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Hay que estar de acuerdo con Íñigo Errejón cuando reivindicaba ayer en el Escorial “la enorme honestidad intelectual de nuestra fuerza política” porque lo que hicieron  Iglesias, el propio Errejón, Irene Montero et al fue autoanalizarse en el diván que les ofrecía un curso veraniego de la Complutense.

Los profesores -metidos a emprendedores políticos de éxito estos dos últimos años- volvieron a vestirse de profesores ejercientes en un laboratorio de ideas que permitía citar sin complejos a Gramsci, su bloque histórico y guerra de posiciones o lanzar palabras como “parlamentarización” o “reflexividad”. La política no suele ser benevolente con los intelectuales, ni en España ni fuera de España; por eso resultaba inesperado que un grupo de politólogos cargados de jerga neomarxista haya tocado la fibra emocional de más de cinco millones de votantes

Y tal vez por eso -por su extraordinario éxito- hablar de sí mismos les encanta. Podemos es una fuerza narcisista como tantos fenómenos contemporáneos; del confesionario de reality televisivo a la explosión del selfie, de Cristiano Ronaldo a Donald Trump, de Snapchat a Instagram…

La terapia de grupo a la que se sometieron dejó más preguntas que respuestas. Todos partían de una hipótesis: el 26-J cierra ciclo y se impone “una ralentización del tiempo político”. Adiós a la aceleración histórica. El resultado electoral clausura la ventana de oportunidad. “La crisis de régimen que ha permitido la anomalía de Podemos se habría cerrado, el desempate del 26-J se habría resuelto más en favor de la Transición que del 15-M”, cree Errejón.

Y ¿ahora qué?

“Ahora toca pasar de partisanos a ejército regular”, apunta Iglesias, “y  nada nos garantiza que vaya a salir bien”. Llama la atención la querencia de los líderes de Podemos por unas metáforas bélicas que hasta ahora provocaban sarpullidos a la izquierda: “blitz”, “guerra relámpago”, “asalto de caballería al poder político”.

“De la guerra de movimientos pasamos a la guerra de posiciones”, continúa Iglesias citando a Gramsci -el italiano toma la metáfora de la I Guerra Mundial cuando los ejércitos pasaron de las grandes maniobras envolventes a quedar fijados durante años en las trincheras.

¿Cómo se resiste y gana en la guerra de posiciones?

Éste es el desafío que “acojona” a Iglesias. “La máquina de combate impresionante en la guerra de movimientos” que ha sido Podemos, puede que no funcione en la grisura y el aburrimiento de las trincheras: “El trabajo parlamentario puede ser maravilloso o el camino hacia el cretinismo político”. ¿Cómo se comportará el ejército regular? “De momento, hay buen rollo, pero no es fácil liderar un espacio compeljísimo con muchas personalidades y muchas culturas políticas”.

El único punto en el que ayer no tuvo dudas Iglesias fue en subrayar su programa socialdemócrata. Lo cual abre (o más bien continúa) otro frente en el flanco derecho de esta guerra de posiciones: la disputa por el lugar en la oposición entre Podemos y el PSOE, “un partido muy fuerte en el sur de España”, a juicio de Iglesias, que no puede evitar su característico desdén: “El Partido Socialista va a ser muy importante, pero no es el partido de los jóvenes, ni es el partido del futuro ni es el partido de la articulación territorial; nada que ver con el rol que jugó los últimos 40 años”.

El problema de Podemos es generar un “bloque histórico” -volvemos al manual de Gramsci-. Traducido por Errejón: ¿cómo puede crearse una nueva hegemonía político-cultural-electoral  que “compren” los sectores más dinámicos de la sociedad al tiempo que vence las reticencias y los miedos de los sectores que quieren ir más despacio hacia el cambio? Para entendernos, algo parecido a lo que consiguió el PSOE en 1982, cuando se ganó hasta el disputado y rural voto del señor Cayo. Complicado cuando no tienes a favor, dice Iglesias, a los principales productores de cultura política que son los medios de comunicación y cuando apenas gestionas instituciones.

Sí, las instituciones. Atención a una frase aún por digerir en Podemos: “Esa idiotez que gritábamos cuando éramos de extrema izquierda, `la lucha está en la calle y no en el Parlamento´ es mentira. Las cosas se cambian desde las instituciones”.

“No queda excluida la posibilidad de que Podemos gobierne en España”, concluye Errejón. “Pero el Podemos que gobierne será otra cosa más predecible, menos sexy, generará menos ilusión entre los sectores más movilizados, pero al mismo tiempo menos incertidumbre entre los sectores más retardatarios al cambio político”

Jerga de politólogo aparte, ¿no suena todo esto al viaje que el PSOE de Felipe González hizo en torno al año 1979?

La generación de Podemos aún busca su propio 1982.

 

 

 

 

 

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Esta semana en mi vídeo dominical en Noticias Cuatro  he hablado sobre dos banderas que han sido noticia.  La enorme bandera española en la proclamación de Pedro Sánchez como candidato a La Moncloa y la bandera de batalla de la Confederación, motivo de polémica tras los crímenes de un joven racista en Carolina del Sur.

Las dos banderas no tienen nada que ver entre sí, pero en ambos casos su significado se cruza con una historia de guerra civil.

La bandera de la Confederación fue emblema del ejercito sudista en la Guerra de Secesión norteamericana. Los estados agrarios y esclavistas del sur invocaron su derecho a separarse -a decidir , diríamos hoy- del norte industrial y capitalista que imponía la abolición de la esclavitud. Dos modelos económicos incompatibles que disputaban entre sí desde hace años en la conquista del Oeste. Ganó el Norte, pero la reconstrucción del Sur, salvo la esclavitud, toleró al cabo de pocos años la herencia y los modos del Sur. En otras palabras, Jim Crow y al segregación racial.

Un siglo después la bandera de las estrellas cruzadas volvió a ondear como protesta contra la nueva injerencia del gobierno federal con sus leyes de derechos civiles. desde entonces tiene un pretendido significado ambivalente. Oficialmente se reivindica como seña de identidad sentimental del viejo sur. Extraoficialmente es un símbolo del racismo latente y persistente. El caso es que 150 años después de la guerra civil americana vuelve una campaña para arriar definitivamente la bandera de la Confederación.

En España, la rojigualda monárquica fue recuperada por el bando franquista en la Guerra Civil frente a la franja morada que se insertó en el emblema durante la II República. Terminada la guerra, la izquierda mantuvo la tricolor pero aceptó la rojigualda en los pactos de la Transición. Muchos recordarán la presentación en sociedad de Carrillo, flanqueado por la bandera rojigualda y otros -lo he recuperado en el vídeo- las palabras de Felipe González en el mitin de la Ciudad Universitaria en vísperas de su arrolladora victoria electoral de 1982.

La bandera de todos, dice González. Sí, pero con diferentes grados de entusiasmo -celebraciones deportivas al margen. A lo largo de estos años ha sido la derecha la que se ha seguido sintiendo cómoda con la exhibición a todo trapo de la bandera. Y son muchas las sedes de la izquierda, incluidas las socialistas, que mantienen la tricolor republicana en el mobiliario de sus locales.

No encuentro datos, pero temo no equivocarme si digo que la exhibición de la bandera española en relojes, pulseras y coches sigue siendo un atributo de los votantes de la derecha.

De ahí la sorpresa por el tamaño de la bandera de Pedro Sánchez. 40 años después de la transición, 80 años después de la Guerra Civil, la ostentosa exhibición de la rojigualda por un socialista sigue siendo noticia. Obama aparece a menudo con una escenografía similar y no es ningún problema. Lo mismo podríamos decir de un socialista francés. Pero esto es España. Venimos de una historia problemática y seguimos sin superar tensiones territoriales. Dos factores que siguen creándonos problemas con los símbolos comunes. Tarareamos un himno sin letra y colocamos al toro de Osborne como escudo… En España, en EEUU y en cualquier parte, las herencias de las guerras civiles tardan muchos años en olvidarse.

 

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Esa mano en la nuca… La “retención” de Rodrigo Rato

En mayo de 1994, el Gobierno de Felipe González vivió quizá los peores quince días de su última legislatura. Todo empezó con la fuga del exdirector de la Guardia Civil, Luis Roldán, cuando se le estaba investigando por corrupción. En días sucesivos dimitió el ministro del Interior por la fuga de Roldán; el ministro de Agricultura, Vicente Albero, por fraude fiscal; los diputados Corcuera y Solchaga; y la policía detuvo ni más ni menos que al exgobernador del Banco de España, Mariano Rubio, y al exsíndico de la Bolsa, Manuel de la Concha, por el caso Ibercorp.

La detención de Rubio -ordenada por el entonces fiscal jefe de Madrid, Mariano Fernández Bermejo, y luego ministro de Justicia de Zapatero- fue entendida como el coletazo ejemplar de un gobierno que daba boqueadas en un charco de corrupción. Se llevó a cabo cinco días después de la fuga de Roldán. Era la gota que colmaba el vaso: el otrora respetado, temido y elogiado gobernador del Banco de España, el hombre que firmaba los billetes, el poderoso representante de la beautiful people socialista ¿era un defraudador fiscal? A la cárcel con él… Entonces se enviaba al personal relevante a prisión preventiva invocando con magnanimidad el amiguo concepto de “alarma social”. Apenas veo que se utilice ahora.

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Mariano Rubio, aguantando ante la comisión del Congreso

Rubio pasó 12 días en prisión. En la cuenta opaca le encontraron unos 780.000 euros. Su caso fue adelgazando en la instrucción hasta quedarse en un delito de falsedad que no se sustanció en ningún juicio porque Mariano Rubio murió de cáncer antes de la vista oral. De todo el asunto, lo más recordado es aquella sonada comparecencia parlamentaria en la que destacaron el socialista Hernández Moltó -“Señor Rubio, míreme a los ojos”- y la diputada Rudi cual princesa de Éboli por su parche en un ojo. Hernández Moltó -dicho sea de paso para quien no lo recuerde- está ahora imputado por la gestión de Caja Castilla-La Mancha.

Con Rodrigo Rato podemos estar ante otro nuevo caso Rubio por el espectáculo de su detención momentánea a la hora de los informativos o, quizá, ante otro de los casos que más daño hizo -si no el que más- al felipismo: el caso Roldán.

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Luis Roldán, conducido ante la Justicia

Lo de Luis Roldán fue el colmo: que el jefe de la Guardia Civil fuera un ladrón y además se fugara resultó devastador para la imagen del Gobierno socialista. Es en este sentido político y electoral y no en los delitos ni en los dineros donde veo el parecido razonable: que quien fuera en otro tiempo látigo de evasores fiscales haya resultado ser él mismo un evasor fiscal; que el elogiado, respetado y ensalzado Rodrigo Rato era todo mentira. Y no vale de nada decir que hace tiempo que Rato no es del PP o que hace años que no ocupa cargo público alguno. Rodrigo Rato es la historia viva del PP aznarista en su mejor momento. El autor del “milagro económico” del PP que a la vuelta de los años ha devenido en pesadilla y latrocinio por doquier.

De esto va mi vídeo dominical en Noticias Cuatro.

Por cierto, que al PSOE de FG no le sirvió de nada el escarmiento ejemplar en la persona de Rubio. Dos años después perdía las elecciones ante el PP de Aznar. Ahora la víctima sacrificada en el altar de la indignación se llama Rodrigo Rato, pero me temo que la diferencia esta vez es que la alternativa no es el otro gran partido de la oposición sino los nuevos “purificadores” que asedian la fortaleza del bipartidismo. A esto pónganle la música de Juego de Tronos. “Le hemos entregado el poder a Podemos”, cuenta hoy Raúl del Pozo que le dicen algunos dirigentes del PP. No sé si a Pablo Iglesias o a Albert Rivera… Con coleta o sin coleta, los “bárbaros” están a las puertas gracias a la inestimable ayuda de los que están dentro. Bárcenas, Pujol, Urdangarín y la Infanta, el saqueo de los ERE y ahora ni más ni menos que Rato… Resulta que los antisistema estaban dentro del sistema.

Una precisión: el plano de escucha de Rodrigo Rato mientras Aznar dice que el PP ha acabado con la corrupción procede del archivo con la realización propia del PP; no es un inserto malintencionado. Resulta desolador pensar que, mientras Aznar decía estas cosas, Bárcenas andaba cobrando sobornos y repartiendo sobres; Correa hacía de las suyas en los territorios políticos del PP etc, etc, etc. ¿Era todo mentira o también cinismo?

 

 

 

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Ejercicio de demoscopia recreativa: ¿qué auguran los resultados de Andalucía?

Si proyectamos los votos a unas generales, el PP sufriría una importante pérdida de escaños e IU desaparecería.

Me he puesto a hacer números de manera apresurada (no descarto errores) y he comparado las generales de noviembre de 2011 con las autonómicas de marzo de 2012 para ver en qué medida se podrían hacer proyecciones entre unas y otras. A diferencia de las europeas,  la circunscripción provincial es la misma y la diferencia en la participación no es tan grande.

De los 60 diputados andaluces, el PP sacó 33, 25 el PSOE y 2 IU. Cuatro meses después los andaluces volvieron a votar en sus comicios autonómicos. Si hubiéramos proyectado aquellos resultados a unas generales, el PP habría perdido 3 diputados, el PSOE habría subido 2 e Izquierda Unida, 1. Ligero escoramiento a la izquierda, por tanto, en una consulta en la que la participación había bajado del 70% al 62%; unos 415.000 votos menos. Pero la variación en escaños habría sido pequeña: 3 diputados habrían pasado de la derecha a la izquierda.

Si repetimos la misma proyección con las andaluzas de ayer, la variación es mucho mayor: el PP perdería 13 escaños, el PSOE subiría 2, Podemos sacaría 9 y Ciudadanos, 4 en el bloque andaluz del Congreso. Supongamos que en las generales aumente la participación hasta la tasa habitual, unos 400.000 votos más, y que ese aumento no se reparta por igual y se escore a la derecha con una variación similar a la de 2011, que el PSOE aguante en los 25… Con todo, el PP podría perder 10 escaños en Andalucía. De los 33 a los 23. Una cifra con la que siempre ha perdido las elecciones en el conjunto de España. En 1996, cuando Aznar ganó por los pelos, sacó 24 diputados de Andalucía. O Rajoy moviliza/recupera/gana hasta el último de sus votos o se le va a complicar mucho la existencia política.

Quizá no se puedan extrapolar los resultados del bastión socialista en Andalucía al resto de España, pero sí los del PP y estos apuntan en una dirección preocupante para los de Génova 13. Hasta ahora parecía que la emergencia de Podemos y la erosión del bipartidismo amenazaba sólo PSOE. Anoche vimos que también al PP se le ha abierto todo un agujero en la línea de flotación por el que asoma la cabeza de Albert Rivera. No tanto por los escaños que Ciudadanos pueda sacar, como por los votos que pueda restar al PP. Y la paradoja puede ser que la resta de Ciudadanos al PP favorezca con escaños al tercero en liza, Podemos.

Andalucía ha sido el primer indicio de un futuro que pronosticaba hace semanas el politólogo Pablo Simón en otra entrada  de este blog: vamos a un escenario a la italiana. Pero sin italianos, que añadió el otro día Felipe González. Manca finezza.

 

miliciana mejor

1936,1808… Dos fechas que hicieron de Madrid escenario de guerra. En 2015 asistimos a una nueva batalla de Madrid. Una batalla política, sin sangre pero igualmente decisiva. Nunca la batalla (política) de Madrid había provocado tanto movimiento político de última hora en los partidos. Hace tan sólo dos meses Ignacio González, Tomás Gómez y Tanía Sánchez se podían considerar candidatos de sus respectivas formaciones al gobierno de la comunidad.

Ahora -a falta de dos meses y pico para las elecciones-, los tres han caído siguiendo un ritual que tiene todo el aire conspirativo de series como la celebrada House of Cards. Historias como un tranvía demasiado caro, un ático demasiado oscuro o un contrato demasiado familiar han servido como puñales atravesados entre sus costillas. Ninguno ha “sobrevivido” a los fatídicos Idus de Marzo de 2015. La nueva batalla de Madrid ya se ha cobrado sus primeros caídos. No serán los últimos. De esto hablo en mi vídeo dominical en @noticias_cuatro.

Yes we kant

El PSOE pone sus esperanzas en un catedrático de Metafísica, Angel Gabilondo, para resucitar el partido en Madrid (y de paso salvar al soldado Sánchez). Un pequeño grupo de politólogos de la Universidad Complutense pone en marcha un proyecto de laboratorio de ideas y estrategias y da en el clavo en el momento preciso: en sólo un año de existencia Podemos se pone a la cabeza en intención de voto directa. Un  catedrático de Economía de la London School of Economics, Luis Garicano, bendice con su prestigio y sus ideas al programa económico de otra fuerza emergente, Ciudadanos. Y en Izquierda Unida apuestan por el poeta Luis García Montero para resistir en Madrid.

Fichajes de altura, politólogos, filósofos, catedráticos,  poetas… En esta nueva hora de España, los intelectuales vuelven a la arena política. Ya ocurrido antes. En tiempos de mudanza entre la vieja y la nueva política. También es cierto que la experiencia de los intelectuales en la política suele terminar en frustración y fracaso. El talento político raras veces coincide con el talento intelectual.De esto hablo en el vídeo de esta semana en Noticias Cuatro.

En otra entrada de este blog (Borgen: lectura de Maquiavelo en Copenhage) recuperé algunas de las lecciones que sacó el intelectual Michael Ignatieff de su paso por la política canadiense. Su libro Fuego y cenizas (Taurus, 2014) tiene el sabor de una humilde confesión a la vez cándida y perspicaz. En El pez en el agua (Seix Barral, 1993) Vargas Llosa habló de su fracasada campaña presidencial en Perú. Lectura también muy recomendable no sólo por la política, también por el retrato del escritor as a young man en el Perú de los 40 y 50. El libro empieza con una cita de otro gran intelectual que nunca llegó muy lejos en la política alemana:

«También los cristianos primitivos sabían muy exactamente que el mundo está regido por los demonios y que quien se mete en política, es decir, quien accede a utilizar como medios el poder y la violencia, ha sellado un pacto con el diablo, de tal modo que ya no es cierto que en su actividad lo bueno solo produzca el bien y lo malo el mal, sino que frecuentemente sucede lo contrario. Quien no ve esto es un niño, políticamente hablando.»

MAX WEBER
Politik als Beruf
(1919)

 

INTERVENCIÓN DE PEDRO SÁNCHEZ
Pedro Sánchez blande el Financial Times: “Rescue en inglés, señor Rajoy, es rescate”

“Esa fue la gran decisión de la legislatura, esa fue la gran medida de política social: evitar el rescate”, afirmó Rajoy ayer en el Congreso. Por la tarde Pedro Sánchez le acusó de mentir: “Sí, señor Rajoy, hubo rescate con toda la versión del rescate: hombres de negro, troika, memorándum; todo para salvar al soldado Rato”. El líder socialista citó titulares de prensa nacional e internacional: “En el Financial Times, “rescue”, ¿sabe lo que quiere decir, señor Rajoy? “Rescate”.

¿Quién tiene razón? ¿Hubo rescate? ¿Hubo rescate en toda regla, con sus hombres de negro, troika y Memorandum of Understanding?

¿Hubo rescate? SI.

¿Fue un rescate total como el de Grecia o Portugal? NO.

La distinción trasciende el simple debate nominalista; si es que en política los debates nominalistas son simples. “Las palabras son colinas desde las que se ganan las batallas”, suele decir el politólogo y miembro fundador de Podemos Íñigo Errejón.

El miedo del Gobierno a la palabra “rescate” le llevó a disfrazarlo de eufemismos como “línea de crédito”, “préstamo en condiciones muy favorables”. Fueron los términos empleados por Guindos y Rajoy el fin de semana de junio de 2012 en el que anunciaron el, ejem, rescate. Pero evitaron la palabra y quisieron restarle toda trascendencia. De hecho, el presidente del Gobierno  compareció a regañadientes al día siguiente de su ministro de Economía. Si hubiera sido por él… Era domingo. Terminada la rueda de prensa, Rajoy se subió a un avión para asistir al partido inaugural de la selección española en la Eurocopa en Gdansk (Polonia): “Me voy porque la Selección lo merece y porque el asunto está resuelto”. Tan resuelto que quiso venderlo como un éxito: “Rajoy presenta el rescate como si fuera una victoria”, le recordó ayer Sánchez tirando del titular del Financial Times. “`Rescue´ en inglés, señor Rajoy, es `rescate´”.

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Rajoy el día del rescate bancario: “Me voy porque la Selección lo merece y porque el asunto está resuelto”

Sí, fue un rescate. Nos tuvieron que prestar dinero para tapar el socavón millonario que dejó en las cajas de ahorro el estallido de la burbuja inmobiliaria. Pero también es cierto que las condiciones quedaron muy lejos de las impuestas en otros rescates europeos.

Las condiciones se fijan en el Memorandum of Understanding, el célebre MoU, el Memorando de Entendimiento; vamos, el acuerdo al que se compromete el país a cambio de recibir el dinero.

En éste enlace puede verse la versión íntegra del rescate bancario a español:

Son 23 páginas con fecha de 20 de julio de 2012. 37 artículos agrupados en ocho títulos. La mayor parte detalla la intervención en toda regla del sistema bancario español. Incluye el requerimiento exhaustivo de datos (informes semanales de depósitos, liquidez etc.) y el envío de misiones de supervisión de la Troika (Comisión Europea-Banco Central Europeo-FMI) a la que se suma, en nuestro caso, la Autoridad Bancaria Europea. Las condiciones que van más allá del sector bancario se enumeran en el título VI. Resumo:

Artículo 29. Vigilancia del déficit excesivo.

Artículo 30. Objetivos de déficit que España debe cumplir año a año (y que luego se relajaron) y creación de una autoridad presupuestaria independiente (creada está, otra cosa será su eficacia y que el Gobierno se la tome en serio).

Artículo 31. Aquí se detallan las reformas estructurales con una redacción muy genérica

“…En concreto, se recomienda que España: 1) introduzca un sistema tributario acorde con los esfuerzos de consolidación fiscal y más
propicio para el crecimiento; 2) reduzca el sesgo inducido por la fiscalidad a favor del endeudamiento y la propiedad de vivienda; 3) lleve a la práctica las reformas del mercado de
trabajo; 4) adopte medidas complementarias para aumentar la eficacia de las políticas activas dirigidas al mercado de trabajo; 5) adopte medidas complementarias para la apertura de los
servicios profesionales, reduzca las demoras para obtener licencias y permisos para abrir nuevos negocios y erradique los obstáculos a la actividad empresarial; 6) complete la
interconexión de las redes eléctricas y de gas con los países vecinos, y aborde el problema del déficit tarifario en la electricidad de forma global”.
 Ahora comparemos esto con el MoU de una intervención full monty como la de Portugal. Son 34 páginas con fecha 3 de mayo de 2011. El grado de intervención es apabullante.Si quieren saber cómo suena un MoU de verdad, recomiendo la lectura en inglés del memorando íntegro de Portugal:
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Los “hombres de negro” de la Troika a su llegada a Lisboa
Excepto el tamaño de las toallas, nada escapa a su control: política fiscal de gastos e ingresos, sector financiero, medidas estructurales, privatizaciones, sanidad, mercado laboral, educación, mercado de bienes y servicios, ferrocarriles, correos, energía, mercado inmobiliario, contratación pública, sistema judicial… Portugal ha sido sometido a un protectorado económico en toda regla. Estás son algunas de las centenares de condiciones que impusieron a nuestros vecinos en apenas una página del MoU:
-Limitar las admisiones de personal en la administración pública para conseguir un recorte entre 2012-2014 de un 1% en la administración central y del 2% en la administración local y regional
-Congelar los salarios de los funcionarios en 2012 y 2013 y restringir las promociones
-Ahorrar 100 millones en 2012 en el coste de la sanidad para funcionarios
-Ahorra 550 millones en gasto sanitario global
-Reducir las pensiones que superen los 1.500 euros según los tipos aplicados al sector público desde enero de 2011. Objetivo: ahorrar al menos 445 millones de euros.
-Suspender la revalorización de las pensiones según el IPC y congelarlas, excepto las más bajas, en 2012.
-Reformar el seguro de paro para obtener un ahorro medio de 150 millones.
-Reducir las transferencias a las autoridades locales y regionales en al menos 175 millones.
-Hacer obligatoria la receta electrónica.
-Trasladar servicios ambulatorios de los hospitales al sistema de atención primaria.
-Actualizar anualmente la lista de todos los médicos en activo por especialidad, edad, región, centro de salud y hospital sea público o privado
En el caso de España,  ¿hubo “hombres de negro”? Sí. ¿Hubo Troika? Sí. ¿Hubo Memorando? Sí. Pero decir -como dijo Sánchez- que “hubo rescate CON TODA LA VERSIÓN DEL RESCATE”, parece un poco exagerado. Hay MoUs y MoUs dejando a un lado al polémico entrenador.
¿El mérito fue de Rajoy? Lo cierto es que Europa se podía permitir el rescate de economías pequeñas como Grecia, Irlanda y Portugal, pero no España. El rescate de Portugal ascendió a 78.000 millones de euros. El de Irlanda a 62.000 millones. El primero de Grecia a 110.000 millones. Si España hubiera necesitado el rescate, ¿a cuánto habría ascendido?
El rescate de los otros países cubrió las necesidades de financiación de tres años. En 2012 las necesidades de financiación de la economía española rondaron los 300.000 euros. Si nos hubieran aplicado un rescate “tradicional”, Europa habría necesitado prestarnos ¡900.000 millones de euros! Y después de España, vendría Italia… El rescate de España no era una opción. Ni para España ni para Europa. Tal vez algún día los historiadores podrán reconstruir con documentos hasta qué punto Europa/Alemania se planteó o descartó el rescate de España.
Porque, entre tanto, cuando más apretaba la soga -con el interés de los bonos en cotas intolerables allá en julio de 2012- llegó el Séptimo de Caballería al mando de Mario Draghi trompeteando el “whatever it takes” que ahuyentó los indios y bajó la fiebre de la prima de riesgo: “El Banco Central Europeo hará todo lo que sea necesario para salvar el euro. Y, creanme, será suficiente”. Aquí contamos que fue un comentario imprevisto, quizá improviado -tengo cada vez más dudas-, que en el último minuto salvó al soldado Rajoy .

 

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Pablo Iglesias sigue demostrando que es un reclamo televisivo de primer orden. Ya comentamos aquí (La irresistible atracción de Pablo Iglesias) sus anteriores éxitos en la pantalla. Anoche lo volvió a repetir en la entrevista en Informativos Telecinco con Pedro Piqueras. Superó de largo las audiencias de Rajoy y Sánchez. Pero lo interesante no son sólo los datos globales. También el análisis en detalle de la evolución de la audiencia, lo que en la tele llamamos “el minuto a minuto”. Los tres cara a cara se han realizado en lunes de enero y febrero. Los tres tienen una duración aproximada de 25 minutos. A continuación comparo cuatro datos: audiencia en la entrada del informativo, audiencia en el comienzo de la entrevista, ubicación del “minuto de oro” y evolución de la audiencia hasta el final de la entrevista.

Los gráficos muestran la audiencia de las principales cadenas. En rosa, la de Telecinco. Debajo, los programas de la competencia (con sus cortes de publicidad si hay alguno). Incluyo los datos de audiencia global, la audiencia de Telecinco y el porcentaje (share) que supone en cada momento. En los números, redondeo las últimas tres cifras.

LA ENTREVISTA A MARIANO RAJOY: BUEN DATO, SUAVE DESCENSO

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De color rosa, la curva de audiencia de Mariano Rajoy en el informativo de Pedro Piqueras el lunes 26 de enero de 2015. Ligeramente descendente. Hay que tener en cuenta que la curva refleja un porcentaje. ¿Desciende porque hay una huida de espectadores, porque los nuevos espectadores se conectan a otras cadenas o por ambas razones? Veamos los datos.

El informativo comienza a las 21:05. Recibe un 21,6% de audiencia del Pasapalabra que -como ocurre todos los días- experimenta un descenso en sus minutos finales. Son 3.800.000 millones del total de 17.753.000 espectadores que ven la tele en ese momento.

La entrevista con el presidente del Gobierno comienza a las 21:15. En ese minuto hay 18.273.000 millones de personas viendo la televisión; 3.686.000 con el informativo de Pedro Piqueras. Un 20,2% de share.

Muy poco después, a las 21:17, tenemos el “minuto de oro”. 3.788.000 millones de espectadores, un 20,5%. A partir de ahí y hasta el final de la entrevista, hay un lento descenso de espectadores que se acentúa en los siete minutos finales hasta caer al 16,7%, cuatro puntos por debajo de su momento más alto. ¿De qué habla Rajoy en ese tramo? Pasa de Bárcenas al peligro del yihadismo.

A lo largo de los 25 minutos de entrevista, Rajoy pierde 300.000 espectadores mientras la audiencia global incorpora a 1.800.000 personas hasta superar los 20 millones. Por tanto, el descenso de la curva obedece tanto a fuga de espectadores como a la entrada de otros nuevos que optan por programas alternativos.

En cualquier caso, la entrevista a Rajoy en Telecinco obtuvo una audiencia récord para el presidente en una televisión comercial. Fue la más vista desde 2008, sólo superada por su intervención en Tengo una pregunta para usted en la 1 en 2007 (6,3 millones; 34,9%).

LA ENTREVISTA A PEDRO SÁNCHEZ: ENTRADA MÁS BAJA, EVOLUCIÓN SIMILAR

Captura curva Pedro Sánchez

El día de la entrevista a Pedro Sánchez, lunes 9 de febrero, el informativo hereda del Pasapalabra un 20,74 de audiencia; 3.636.000 millones de un total de 17.531.000 de espectadores. Hay 222.000 personas menos viendo la tele y 206.000 menos viendo Telecinco. El informativo comienza en el 20,7%, un punto por debajo que el lunes de Rajoy. Una diferencia inicial pequeña que se agranda a medida que discurre el informativo.

Cuando llega el momento de Sánchez -también a las 21:15-, el share se sitúa en el 17,47%, casi tres puntos por debajo de Rajoy en ese mismo minuto del informativo. La diferencia ha pasado de  -1,0% a -2,8%. El número de gente que está viendo la tele es casi igual que el lunes de Rajoy (18, 2 millones), pero el número que está viendo Telecinco es sensiblemente menor, 500.000 espectadores menos (3,1 millones frente a 3,6 millones).

Como en el caso de Rajoy, el “minuto de oro” llega a las 21:17 (3.235.000 millones, un 17,58%). Sánchez arremete contra Rajoy por la desigualdad, los recortes, la frustración social… A partir de ese momento, la fuga de espectadores es similar a la de Rajoy (-300.000) al igual que el aumento global de televidentes (+1.800.000) que llega a los 20 millones al final de la entrevista a las 21:37 (cuatro minutos antes que la de Rajoy). Ahí Sánchez se despide con el 14,6%; tres puntos por debajo de su mejor momento. Rajoy perdió cuatro, Sánchez tres.

La evolución de la entrevista con Sánchez, por tanto, se puede equiparar con la de Rajoy. La diferencia la marca la entrada más baja del informativo y la entrada más baja en el momento de la entrevista. Rajoy hizo un 18,9% y Sánchez un 16,2%.

Una diferencia de 2,7%; no significativa estadísticamente si tenemos en cuenta que el margen de error de la medición de audiencias televisivas se mueve entre el 1% y el 5%.

Veamos ahora la de Pablo Iglesias.

LA ASCENDENTE ENTREVISTA A PABLO IGLESIAS

Captura Pablo Iglesias

El informativo hereda del Pasapalabra 3.744.000 millones de espectadores de un total de 17.618.000. Un 21,3% de share. Son 100.000 más que el día de Sánchez y 100.000 menos que el día de Rajoy.

Inicio de la entrevista. También en un lunes y a la misma hora: 21:15. Número de espectadores en ese momento: 4.075.000 millones de un total de 18.487.000. Un 22% de la audiencia. Casi un millón más que Pedro Sánchez y 400.000 más que Rajoy. Ahí tenemos la primera diferencia. Un comienzo alto. La segunda, aún más relevante, es la evolución de la entrevista.

Mientras Mariano Rajoy y Pedro Sánchez experimentan un suave descenso lo largo de los 25 minutos de entrevista, Pablo Iglesias sube. Y cómo sube. De los 4.000.000 espectadores asciende hasta los 4.800.000 cerca del final. De hecho, a diferencia de Rajoy y Sánchez, su “minuto de oro” se da prácticamente al final cuando alcanza un share del 23,7%. En ese momento, le están viendo dos millones más que a Sánchez y millón y medio más que a Rajoy. Habla de los “salarios de miseria” incapaces de levantar la economía y de la “desprivatización” de ciertos servicios públicos. También es cierto que el consumo global de televisión el lunes 23 de febrero a esa hora está por encima de los otros dos lunes a esa misma hora en unos 270.000 espectadores. ¿Son espectadores que encienden la tele para ver a Pablo Iglesias?

La diferencia de Iglesias sobre Rajoy y Sánchez supera el margen de error de la medición y, sobre todo, cambia la curva habitual de audiencia del informativo de Pedro Piqueras. El espacio obtiene una cifra récord en bastantes años. La entrevista más vista en Informativos Telecinco desde 2004, cuando Juan Pedro Valentín entrevistó a José María Aznar después del 11-M y de la derrota electoral del PP en las elecciones de marzo (5.719.000 espectadores, 31,5% de share).

Son audiencias. Un indicio poderoso, pero no concluyente como indicador electoral. Dicen que Artur Mas confundió una manifestación con Cataluña, quizá tampoco se deba confundir una audiencia televisiva con una mayoría social. Pero ahí están los datos. Puede que estadísticamente no sean muy significativos, pero corroboran una tendencia muy apreciada en cualquier cadena. El tirón televisivo del líder de Podemos. Tal vez así se entienda mejor el interés de las televisiones por Pablo Iglesias.

 

 

 

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Dos imágenes de la semana: Pablo Iglesias en Wall Street y puesta de largo de Ciudadanos en Madrid

Esta semana mi vídeo del domingo en Noticias Cuatro es una charla con Pablo Simón, profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III y editor de Politikon. Con un panorama tan revuelto en los sondeos, quería saber a dónde nos puede llevar este año electoral. Hablamos de nuestro sistema electoral, del fracaso de los partidos tradicionales a la hora de captar talento, de las primarias. Pero, como en un vídeo de informativos cabe lo que cabe, he seleccionado cuatro claves que nos da Pablo:

La fiebre del cambio. Lo que vemos en los sondeos no es un suflé. El realineamiento de los partidos va a ser una realidad, al menos en este ciclo electoral

Un parlamento a la italiana. Nuestro escenario más probable es el de un parlamento con tres bloques, derecha, izquierda y antiestablishment como en Italia. Es poco probable que en un sólo ciclo electoral veamos un nuevo bipartidismo, como en Grecia, donde Syriza ha terminando sustituyendo a los socialistas del Pasok frente a la derecha de Nueva Democracia.

La batalla de las provincias. La lucha por la hegemonía de la izquierda se va a dar en los distritos electorales medianos y pequeños. De las provincias que no superan los 9 diputados procede el 65% del Congreso. Y es sobre todo ahí donde nuestro sistema electoral premia a los dos primeros y castiga al tercero en liza (¿Ciudadanos,UPyD, IU?. Las “provincias” será un territorio electoral decisivo. Veremos si se produce o no el  sorpasso de Podemos al PSOE.

El listón del PP. El PP necesita superar el 34% de los votos para poder gobernar en minoría con cierta comodidad. Aún está lejos. La encuesta de Sigmados para Mediaset esta semana les coloca aún por debajo del 30%. Y además habrá que ver cómo les afecta el ascenso de Ciudadanos.

 

 

 

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Antes de llegar al PSOE, permitidme un rodeo sobre política, televisión y EEUU…

Si hubiera que buscar el origen de la televisión como instrumento político, el lugar está muy claro: Estados Unidos. Respecto a la fecha, ¿qué tal el 23 de septiembre de 1952?

Aquel año, el senador por California Richard M. Nixon luchaba por conservar su puesto como candidato a la vicepresidencia en el ticket de Einsenhower. Su campaña se vio empañada por acusaciones de uso impropio de los fondos recaudados por sus simpatizantes para sufragar su carrera política. Para despejar dudas, Nixon optó por una maniobra audaz: voló a Los Ángeles y compró media hora de televisión para defenderse directamente ante el creciente público televisivo norteamericano. El Comité Nacional Republicano pagó una pasta: 75.000 dólares de la época (578.000 euros actuales). Fue el 23 de septiembre de 1952. La maniobra pasó a la historia como el discurso de Checkers.

 

La escenografía no tiene desperdicio. En el estudio construyeron la réplica de un dormitorio de clase media americana, el GI bedroom den. Durante el discurso, la cámara panea hacia la derecha y vemos a una orgullosa Pat Nixon sentada en el sofá escuchando las explicaciones de su marido. A lo largo de 30 minutos, Nixon dio cuenta del dinero y regalos que había recibido, entre ellos un perrito de raza cocker spaniel que sus hijas había bautizado como “Checkers” y que no pensaba devolver “dijeran lo que dijeran”.

60 millones de norteamericanos vieron el discurso de Checkers, la mayor audiencia televisiva hasta la fecha. Nixon consiguió su objetivo. Afianzarse en la candidatura republicana que ganaría las elecciones ese mismo año de la mano de Eisenhower. Fue el triunfo de un discurso emocional en un medio emocional. La peripecia posterior de Richard Nixon ha generado innumerables libros y películas (junto con Kennedy, estamos ante el mejor material “literario” de la política presidencial). En cuanto a Checkers, murió en 1964 y está enterrado en un cementerio de mascotas de Long Island.

A Checkers le siguieron otros hitos de la política en televisión. La retransmisión de las sesiones del comité anticomunista de Joseph McCarthy y, en particular, su famoso enfrentamiento con el periodista Ed Murrow. La historia inspiró la película “Good Night and Good Luck”, de George Clooney. Adjunto en el siguiente vídeo, el auténtico editorial de Murrow contra McCarthy en See it now, el 9 de marzo de 1954. Si a Nixon le salvó la tele en Checkers, a McCarthy le mató, políticamente, su sobreexposicón televisiva (y, literalmente, su abuso del alcohol). Murió tres años después de cirrosis. Tenía 48 años.

 

Son dos precedentes del que muchos consideran el primer gran momento decisivo de la televisión en la política. Los debates Kennedy-Nixon en la elección presidencial de 1960. El tema ha dado pie a miles de  artículos, ensayos, reportajes… Todos o casi todos con la misma conclusión: la televisión impulsó al relativamente desconocido senador Kennedy hacia una victoria muy ajustada frente al mucho más experimentado y conocido vicepresidente Richard Nixon. La telegenia venció a la seguridad, la novedad a la experiencia. El primer debate lo vieron 73 millones de espectadores, más del 60% de los hogares con televisor en aquel momento. Un 50% de los votantes admitió a posteriori que los debates habían influido en su decisión.

 

En nuestro país, el fenómeno Pablo Iglesias/Podemos acaba de redescubrirnos el impacto de la televisión en la política. No es que hubiera desaparecido. Basta con comprobar cómo el control político de las televisiones públicas ha sido y sigue siendo una constante lamentable desde el comienzo de la Transición. Y eso que no ha impedido la derrota electoral del “controlador”, fuera el PP o el PSOE. Tal vez lo importante no sea salir mucho, como le pasó a McCarthy, sino cómo se sale y qué se dice. La credibilidad, en definitva.

En todo caso, hoy aquí no quiero volver a la influencia de la televisión en la opinión pública, sino a la traslación a la política de las prácticas y los tiempos televisivos. Tanto las cadenas como los partidos políticos se someten al veredicto de los electores. En las televisiones, las elecciones se celebran a diario y los resultados se reciben a la mañana siguiente a la emisión. En política, los electores deciden cada cuatro años, pero en ese tiempo proliefran las encuestas y las tomas de temperatura del electorado.

En la tele se toman decisiones según los resultados. Cambios de presentador, de contenidos, de horario, de cortes de publicidad… La paciencia escasea. El nerviosismo lleva a ajustes de programas y parrillas con criterios que harían de la astrología una ciencia respetable.

Ahora en política, la sorpresiva irrupción de ese “nuevo programa” que es Podemos ha desatado un frenesí. Los políticos empiezan a leer los sondeos como los ejecutivos de televisión leen las audiencias. Y, como en la tele, cuando los datos son malos cunde el nerviosismo y se toman decisiones drásticas. A veces, funcionan.

Nada mejor que el PSOE de estos últimos meses para comprobar la “contaminación televisiva” de la política. Con la película Network como metáfora de fondo, por ahí va mi vídeo dominical en Noticias Cuatro.

PEDRO SÁNCHEZ TOMAS GÓMEZ

Perdón por el excurso “americano”, pero la historia política de EEUU me gusta más que comer con los dedos y, what the hell, para eso sirve un blog, ¿no?