 2 millones), pero el número que está viendo Telecinco es sensiblemente menor, 500.000 espectadores menos (3,1 millones frente a 3,6 millones).

Como en el caso de Rajoy, el “minuto de oro” llega a las 21:17 (3.235.000 millones, un 17,58%). Sánchez arremete contra Rajoy por la desigualdad, los recortes, la frustración social… A partir de ese momento, la fuga de espectadores es similar a la de Rajoy (-300.000) al igual que el aumento global de televidentes (+1.800.000) que llega a los 20 millones al final de la entrevista a las 21:37 (cuatro minutos antes que la de Rajoy). Ahí Sánchez se despide con el 14,6%; tres puntos por debajo de su mejor momento. Rajoy perdió cuatro, Sánchez tres.

La evolución de la entrevista con Sánchez, por tanto, se puede equiparar con la de Rajoy. La diferencia la marca la entrada más baja del informativo y la entrada más baja en el momento de la entrevista. Rajoy hizo un 18,9% y Sánchez un 16,2%.

Una diferencia de 2,7%; no significativa estadísticamente si tenemos en cuenta que el margen de error de la medición de audiencias televisivas se mueve entre el 1% y el 5%.

Veamos ahora la de Pablo Iglesias.

LA ASCENDENTE ENTREVISTA A PABLO IGLESIAS

Captura Pablo Iglesias

El informativo hereda del Pasapalabra 3.744.000 millones de espectadores de un total de 17.618.000. Un 21,3% de share. Son 100.000 más que el día de Sánchez y 100.000 menos que el día de Rajoy.

Inicio de la entrevista. También en un lunes y a la misma hora: 21:15. Número de espectadores en ese momento: 4.075.000 millones de un total de 18.487.000. Un 22% de la audiencia. Casi un millón más que Pedro Sánchez y 400.000 más que Rajoy. Ahí tenemos la primera diferencia. Un comienzo alto. La segunda, aún más relevante, es la evolución de la entrevista.

Mientras Mariano Rajoy y Pedro Sánchez experimentan un suave descenso lo largo de los 25 minutos de entrevista, Pablo Iglesias sube. Y cómo sube. De los 4.000.000 espectadores asciende hasta los 4.800.000 cerca del final. De hecho, a diferencia de Rajoy y Sánchez, su “minuto de oro” se da prácticamente al final cuando alcanza un share del 23,7%. En ese momento, le están viendo dos millones más que a Sánchez y millón y medio más que a Rajoy. Habla de los “salarios de miseria” incapaces de levantar la economía y de la “desprivatización” de ciertos servicios públicos. También es cierto que el consumo global de televisión el lunes 23 de febrero a esa hora está por encima de los otros dos lunes a esa misma hora en unos 270.000 espectadores. ¿Son espectadores que encienden la tele para ver a Pablo Iglesias?

La diferencia de Iglesias sobre Rajoy y Sánchez supera el margen de error de la medición y, sobre todo, cambia la curva habitual de audiencia del informativo de Pedro Piqueras. El espacio obtiene una cifra récord en bastantes años. La entrevista más vista en Informativos Telecinco desde 2004, cuando Juan Pedro Valentín entrevistó a José María Aznar después del 11-M y de la derrota electoral del PP en las elecciones de marzo (5.719.000 espectadores, 31,5% de share).

Son audiencias. Un indicio poderoso, pero no concluyente como indicador electoral. Dicen que Artur Mas confundió una manifestación con Cataluña, quizá tampoco se deba confundir una audiencia televisiva con una mayoría social. Pero ahí están los datos. Puede que estadísticamente no sean muy significativos, pero corroboran una tendencia muy apreciada en cualquier cadena. El tirón televisivo del líder de Podemos. Tal vez así se entienda mejor el interés de las televisiones por Pablo Iglesias.

 

 

 

Pedro-Sanchez-fulmina-a-Tomas-Gomez-por-cuestionar-su-liderazgo

Antes de llegar al PSOE, permitidme un rodeo sobre política, televisión y EEUU…

Si hubiera que buscar el origen de la televisión como instrumento político, el lugar está muy claro: Estados Unidos. Respecto a la fecha, ¿qué tal el 23 de septiembre de 1952?

Aquel año, el senador por California Richard M. Nixon luchaba por conservar su puesto como candidato a la vicepresidencia en el ticket de Einsenhower. Su campaña se vio empañada por acusaciones de uso impropio de los fondos recaudados por sus simpatizantes para sufragar su carrera política. Para despejar dudas, Nixon optó por una maniobra audaz: voló a Los Ángeles y compró media hora de televisión para defenderse directamente ante el creciente público televisivo norteamericano. El Comité Nacional Republicano pagó una pasta: 75.000 dólares de la época (578.000 euros actuales). Fue el 23 de septiembre de 1952. La maniobra pasó a la historia como el discurso de Checkers.

 

La escenografía no tiene desperdicio. En el estudio construyeron la réplica de un dormitorio de clase media americana, el GI bedroom den. Durante el discurso, la cámara panea hacia la derecha y vemos a una orgullosa Pat Nixon sentada en el sofá escuchando las explicaciones de su marido. A lo largo de 30 minutos, Nixon dio cuenta del dinero y regalos que había recibido, entre ellos un perrito de raza cocker spaniel que sus hijas había bautizado como “Checkers” y que no pensaba devolver “dijeran lo que dijeran”.

60 millones de norteamericanos vieron el discurso de Checkers, la mayor audiencia televisiva hasta la fecha. Nixon consiguió su objetivo. Afianzarse en la candidatura republicana que ganaría las elecciones ese mismo año de la mano de Eisenhower. Fue el triunfo de un discurso emocional en un medio emocional. La peripecia posterior de Richard Nixon ha generado innumerables libros y películas (junto con Kennedy, estamos ante el mejor material “literario” de la política presidencial). En cuanto a Checkers, murió en 1964 y está enterrado en un cementerio de mascotas de Long Island.

A Checkers le siguieron otros hitos de la política en televisión. La retransmisión de las sesiones del comité anticomunista de Joseph McCarthy y, en particular, su famoso enfrentamiento con el periodista Ed Murrow. La historia inspiró la película “Good Night and Good Luck”, de George Clooney. Adjunto en el siguiente vídeo, el auténtico editorial de Murrow contra McCarthy en See it now, el 9 de marzo de 1954. Si a Nixon le salvó la tele en Checkers, a McCarthy le mató, políticamente, su sobreexposicón televisiva (y, literalmente, su abuso del alcohol). Murió tres años después de cirrosis. Tenía 48 años.

 

Son dos precedentes del que muchos consideran el primer gran momento decisivo de la televisión en la política. Los debates Kennedy-Nixon en la elección presidencial de 1960. El tema ha dado pie a miles de  artículos, ensayos, reportajes… Todos o casi todos con la misma conclusión: la televisión impulsó al relativamente desconocido senador Kennedy hacia una victoria muy ajustada frente al mucho más experimentado y conocido vicepresidente Richard Nixon. La telegenia venció a la seguridad, la novedad a la experiencia. El primer debate lo vieron 73 millones de espectadores, más del 60% de los hogares con televisor en aquel momento. Un 50% de los votantes admitió a posteriori que los debates habían influido en su decisión.

 

En nuestro país, el fenómeno Pablo Iglesias/Podemos acaba de redescubrirnos el impacto de la televisión en la política. No es que hubiera desaparecido. Basta con comprobar cómo el control político de las televisiones públicas ha sido y sigue siendo una constante lamentable desde el comienzo de la Transición. Y eso que no ha impedido la derrota electoral del “controlador”, fuera el PP o el PSOE. Tal vez lo importante no sea salir mucho, como le pasó a McCarthy, sino cómo se sale y qué se dice. La credibilidad, en definitva.

En todo caso, hoy aquí no quiero volver a la influencia de la televisión en la opinión pública, sino a la traslación a la política de las prácticas y los tiempos televisivos. Tanto las cadenas como los partidos políticos se someten al veredicto de los electores. En las televisiones, las elecciones se celebran a diario y los resultados se reciben a la mañana siguiente a la emisión. En política, los electores deciden cada cuatro años, pero en ese tiempo proliefran las encuestas y las tomas de temperatura del electorado.

En la tele se toman decisiones según los resultados. Cambios de presentador, de contenidos, de horario, de cortes de publicidad… La paciencia escasea. El nerviosismo lleva a ajustes de programas y parrillas con criterios que harían de la astrología una ciencia respetable.

Ahora en política, la sorpresiva irrupción de ese “nuevo programa” que es Podemos ha desatado un frenesí. Los políticos empiezan a leer los sondeos como los ejecutivos de televisión leen las audiencias. Y, como en la tele, cuando los datos son malos cunde el nerviosismo y se toman decisiones drásticas. A veces, funcionan.

Nada mejor que el PSOE de estos últimos meses para comprobar la “contaminación televisiva” de la política. Con la película Network como metáfora de fondo, por ahí va mi vídeo dominical en Noticias Cuatro.

PEDRO SÁNCHEZ TOMAS GÓMEZ

Perdón por el excurso “americano”, pero la historia política de EEUU me gusta más que comer con los dedos y, what the hell, para eso sirve un blog, ¿no?

Borgenok

Boss, House of Cards, Borgen… Desde hace un tiempo prolifera la oferta de series políticas de alto nivel. ¿Pero tienen algo en común un corrupto e implacable alcalde de Chicago, un intrigante y manipulador político de Washington y una limpia y bienintencionada primera ministra de Dinamarca?

Por lo pronto coinciden en los papeles clave: el político y su pareja, el asesor y el/la periodista. Cuatro personajes que articulan tramas en las que tampoco faltan los ingredientes habituales del género desde Shakespeare: poder, traición, mentira, sexo, muerte, información, manipulación…

En Boss asistimos a las maniobras del alcalde de Chicago Tom Kane para aferrarse a un poder que corre el riesgo de disolverse como el polvo que lleva el viento de la ciudad si alguna vez llega a hacerse público que padece una enfermedad degenerativa. La elección de Chicago no es gratuita. Hace ya muchos años que la ciudad a orillas del lago Míchigan se convirtió en sinónimo de corrupción política en EEUU (1).

Boss opening credits from Skorpio31 on Vimeo.

Boss fue la gran apuesta de la cadena Starz para elevarse al nivel de las series de culto de HBO y AMC. La simple lectura del guión bastó a los directivos para encargar ocho episodios de una tacada. Gus Van Sant imprimió una realización manierista al proyecto y el actor protagonista, Kelsey Grammer, se llevó el Grammy de 2012 frente -atención- al gran Bryan Cranston de Breaking Bad y el Steve Buscemi de Boardwalk Empire.

Sin embargo, el entusiasmo inicial se desinfló a la vista de las audiencias. Starz canceló la serie en la segunda temporada. ¿Qué fallaba? Quizá, dicen, el público no terminaba de ver al Kelsey Grammer de Frasier en el papel de malvado -y eso que lo borda-, quizá la serie pecaba de pretenciosa, quizá la programación no fue la más adecuada, quizá la historia era excesivamente fría… Entre los posibles defectos añado otro: no se salva ni uno solo de los personajes, el paisaje moral es desolador, la corrupción más absoluta aleja cualquier atisbo de “simpatía” por la historia.

Si Boss corta de raíz toda “identificación” con los personajes, House of Cards nos presenta un Frank Underwood (Kevin Spacey) que ejerce sobre nosotros la fascinación del mal. La serie -inspirada en la británica del mismo título- se sostiene sobre la tela de araña que van construyendo la palabra de Spacey, el rostro de Robin Wright. No son Macbeth y Lady Macbeth, pero por momentos un aire shakespeareano envuelve la escena. Sobre todo en esas tiradas de Spacey, mirando a la cámara, interpelando al espectador, como un nuevo Ricardo III en el Potomac que confía al público sus traiciones –Plots have I laid, inductions dangerous,/By drunken prophecies, libels and dreams

House of Cards Main Title Sequence from Drew Geraci (District 7 Media) on Vimeo.

Y en esto nos llega -con retraso- Borgen (2). Lejos del corrupto Chicago de Tom Kane y de las conspiraciones de Capitolio de Frank Underwood. Drama político en Dinamarca. Ya no es el país podrido de Hamlet -“something is rotten in the state of Denmark”-, sino en la Dinamarca del siglo XXI.

Con una población de cinco millones y medio (para hacernos una idea, como la Comunidad Valenciana sin el sol del Mediterráneo) y una extensión como la de Extremadura (sin contar Groenlandia ni las Feroe, claro), Dinamarca encabeza todas las lístas de las democracias más virtuosas.

Los daneses disfrutan de una de las más altas rentas per capita del mundo y pueden alardear de un bajo índice de desigualdad social. En Transparency International,  Dinamarca aparece como el país menos corrupto del mundo (al menos, ésa es la percepción). Ejemplo de estado de bienestar y de una economía avanzada que se adapta a las evoluciones del mercado con la “flexiseguridad” -ellos inventaron el concepto- que combina lo mejor de la innovación capitalista con lo mejor de la protección socialista. Por si faltaba algo, Dinamarca es además el país más feliz del mundo . Y eso a pesar de un clima gris y desapacible. En definitva, la admirada utopía nórdica.

Borgen / Government – title sequence from Benny Box on Vimeo.

Frente a Boss y House of Cards, Borgen -al menos la primera temporada que acabo de terminar- se presenta como una serie modesta. Ahorra cualquier tipo de realización efectista. La primera ministra continua viviendo en su casa como cualquier otra ciudadana danesa. Por cierto, la serie incluye una subtrama familiar absolutamente nórdica. ¿Se puede conciliar la vida familiar con la actividad política? Ver a la primera ministra cocinar, lavar los platos o irse de compras navideñas con la familia mientras negocia vía móvil el apoyo de los presupuestos nos situa muy, muy lejos de las atmósferas siniestras de Boss y House of Cards.

Pero Borgen termina donde empiezan las otras dos series. Responde a una pregunta simple y antigua: ¿puede uno pasar por la política y mantenerse incólume?

Las similitudes entre Boss, House of Cards y Borgen van más allá de los cuatro personajes mencionados arriba. La coincidencia se llama Maquiavelo. 500 años después no ha perdido validez como el gran intérprete de la política que sobrevuela Copenhage, el Capitolio y el lago Míchigan. De las diez citas que abren cada uno de los capítulos de la primera temporada de Borgen, cuatro son de El Príncipe. Y otras tres de “buenos lectores” de Maquiavelo: Mao, Churchill y Lenin: “La confianza es buena, el control es mejor”.

Uno pensaba que la pequeña y modélica Dinamarca habría alcanzado un estadio “postmaquiavélico” de la política, pero parece que no. Sí, asistimos al mercadeo de los gobiernos de coalición tan habituales en esas latitudes (y que quizá pronto importemos por aquí), pero lo más revelador es comprobar cómo las máximas del florentino rigen también en los corredores del poder en Copenhage. Va a ser que la Suiza del reloj de cuco y el “brotherly love” no fue más que un hallazgo brillante de Orson Welles para rematar la escena de la noria en el Prater vienés. No existe. La política es así. En la Florencia de los Medicis y en la Dinamarca de Birgitte Nyborg -interpretada por Sidse Babett Knudsen.

Borgen muestra el proceso por el que la política devora a la “chica buena” del Partido Moderado. Maquiavelo, decíamos, abre y cierra la serie: “Un príncipe siempre tiene una razón legítima para incumplir sus promesas”. Fin de la cita y os evito spoilers.

fuego y cenizas

En Fuego y cenizas, Michael Ignatieff reconoce que él, profesor de Política “había dado clases sobre Maquiavelo, pero no lo había entendido”:

“…la profundidad de Maquiavelo no desaparece una vez que se dejan de lado sus metáforas. La política se desarrolla bajo la mirada de una diosa caprichosa. La política real no es una ciencia, sino más bien el intento incesante de unos avispados individuos por adaptarse a los acontecimientos que Fortuna va situando en su camino. Sus aptitudes básicas pueden aprenderse, pero no pueden enseñarse. Mientras que el medio natural de un pintor es la pintura, el de un político es el tiempo, porque debe adaptarse continuamente a sus cambios repentinos, inesperados y brutales. Un intelectual puede estar interesado en las ideas y las políticas mismas, pero el interés de un político  reside exclusivamente en saber si el tiempo para una determinada idea ha llegado o no… Lo que calificamos como suerte en política es en realidad un don para aprovechar el momento exacto, para saber cuándo actuar y cuándo esperar una oportunidad mejor. Sólo los tontos creen que pueden controlar el tiempo. Ser modesto acerca de lo que puedes controlar en una carrera política no es más que simple prudencia… Un politico inteligente entiende que lo único que puede hacer es explotar los acontecimientos en su propio beneficio. Aunque siempre se califica a los políticos de oportunistas, el arte de la política consiste esencialmente en ser  un maestro del oportunismo… (Yo) pensé que podría dominar el tiempo, pero descubrí que él me iba a dominar a mí “

(Michael Ignatieff, Fuego y cenizas. Éxito y fracaso en política, Madrid, Taurus, 2014, pags 50-51)

ignatieff rp

El intelectual metido a político Michael Ignatieff

Ignatieff -historiador, discípulo de Isaiah Berlin, profesor en Cambridge, Oxford, Harvard, Toronto- relata en este libro breve y recomendable sus años como líder político (fracasado) del partido Liberal en Canada entre 2004 y 2011. Un viaje de la pasión a la frustración, del entusiasmo al fracaso. Sí, salió escaldado pero a la vez con una comprensión de los mecanismos de la política que sólo puede dar la experiencia. Son lecciones que probablemente ya conocería por sus lecturas, pero que uno realmente no interioriza hasta que las sufre en carne propia. Destaco algunas:

La tortuosa relación de los políticos con el lenguaje:

“Si has ejercido toda la vida como escritor, periodista y profesor, nada te prepara para el uso del lenguaje una vez entras en la arena política, porque no se parece a ningún juego de palabras al que hayas jugado con anterioridad. Puedes pensar que eres un buen comunicador, pero la primera vez que subes a un estrado para pronunciar un discurso te da la impresión de estar en la película de Woody Allen Bananas, en aquella secuencia en la que el líder de la guerrilla decreta que, a partir de ese momento, el idioma oficial de su país latinoamericano va a ser el sueco. Cuando entras en política dejas atrás el mundo amable en el que la gente te concede un cierto margen de error… para entrar en el mundo de la literalidad hasta extremos impensables… Si llega el momento en que tienes que dar explicaciones en una conferencia de prensa, ya has perdido la mitad de la batalla… Al entrar en política debes renunciar a la espontaneidad y a uno de los placeres de la vida: decir lo primero que se te viene a la cabeza. Si quieres sobrevivir, debes colocar un filtro entre tu cerebro y tu boca. Cuando las palabras son armas que se pueden volver contra ti, expresarte libremente es un lujo que no puedes permitirte… (En) las conferencias de prensa o las entrevistas es mejor evitar la tentación de la franqueza… Toda verdad es buena, dice el proverbio africano, pero no siempre es bueno que se diga toda la verdad. Intenta no mentir nunca, pero tampoco debes contestar a la pregunta que se te ha hecho, sino solo a la que quieres contestar”. Pags 99-103

No te creas el más listo de la clase. Nunca minusvalores a tu rival.

“Me he batido en duelo con el primer ministro (Stephen Harper) con la suficiente frecuencia, y tengo que admitir que era difícil, aunque no imposible, hacer que se pusiera nervioso, sacarlo de sus casillas y obligarlo a cometer un error. Por algo es el primer ministro: posee tenacidad, disciplina y crueldad en grandes dosis. Da la impresión de tener convicciones fijas y estables, cuando en realidad está dispuesto a echar por la borda cualquier política cuando le conviene… tengo que admirar su astucia”. p127

El recurrente fracaso de los intelectuales en la política:

Desde Platón en Siracusa a Cicerón, Maquiavelo, Burke, Tocqueville, Stuart Mill, Max Weber… “Irremediablemente, pensé que gran parte de la teoría política cuya lectura se requiere a estudiantes de todo el mundo había sido escrita no por aquellos que habían triunfado en política, sino por aquellos que habían fracasado en ella… Que la astucia teórica vaya de la mano del fracaso político con tanta frecuencia arroja luz sobre aquello que hay de específico en el talento político. La candidez, el rigor, la disposición para seguir una idea allí donde quiera llevarnos, la búsqueda penetrante de la originalidad: todas estas son virtudes en la indagación teórica pero pesados fardos en la política, donde la discreción y el disimulo son esenciales para el éxito. Esto apuntaría a que estos teóricos fracasaron porque no podían mantener la boca cerrada cuando la adulación o la democracia partidista se lo exigían… podían carecer de las supremas virtudes que diferencian a los políticos exitosos de los fracasados: adaptabilidad, astucia, reconocimiento inmediato de la Fortuna, una penetrante intuición que permite saber que la situación ha cambiado y que lo que un día fue verdad ya no lo es, además de la noble capacidad de liderar, seducir e inspirar”. Pag. 208

ignatieffe liberal

Y, sin embargo, Ignatieff reivindica a los políticos. Son algo más que ese club de intrigantes profesionales que retratan las series de televisión.

“Pudiera ser que sacaras una conclusión equivocada de lo que acabo de decir. Podrías pensar que la política no es más que un juego sucio que no tiene nada que ver contigo. Espero que (cuando) acabes de leer el libro hayas llegado a una conclusión muy distinta: que constituye un noble combate que necesita de autocontrol, un buen juicio y una fortaleza interior mayores de lo que nunca podrías haber imaginado poseer”. Pag. 215

“En todas partes la gente quería más dinero de los presupuestos federales, pero también que el Gobierno federal no metiera las narices en la política provincial. La defensa de los local era tan cerrada en la isla de Newfoundland o en el interior de la Columbia británica como en el Quebec rural. A medida que estos hechos iban calando en mí, comencé a contemplar nuestro país como algo político, no natural. En el momento en que empiezas a ver tu país como un ejemplo de voluntad cotidiana y sostenida en  el tiempo, entiendes por qué son importantes los políticos, individuos que reúnen en una misma habitación a personas que quieren cosas diferentes para encontrar aquello que comparten y desean hacer juntas… Hasta que no estás metido en política no entiendes del todo las divisiones de un país y el anhelo de unidad que transciende esas divisiones. Los políticos deben descubrir formas de articular lo que nos es común y después impregnar con esa vida común el tejido de las instituciones. Cuando empecé en la política, no sabía que esa era mi tarea, pero lo aprendí pronto”. Pag 85.

Son algunas de las lecciones que Birgitte Nyborg aprende en Borgen (y también que la vida en pareja es más llevadera con servicio doméstico, ¿tanto cuesta en Dinamarca?).

Las segundas partes de Boss y House of Cards me decepcionaron. Espero que no me ocurra lo mismo con la serie danesa. Pero, en fin, en política y en televisión, qué difícil es mantener el nivel…

Notas:

(1)- A los fieles de Boss, les recomiendo la lectura de Boss, el libro del mismo título que el periodista Mike Royko escribió sobre el mítico alcalde de Chicago Richard J. Daley. Daley el senior, no su hijo Richard M. Daley, también alcalde de Chicago (y durante más tiempo). Entre uno y otro, los Daley han ocupado durante 43 años la alcaldía de Chicago. Ahí es nada. Los demócratas llevan gobernando la ciudad desde la Gran Depresión. De hecho, TODOS los concejales son demócratas. El libro de Royko está muy bien escrito. Y creo que resiste el paso del tiempo. Tiene mérito que lo publicara en 1971, cuando la todopoderosa presencia del alcalde Daley aún dominaba Chicago.

(2)-Borgen se estrenó en Dinamarca el 26 de septiembre de 2010. Un año después Helle Thorning-Schmidt se convertía en la primera mujer en ocupar la jefatura del gobierno danés. Como Birgitte Nyborg, también preside una coalición de centro-izquierda. Muchos la recordarán por aquel famoso selfie con Obama en Suráfrica que provocó un ataque de celos a la primera dama estadounidense.

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