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muerte en león

¿Qué lleva a tres mujeres con una vida cómoda en una apacible ciudad de provincias española a cometer un asesinato? Uno podría entender que alguien presa de un arrebato transitorio mate, incluso podría entender que una sola persona se obsesione hasta el punto de ver en el asesinato la única salida, pero ¿qué tres mujeres con una vida aparentemente “normal” se pongan de acuerdo en planificar y cometer un crimen? ¿Ninguna temió que todo saliera mal y el crimen, además de acabar con la víctima, les arruinara la vida? Hay más. Hablamos de tres personas que, por oficio o cercanía familiar, las tres tenían contacto con el mundo policial ¿ninguna de las tres sabía que el crimen perfecto empieza a rozar la imposibilidad en nuestros días de móviles y cámaras por doquier?

Muerte en León, el último documental de Justin Webster -británico afincado en Barcelona y autor del magnífico Seré asesinado y, más recientemente, de El fin de ETAtrata de responder a las preguntas que rodean el asesinato de la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco, el 12 de mayo de 2014. La investigación policial y el proceso judicial dieron la respuesta, digamos, forense del caso, pero la incredulidad aún impregna el aire de la ciudad: “¿Cómo puede una mujer, un ama de casa, llegar a matar a una presidenta de la diputación de tres disparos? ¿Cómo es posible llegar a eso en una mente normal? Ese es el tema fundamental”, se pregunta ante la cámara Matías Llorente, diputado provincial que no pasaba por ser el mejor amigo de la víctima.

A lo largo de cuatro episodios de una hora -en línea con series documentales de tema criminal, factura y éxito reciente como la oscarizada O. J., Made in America, Making a Murderer o The Jinx-, Webster explora el asesinato de la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco, a manos de Montserrat González con la complicidad de su hija Triana y de la amiga de su hija y agente de la policía local, Raquel Gago.Y el resultado está a la altura de las citadas series norteamericanas. Destaco especialmente la calidad de las entrevistas, la edición del juicio y una estructura narrativa que en ningún momento pierde al espectador.

La justicia condenó a Montserrat a 22 años de cárcel, a Triana a 20 como cooperadora necesaria y a Raquel a 14 como cómplice. La “verdad” judicial, sancionada en noviembre de 2016 por el Tribunal Supremo, establece que las tres se concertaron para cometer el crimen aquel día de mayo de 2014. Pese a la confesión de Montserrat, aún son muchos los que expresan incredulidad. Ni las que la conocían mejor, consiguen explicarse su conducta “por mucho odio que tuviera”. Los psicólogos han dictaminado que la asesina confesa se encuentra en sus cabales y ella nunca ha mostrado signo de arrepentimiento. ¿En qué momento decidió cruzar la línea roja esta señora de Mercedes SLK y marido comisario de policía en Astorga? “Sólo pensé en hacerlo, no en las consecuencias”, responde en una entrevista telefónica desde la cárcel. “Veía a Triana muy mal. Lo hice porque no querían ir al entierro de mi hija”.

A partir de un duro enfrentamiento, sostiene la defensa, Triana se sintió víctima del acoso y castigo de quien fuera su jefa. Sintió que su futuro en la diputación estaba truncado mientras continuara Isabel Carrasco. La obsesión de la hija envenenó la cabeza de la madre hasta llevarla a una conclusión delirante: cuando Montserrat supo que en la guerra de facciones del PP leonés Rajoy había terciado en favor de Carrasco, decidió matarla. ¿Cómo es posible que no vieran otra salida? Triana era ingeniera de telecomunicaciones. Había trabajado en Alemania ¿No podía buscar otro empleo en otra ciudad? A los ojos de madre e hija, León se revela como una ciudad cerrada de la que estos personajes, como en la película de Buñuel, son incapaces de escapar.

Muerte en León se apoya en la vista oral, en entrevistas y en material de archivo para conducirnos hasta la conclusión judicial. Las reconstrucciones se reducen al mínimo. Sólo en los últimos minutos introduce algunas incógnitas no despejadas del caso. Baste decir -no vamos a reventarlo- que deja en el aire la sospecha de una teoría conspirativa. Pero no es sólo este golpe de efecto lo que, a mi juicio, hace recomendable la serie. Hay al menos otras dos razones.

La primera, que hay que llamar la atención sobre este magnífico documental porque corre el riesgo de pasar sin pena de gloria por la incuria de su productora y emisora, Movistar+. Quien quiera verlo legalmente tendrá que zambullirse en su desordenada plataforma, rastrear en la pestaña de documentales y ver si lo encuentra entre “Yellowstone, el gran deshielo”, los documentales romanos de Mary Beard, “Mayday, catástrofes aéreas” y la Primera Guerra Mundial en color… Un sindiós.

La segunda razón tiene que ver con lo que documental desvela sobre la vida tranquila pero también asfixiante de una de esas capitales de provincia de la España interior y vacía. León. El páramo y el gótico. La pausa comercial de mediodía para ir a comer a casa. Una España conservadora donde el PP se confunde con el paisaje;  donde los partidos políticos ejercen el poder como agencias de colocación y repartidores del presupuesto; donde la peor oposición la forman los descontentos de tu propio partido; donde los afectos y los odios se cruzan por la calle; donde, lo sabemos bien, el empleo es un bien escaso y “colocarse” un vocablo que empieza a caer en desuso; donde la máxima aspiración es sacar una oposición a funcionario y, si es posible, no muy lejos de la casa familiar. No es casual que unas oposiciones a la diputación se conviertan en el particular Watergate leonés de Isabel Carrasco: demasiados parientes de alcaldes y otros cargos del PP coparon las primeras plazas. No es casual que Triana iniciara su camino sin retorno a raíz de su fracaso en otras oposiciones a la diputación: no han querido pasarle las preguntas para un puesto que considera hecho a su medida. Somatiza el suspenso como parte de la persecución a la que se siente sometida desde que cayera en desgracia ante Isabel Carrasco. Y sabía que no era la única: “De Isabel estaba hablando mal mucha gente, si encima ahí hablan todos mal con la misma, pues al final puede pasar lo que ha pasado”, comenta el diputado Matías Llorente. Nadie desmiente que fuera todo un carácter. Con el crimen aún en las primeras páginas, una pintada macabra y fugaz apareció en la pasarela sobre el río Bernesga donde fue asesinada la presidenta: “Aquí murió un bicho”.

Al final del documental, la periodista Ángela Domínguez lanza una reflexión: “¿En qué medida la ambición se convierte en una perversión y además, al verse truncada, genera odio? Pues también no solamente por la maldad que reinaba y reina en Montserrat y que posiblemente estaba azuzada por su hija Triana y por la complicidad torpe y necia también de Raquel. Había algo más. Había un ambiente propicio para que esto sucediera. Y ese es el gran error. Esa es la culpa que debería pesar sobre todo León”.

Un “ambiente propicio”. Esas palabras me trajeron el recuerdo de un relato de Borges, El hombre en el umbral (El Aleph): “No hay un alma en esta ciudad (pude sospechar) que no sepa el secreto y que no haya jurado guardarlo”.

 

 

 

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José Luis Gómez, “encarnado” en Unamuno camina por el claustro de la Universidad de Salamanca

“¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!”, el grito estremece al público en la penumbra del paraninfo de la Universidad de Salamanca. El escenario y el día acentúan el dramatismo porque fue en este mismo espacio, y también un 12 de octubre pero de 1936, donde Miguel de Unamuno se enfrentó con gesto heroico y verbo acertado a la exaltación de la violencia y el odio sectario de ponentes y congregados.

80 años después, el actor José Luis Gómez se viste de Unamuno para revivir un cruce verbal que condensa la dialéctica del periodo más negro del siglo XX español. No hay una trascripción exacta -recuerda la historiadora Colette Rabaté en el coloquio que precede a la conmemoración-, pero sí una reconstrucción verosímil de lo que allí se dijo.

Al final de esta entrada, he subido el vídeo completo, el coloquio seguido de la representación. Los más impacientes, los más ocupados tienen aquí un avance de la dramatización del enfrentamiento, la lectura de los dos últimos poemas de Unamuno y de la carta final a su amigo Quintín de la Torre. Todo en la voz de José Luis Gómez. Visto el éxito y la repercusión de la conmemoración, no estaría de más plantearselo como un ritual civil que se asiente en los 12 de octubre.

http://saladeprensa.usal.es/atom/102266

12 de octubre de 1936. La guerra civil española entre en su cuarto mes. Salamanca se ha convertido en capital improvisada de la rebelión militar. Unamuno, republicano de primera hora, saluda el alzamiento como una rectificación saludable del desorden en el que, a su juicio, ha degenerado el régimen republicano. Pero las noticias que le llegan sobre la crudeza de la represión en su zona, dominada por los militares rebeldes, van empujándole hacia una disidencia contenida. Hasta el 12 de octubre. Lo que escucha ese día en el paraninfo -“el templo de la sabiduría”- rompe los diques que se ha impuesto a sí mismo.

Hay varias versiones de lo ocurrido en el paraninfo. Difieren en qué se dijo exactamente y quién dijo qué, pero concuerdan en lo esencial. Rescato la de Luciano G. Egido en Agonizar en Salamanca (2006)

El rector Unamuno no tiene previsto hablar en la celebración académica del “día de la raza”. Desde la mesa que preside el acto, acompañado por el obispo Pla y Deniel, la mujer de Franco, Carmen Polo, y el general Millán Astray, el venerable catedrático de griego escucha los discursos del historiador Loscertales -“¿Estudiantes salmantinos, entráis en la vida cuando se ha hecho milicia”-, del dominico Beltrán de Heredia, invocando el magisterio de la Escuela de Salamanca en la colonización de América; del poeta José María Pemán -“Muchachos de España, hagamos cada uno en cada pecho un Alcazar de Toledo”- y, sobre todo, del catedrático de Literatura Francisco Maldonado que insta a exterminar la “Anti-España” y arremete contra vascos y catalanes,”dos pueblos industriales y disidentes… explotadores del hombre… los cuales a costa de los demás españoles han estado viviendo hasta ahora… en un paraíso de la fiscalidad y de los altos salarios”.

La defensa cerrada de la unidad de España desata el delirio. Alguien lanza la consigna legionaria “¡viva la muerte!” repetida como un eco por el paraninfo universitario. Desde el estrado, Millán Astray grita “¡España!”. Los presentes responden al unísono:”¡Una!”. El fundador de la legión carga de nuevo: “”¡España!”; “¡Grande!”, retumban las paredes del paraninfo. “¡España!” remata el general; “¡Libre!” ruge el auditorio.

La retórica enfebrecida de los oradores, los gritos, el clamor irracional… Esto es más de lo que puede soportar el viejo rector -tiene 72 años-.En el sobre de la carta que le ha entregado la mujer de su amigo Atilano Coco -pastor evangélico de Salamanca, detenido por masón y futuro fusilado- Unamuno anota “guerra internacional civilización occidental cristiana”, “vencer y convencer”, “odio y compasión”, “Rizal”, “cóncavo y convexo”, “lucha unidad catalanes y vascos”, “imperialismo lengua”, “odio inteligencia que es crítica, que es examen”…

A partir de las notas empieza a enhebrar un discurso que los asistentes recuerdan así:

“…a veces el quedarse callado equivale a mentir; porque el silencio puede interpretarse como aquiescencia… Vencer no es convencer y hay que convencer sobre todo… Dejaré de lado la ofensa personal que supone la repentina explosión contra vascos y catalanes, llamándoles la Anti-España; pues bien, con la misma razón pueden decir ellos otro tanto. Y aquí está el señor obispo que, lo quiera o no lo quiera, es catalán, nacido en Barcelona, para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que, como sabéis nací en Bilbao, soy vasco y llevo toda la vida enseñándoos la lengua española, que no sabéis…”

Millán Astray no puede contener la irritación. Colette y Jean Claude Rabaté lo atribuyen a la mención de Rizal, el héroe de la independencia filipina contra la que combatió de joven el fundador de la legión. El general estalla, da un golpe en la mesa, se pone en pie, defiende a gritos la rebelión militar. Unamuno le replica recordándole la insensatez del grito legionario “¡viva la muerte!” y su condición de mutilado de guerra -tuerto, manco y cojo- sin la grandeza de Cervantes.

La tensión y la confusión se adueñan del paraninfo. Millán Astray exclama: “¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte”. Según otras versiones, las palabras del general fueron “¡mueran los intelectuales!”, pero al ver tanto profesor enfrente matizó:”¡Abajo los malos intelectuales!¡Traidores!”, “¡Abajo los falsos intelectuales!”. En medio de voces, insultos y abucheos, Carmen Polo, toma a Unamuno del brazo y lo lleva hasta la salida de las Escuelas Mayores. Una fotógrafo capta el momento. Vemos al rector, junto al obispo, a punto de abordar el coche sitiado por griterío y brazos en alto.

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La prensa local silenció la disputa, pero sus consecuencias son muy elocuentes: la fulminante destitución de Unamuno como concejal y rector de la universidad, el vacío que le hicieron en el casino y esa especie de arresto domiciliario de facto al que se vio sometido. hasta el día de su muerte, dos meses y medio después.

La salida de Unamuno a pecho descubierto ese 12 de octubre es perfectamente coherente con la carta que escribió -sin temor a la censura postal de guerra- a su amigo bilbaíno Quintín de la Torre. La redactó el 13 de diciembre, un par de semanas antes de morir, y su lectura concluye la conmemoración de José Luis Gómez 80 años después.

“… Me dice usted que esta Salamanca es más tranquila, pues aquí está el caudillo. ¿Tranquila? ¡Quiá! Aquí no hay refriegas de campo de guerra, ni se hacen prisioneros de ellas, pero hay la más bestial persecución y asesinatos sin justificación. En cuanto al caudillo -supongo que se refiere al pobre general Franco- no acaudilla nada en esto de la represión, del salvaje terror, de retaguardia. deja hacer… Vencerán, pero no convencerán; conquistarán, pero no convertirán…”

El incidente del paraninfo cayó en el silencio y el olvido hasta que, a partir de los años 60, fue rescatado y erigido en un proceso de mitificación -señala en el coloquio Colette Rabaté- hasta el contundente “venceréis, pero no convenceréis”. Entre la historia y la leyenda, siempre se imprime la leyenda. Pero la leyenda triunfa porque lleva una verdad profunda. Tal vez Unamuno no usó la expresión “¡venceréis pero no convenceréis!”, ni Millán Astray, la más macabra “¡muera la inteligencia!¡viva la muerte!”. Tal vez son relaboraciones a posteriori por la oposición antifranquista a partir de “vencer, no es convencer” y “abajo los malos intelectuales”. ¿De verdad cambia tanto, como sostiene algún revisionista? Ni siquiera uno de los oradores del acto del 36, José María Pemán, desmiente esa retórica en una tercera del ABC de 1964.

Tal vez fuera una fortuna que aquellas palabras de Unamuno no quedaran atadas a la escritura. “La letra mata, el espíritu vivifica”, recuerda Borges al hablar del caracter “alado y sahgrado” de la palabra oral. Pitágoras, Sócrates, Buda, Jesús… “Todos los grandes maestros de la humanidad han sido, curiosamente, maestros orales… Pitágoras no escribió voluntariamente, quería que su pensamiento viviese más allá de su muerte corporal, en la mente de sus discipulos”. Y así ha ocurrido con el magisterio de Unamuno ese 12 de octubre del 36.

Porque más allá de la exactitud, el episodio perdura en la memoria colectiva por la dialéctica de los conceptos y las figuras. En un lado Unamuno, en el otro, la contrafigura de Millán Astray; el hombre de las letras y el hombre de las armas; vencer, misión del ejercicio militar;  convencer, misión del ejercicio intelectual. La vigencia del episodio se sostiene en el hallazgo verbal de Unamuno sean cuales sean sus variantes: Ven-cer no es con-ven-cer. En sólo tres palabras, un sumario premonitorio de los 40 años que vendrían después. Dicho con fuerza profética. “Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta”, dice Unamuno en la versión difundida por Hugh Thomas y recreada por Gómez. “Pero no convenceréis, porque para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España”.

Verbo y coraje intelectual e incluso físico. Aquí es un hombre solo quien salva la civilización frente a un pelotón de soldados. El acto heroico de un viejo maestro que se enfrenta, no ya a Millán Astray, sino a un auditorio de profesores, estudiantes, falangistas y legionarios. La última lección de Miguel de Unamuno.

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Hay que estar de acuerdo con Íñigo Errejón cuando reivindicaba ayer en el Escorial “la enorme honestidad intelectual de nuestra fuerza política” porque lo que hicieron  Iglesias, el propio Errejón, Irene Montero et al fue autoanalizarse en el diván que les ofrecía un curso veraniego de la Complutense.

Los profesores -metidos a emprendedores políticos de éxito estos dos últimos años- volvieron a vestirse de profesores ejercientes en un laboratorio de ideas que permitía citar sin complejos a Gramsci, su bloque histórico y guerra de posiciones o lanzar palabras como “parlamentarización” o “reflexividad”. La política no suele ser benevolente con los intelectuales, ni en España ni fuera de España; por eso resultaba inesperado que un grupo de politólogos cargados de jerga neomarxista haya tocado la fibra emocional de más de cinco millones de votantes

Y tal vez por eso -por su extraordinario éxito- hablar de sí mismos les encanta. Podemos es una fuerza narcisista como tantos fenómenos contemporáneos; del confesionario de reality televisivo a la explosión del selfie, de Cristiano Ronaldo a Donald Trump, de Snapchat a Instagram…

La terapia de grupo a la que se sometieron dejó más preguntas que respuestas. Todos partían de una hipótesis: el 26-J cierra ciclo y se impone “una ralentización del tiempo político”. Adiós a la aceleración histórica. El resultado electoral clausura la ventana de oportunidad. “La crisis de régimen que ha permitido la anomalía de Podemos se habría cerrado, el desempate del 26-J se habría resuelto más en favor de la Transición que del 15-M”, cree Errejón.

Y ¿ahora qué?

“Ahora toca pasar de partisanos a ejército regular”, apunta Iglesias, “y  nada nos garantiza que vaya a salir bien”. Llama la atención la querencia de los líderes de Podemos por unas metáforas bélicas que hasta ahora provocaban sarpullidos a la izquierda: “blitz”, “guerra relámpago”, “asalto de caballería al poder político”.

“De la guerra de movimientos pasamos a la guerra de posiciones”, continúa Iglesias citando a Gramsci -el italiano toma la metáfora de la I Guerra Mundial cuando los ejércitos pasaron de las grandes maniobras envolventes a quedar fijados durante años en las trincheras.

¿Cómo se resiste y gana en la guerra de posiciones?

Éste es el desafío que “acojona” a Iglesias. “La máquina de combate impresionante en la guerra de movimientos” que ha sido Podemos, puede que no funcione en la grisura y el aburrimiento de las trincheras: “El trabajo parlamentario puede ser maravilloso o el camino hacia el cretinismo político”. ¿Cómo se comportará el ejército regular? “De momento, hay buen rollo, pero no es fácil liderar un espacio compeljísimo con muchas personalidades y muchas culturas políticas”.

El único punto en el que ayer no tuvo dudas Iglesias fue en subrayar su programa socialdemócrata. Lo cual abre (o más bien continúa) otro frente en el flanco derecho de esta guerra de posiciones: la disputa por el lugar en la oposición entre Podemos y el PSOE, “un partido muy fuerte en el sur de España”, a juicio de Iglesias, que no puede evitar su característico desdén: “El Partido Socialista va a ser muy importante, pero no es el partido de los jóvenes, ni es el partido del futuro ni es el partido de la articulación territorial; nada que ver con el rol que jugó los últimos 40 años”.

El problema de Podemos es generar un “bloque histórico” -volvemos al manual de Gramsci-. Traducido por Errejón: ¿cómo puede crearse una nueva hegemonía político-cultural-electoral  que “compren” los sectores más dinámicos de la sociedad al tiempo que vence las reticencias y los miedos de los sectores que quieren ir más despacio hacia el cambio? Para entendernos, algo parecido a lo que consiguió el PSOE en 1982, cuando se ganó hasta el disputado y rural voto del señor Cayo. Complicado cuando no tienes a favor, dice Iglesias, a los principales productores de cultura política que son los medios de comunicación y cuando apenas gestionas instituciones.

Sí, las instituciones. Atención a una frase aún por digerir en Podemos: “Esa idiotez que gritábamos cuando éramos de extrema izquierda, `la lucha está en la calle y no en el Parlamento´ es mentira. Las cosas se cambian desde las instituciones”.

“No queda excluida la posibilidad de que Podemos gobierne en España”, concluye Errejón. “Pero el Podemos que gobierne será otra cosa más predecible, menos sexy, generará menos ilusión entre los sectores más movilizados, pero al mismo tiempo menos incertidumbre entre los sectores más retardatarios al cambio político”

Jerga de politólogo aparte, ¿no suena todo esto al viaje que el PSOE de Felipe González hizo en torno al año 1979?

La generación de Podemos aún busca su propio 1982.

 

 

 

 

 

Rivera iglesias

“¿Qué esperamos congregados en el foro?
Es a los bárbaros que hoy llegan”.

Esperando a los Bárbaros, Konstantino Kavafis

De todos los argumentos electorales de la larga campaña del 2015, ninguno más evidente que el de la brecha generacional. Si la muerte de Franco supuso una ruptura, las elecciones de 2015 anuncian otra. Sea cual sea el resultado, la generación de Pablo Iglesias y Rivera está aquí para quedarse. El poder se ejerce con complicidad generacional.

En el 75, la juventud nacida en los años 40 desplazó del poder a unos mayores que por edad eran colaboradores voluntarios o involuntarios con el régimen franquista o recordaban los fantasmas de la Guerra Civil. El cartel naif de Felipe ganó al de Carrillo.

Felipe cartel 1977

40 años después, -si permiten la demamogia- aquellos “chicos” del 77 peinan canas y se sientan en consejos de administración. Y ahora, como si los ciclos generacionales siguieran la regla biológica de los 40 (40 años de franquismo, 40 de ETA, 40 años de Transición…), una nueva generación nacida en tiempos constitucionales se dispone a asaltar los corredores del poder.

Dicen que los nuevos “hijos terribles” (Sloterdijk)  se alimentan de la frustración de una generación -la suya- convencida de que va a vivir peor que sus padres. Instalados frente a precarios, insiders frente a outsiders, indignados frente a integrados. Partidas dispersas de jóvenes bárbaros atacan los muros de la ciudadela que cobija al partido de los ancianos. Los sondeos dejan patente la escisión. El Partido Popular es la cuarta fuerza entre los más jóvenes y la primera entre los mayores de 65; Podemos, justo a la inversa.

Sin embargo, al PP le dan muchas probabilidades de ganar las elecciones marcando distancias con los demás.

Voilà. He aquí la paradoja de las elecciones de 2015: la juventud irrumpe en el paisaje político, pero serán los viejos quienes decidan el resultado. Los jóvenes piden paso, los viejos exhiben números. Más de 11 millones de españoles superan los 60 años. La juventud mantiene intacto su prestigio sesentayochista, pero le aplasta el peso de nuestra invertida pirámide poblacional.

pirámide población españa

No es un fenómeno exclusivo de España o de la vieja -más viaja que nunca- Europa. Incluso en un país relativamente joven como Estados Unidos -buenas tasas de natalidad e inmigración-, el cambio demográfico está redefiniendo la clase media:

“La clase media norteamericana” -señalaba recientemente el FT-, “está transformándose por el envejecimiento de la población. Los ciudadanos mayores van a jugar un papel cada vez mayor en la economía a medida que su peso crece en los sectores con ingresos medios y elevados. Los datos del Pew Research Center muestran que los hogares de más de 65 años han sido los que más han mejorado su posición económica en lo que va de siglo y, de hecho, los que más han mejorado desde los años 70”.

Pronto comprobaremos si en España se cumple lo que auguran los sondeos: que el bloque de votantes mayores de 60 se convierte en el más importante de la democracia española y, también hasta qué punto vota como un solo hombre o se dispersa.

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La demografía, como la geografía es el destino. ¿Qué políticas se imponen en una sociedad envejecida? En España, Rajoy ha recortado de todas las partidas importantes de gasto menos de una, la más grande, la partida de las pensiones, más de 110.000 millones de euros. En Alemania, la obsesión con los precios se atribuye al lejano espectro de la hiperinflación en la República de Weimar, pero seguro que también tiene mucho que ver con el miedo de un país de viejos ahorradores: nadie quiere ver cómo la inflación se come el capital que guarda para la jubilación. Reino Unido, Italia, toda Europa, incluso China serán en breve sociedades cada vez más envejecidas. ¿Hacia dónde se inclina la batalla presupuestaria en las sociedades envejecidas? ¿Cuáles son las prioridades? ¿Hay relación entre el déficit y la deuda de un país y la edad de sus votantes?

“…

¿Por qué calles y plazas aprisa se vacían
y todos vuelven a casa compungidos?
Porque se hizo de noche y los bárbaros no llegaron.
Algunos han venido de las fronteras
y contado que los bárbaros no existen.

¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?
Esta gente, al fin y al cabo, era una solución”.

Esperando a los bárbaros. El propio Pablo Iglesias recurre al célebre poema de Kavafis en su último libro. Hoy los bárbaros son los jóvenes indignados, son los jóvenes inmigrantes, pero el partido de los ancianos no parece muy dispuesto a abrir las puertas de la fortaleza. El 20-D veremos si se rompen los diques generacionales.

 

 

 

 

 

 

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Esta semana en mi vídeo dominical en Noticias Cuatro  he hablado sobre dos banderas que han sido noticia.  La enorme bandera española en la proclamación de Pedro Sánchez como candidato a La Moncloa y la bandera de batalla de la Confederación, motivo de polémica tras los crímenes de un joven racista en Carolina del Sur.

Las dos banderas no tienen nada que ver entre sí, pero en ambos casos su significado se cruza con una historia de guerra civil.

La bandera de la Confederación fue emblema del ejercito sudista en la Guerra de Secesión norteamericana. Los estados agrarios y esclavistas del sur invocaron su derecho a separarse -a decidir , diríamos hoy- del norte industrial y capitalista que imponía la abolición de la esclavitud. Dos modelos económicos incompatibles que disputaban entre sí desde hace años en la conquista del Oeste. Ganó el Norte, pero la reconstrucción del Sur, salvo la esclavitud, toleró al cabo de pocos años la herencia y los modos del Sur. En otras palabras, Jim Crow y al segregación racial.

Un siglo después la bandera de las estrellas cruzadas volvió a ondear como protesta contra la nueva injerencia del gobierno federal con sus leyes de derechos civiles. desde entonces tiene un pretendido significado ambivalente. Oficialmente se reivindica como seña de identidad sentimental del viejo sur. Extraoficialmente es un símbolo del racismo latente y persistente. El caso es que 150 años después de la guerra civil americana vuelve una campaña para arriar definitivamente la bandera de la Confederación.

En España, la rojigualda monárquica fue recuperada por el bando franquista en la Guerra Civil frente a la franja morada que se insertó en el emblema durante la II República. Terminada la guerra, la izquierda mantuvo la tricolor pero aceptó la rojigualda en los pactos de la Transición. Muchos recordarán la presentación en sociedad de Carrillo, flanqueado por la bandera rojigualda y otros -lo he recuperado en el vídeo- las palabras de Felipe González en el mitin de la Ciudad Universitaria en vísperas de su arrolladora victoria electoral de 1982.

La bandera de todos, dice González. Sí, pero con diferentes grados de entusiasmo -celebraciones deportivas al margen. A lo largo de estos años ha sido la derecha la que se ha seguido sintiendo cómoda con la exhibición a todo trapo de la bandera. Y son muchas las sedes de la izquierda, incluidas las socialistas, que mantienen la tricolor republicana en el mobiliario de sus locales.

No encuentro datos, pero temo no equivocarme si digo que la exhibición de la bandera española en relojes, pulseras y coches sigue siendo un atributo de los votantes de la derecha.

De ahí la sorpresa por el tamaño de la bandera de Pedro Sánchez. 40 años después de la transición, 80 años después de la Guerra Civil, la ostentosa exhibición de la rojigualda por un socialista sigue siendo noticia. Obama aparece a menudo con una escenografía similar y no es ningún problema. Lo mismo podríamos decir de un socialista francés. Pero esto es España. Venimos de una historia problemática y seguimos sin superar tensiones territoriales. Dos factores que siguen creándonos problemas con los símbolos comunes. Tarareamos un himno sin letra y colocamos al toro de Osborne como escudo… En España, en EEUU y en cualquier parte, las herencias de las guerras civiles tardan muchos años en olvidarse.

 

Borgenok

Ya hace unos meses hablaba aquí de Borgen, una serie política de culto (Borgen: lectura de Maquiavelo en Copenhage ) que bien podría convertirse en el manual de la nueva política española post 24-M. Ahora he recurrido a esta magnífica la serie danesa para mi vídeo dominical en Noticias Cuatro.

Muestro fragmentos del segundo capítulo de la primera temporada, aquel en el que asistimos a todo un mercadeo con ofertas y contraofertas de unos y otros partidos para tratar de formar gobierno. Un proceso al que están más que acostumbrado al norte de los Pirienos con resultados más que aceptables.

En España, los gobiernos de coalición y los pactos políticos con intercambio de “cromos” no gozan de buena fama. Somos un país con una larga tradición de espadones, pronunciamientos y dictaduras y parece que ese historial aún pesa demasiado en nuestra querencia por un poder fuerte, incluso en tiempos democráticos.

Sin embargo, la evidencia (como recuerda @VictorLapuente) indica que los pactos y coaliciones favorecen reformas más efectivas y duraderas y una menor corrupción porque unos se controlan a otros. Tampoco tienen por qué ser más inestables si suman una mayoría suficiente.

La Dinamarca de Borgen -con sus cambalaches ministeriales- disfruta de una de las rentas per cápita más altas del mundo, uno de los indices de desigualdad más bajos; siempre aparece como un país modélico sin apenas corrupción y, por si todo esto fuera poco, los daneses se declaran los más felices de Europa. Y eso a pesar de ese horrible tiempo que tienen por allí.

 

ship-in-storm

Rajoy ha repetido hasta la saciedad el mensaje de la recuperación, pero le ha servido de muy poco en las elecciones autonómicas y municipales del 24 de mayo. Sin duda el PP contaba con caer desde sus extraordinarios resultados de 2011. Pero no tanto. Sí, pensaban que tendrían que pactar con Ciudadanos aquí y allá. Pero no que iban a perder el poder en 8 de las 12 comunidades donde gobernaban.

El mensaje de la recuperación no ha sido suficiente para contrarrestar el de la corrupción. Las tres comunidades donde más ha caído el paro en el último año -Baleares, Madrid y Comunidad Valenciana- han sido las comunidades donde más votos ha perdido el Partido Popular (tenemos que sumar aquí a Murcia). ¿Es pura casualidad que esas mismas tres comunidades hayan sido las que han generado más escándalos de corrupción en los últimos años?

El diagnóstico es unánime. Y lo comparte hasta el propio Rajoy. Esta vez la corrupción SÍ se ha pagado en las urnas. Sobre todo -sospechamos. porque la profunda crisis económica hace aún más intolerables estos comportamientos.

¿Qué puede hacer ahora Rajoy? Poco, como no sea mirarse al espejo y marcharse. Y quizá eso tampoco salvaría al PP. La mancha de la corrupción sólo se lava con caras nuevas de arriba a abajo. Y lleva tiempo -que se lo pregunten al PSOE-,  mucho más tiempo que los escasos cinco o seis meses que quedan de aquí a las elecciones generales.

La pérdida de poder ha sembrado el desconcierto en el partido. Parecía un buque herido a la deriva. El galeón del PP -y entramos ya en la metáfora de mi vídeo dominical en Cuatro– navega hacia un cabo de Hornos electoral. La tempestad del 24 de mayo ha abierto enormes vías de agua. El capitán sigue encerrado en su camarote de la Moncloa. Crujen las cuadernas. Rumores de motín recorren la cubierta. Los marineros genoveses dan órdenes contradictorias. Un puñado de oficiales -Herrera, Bauzá, Fabra, Rudi- descuelgan las chalupas para abandonar el barco. La vigía de “occidente” Aguirre se balancea en las jarcias del velamen.

¿Qué hacer? ¿Arrebatar el mando al capitán? ¿Girar a babor? ¿Tirar por la borda a la contramaestre Cospedal?

No hay tiempo para una maniobra evasiva. El capitán ha decidido atarse al timón. Morirá, si es preciso, fiel al rumbo marcado. Doblará el cabo de Hornos o se estrellará contra las rocas. Sólo le queda rezar para que amaine la tempestad. Que cale día a día el mensaje de la recuperación. Rajoy cuenta, una vez más, con el tiempo. Pero esta vez le queda muy poco.

 

Thatcher se va Rajoy mira a su espalda
Maggie se despide de Downing Street                              Más le vale a Rajoy mirar a su espalda

“It´s the economy, stupid” fue el famoso lema que el estratega electoral James Carville escribió en la pizarra del cuartel general de la campaña de Bill Clinton en Little Rock (Arkansas) en 1992. La intención de Carville era que nadie se desviara del foco de la campaña. La crisis económica estaba derumbando a un ritmo acelerado la presidencia de George H. W. Bush (senior). Quién lo iba a decir un año antes de las elecciones cuando la aprobación popular alcanzaba sus cotas más altas por la victoria en la guerra del Golfo (1991).

“Es la economía, estúpido” se ha convertido desde entonces en un estereotipo político. Un modelo para la victoria. El énfasis en el mensaje económico sirvió para que la campaña de un desconocido gobernador de un estado, Arkansas, de escaso peso en el conjunto de la unión culminara en el éxito que le llevó a la Casa Blanca. Y eso ha pesar de la ristra de “escándalos” que le fueron descubriendo a lo largo de la campaña. Para los yonkis, como yo, de la política norteamericana dejo aquí íntegro uno de los reportajes sobre aquella campaña, The War Room. Que nadie se pierda al extraordinario personaje que es James Carville llorando ante su equipo cuando faltan menos de 24 horas para la victoria. Está a partir del 1:14:30. El acentazo de Luisiana de Carville no siempre facilita la comprensión, pero creo que eso no resta emoción a la escena.

Ahora Mariano Rajoy se cree igualmente blindado por la economía. Tanto ante los electores como ante sus huestes. Es cuestión de tiempo. Sólo falta que cale el mensaje [1]. Pero la economía puede NO ser suficiente. “No es SÓLO la economía, estúpido”. Ni ante las elecciones ni ante el debate interno. Se dan las condiciones, cree el politólogo Lluis Orriols, para que broten las conspiraciones internas. En contra de lo que pueda pensarse, la conspiración de un partido contra el jefe de Gobierno no aparece cuando la economía va mal o la derrota es segura, sino cuando existen opciones de victoria. Uno no se embarca en la arriesgadísima jugada de desafiar al líder del partido y del Gobierno para convertirse en líder de la oposición. Orriols desarrollaba esta idea en un artículo en El País (21/04/2015), Rajoy y el debate sucesorio.

La observación me pareció muy interesante y quedé con él para comentarlo en mi vídeo del domingo en Noticias Cuatro. Le añadí unas gotas de la conspiración por antonomasia, la de Julio César, porque este año los idus de marzo se han trasladado al mes electoral de mayo. Veremos qué pasa después si hay una debacle del PP… Cierto que, por ahora, no veo alrededor de Rajoy conspiradores con peso político como Nigel Lawson, Michel Heseltine o el Geoffrey Howe que jugó el papel de Marco Bruto en el asesinato de su jefa. Pero, como dice Orriols, tampoco Thatcher pensaba que se iban a atrever a descabalgarla y mira lo que pasó… Mariano, guárdate de los idus de mayo.

A los yonkis de la política británica (que quizá coincidan con los de la política norteamericana y con los aficionados a House of Cards) les recomiendo esta breve pieza de Andrew Marr sobre la caída de la Dama de Hierro. Absténganse “antithatcheristas”. El material es de la BBC, así que no sé cuánto tiempo tardarán en levantarlo…

[1]-Por cierto, Bush senior perdió las elecciones en el 92 pese a que los primeros signos de recuperación económica empezaban a florecer. Los electores tardaron en percibirlos. Su hijo, George W , siempre le atribuyó una cuota de la derrota paterna al entonces presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan por no aflojar su política monetaria.

Pablo Iglesias vista alegre
Pablo Iglesias, preparado para asaltar el cielo desde Vistalegre

“El cielo no se toma por consenso sino por asalto”.

La frase -pronunciada en octubre de 2014 en el Palacio de Vistalegre- le sirvió a Pablo Iglesias para rechazar las propuestas de consenso y liderazgo compartido que proponía el sector crítico de Podemos. No era una metáfora casual. La expresión “asaltar los cielos” tiene una larga trayectoria en la retórica marxista. La secretaria de Pasionaria, Irene Falcón, tituló así sus memorias en 1996 -por cierto, escritas a dos manos con Jesús Montero, el ahora secretario general de Podemos en Madrid-; en esas fechas, Javier Rioyo le puso ese título a su excelente documental sobre Ramón Mercader, el asesino de Trotsky; y ahora José Ignacio Torreblanca, profesor de Ciencia Política en la UNED, elige el mismo título para su libro sobre Podemos: Asaltar los cielos. Podemos o la política después de la crisis. Debate, 2015.

En el prólogo nos recuerda que el origen de la expresión hay que buscarlo en la carta de Marx a Ludwig Kugelmann a propósito de la Comuna de París (1871):

“De cualquier manera, la insurrección de París, incluso en el caso de ser aplastada por los lobos, los cerdos y los viles perros de la vieja sociedad, constituye la proeza más heroica de nuestro partido desde la época de la insurrección de junio. Comparese a estos parisienses, prestos a asaltar el cielo (diesen Himmelsstürmern von Paris), con los siervos del cielo del sacro Imperio romano germánico-prusiano, con sus mascaradas antediluvianas, que huelen a cuartel, a iglesia, a junkers y, sobre todo, a filisteísmo”.

Marx a su vez la habría tomado del Romanticismo alemán. De Hölderlin y su Hyperion (Libro I, capt 14):

“¡Pero cálmate, corazón! ¡Estás desperdiciando tus últimas fuerzas! ¿Tus últimas fuerzas? ¿Y tú, tú quieres asaltar los cielos? (und du, du wilst den Himmel stürmen?)”

Lenin la volvió a utilizar en su prefacio a la edición rusa de las cartas de Marx a Kugelmann como reproche a los intelectuales rusos que no supieron ver en la revolución de 1905 una oportunidad histórica porque, según ellos, no se daban las “condiciones objetivas” descritas por Marx.

“Como veremos a lo largo de este libro -señala Torreblanca- la identificación de Pablo Iglesias con esta recomendación de Lenin de aprovechar, con inteligencia y audacia, las circunstancias existente es recurrente, ya que en sus escritos, discursos e intervenciones se encuentran numerosas referencias tanto a la audacia de Lenin como al anquilosamiento de sus colegas de Izquierda Unida, incapaces de soñar y, por tanto, incapaces de aprovechar las circunstancias favorables al cambio que según él se estaban dando en España en estos momentos”.

En 200 páginas, el profesor Torreblanca recorre los orígenes intelectuales, las experiencias y la estrategia de lucha y comunicación de los fundadores de Podemos y conjuga las claves para entender su exitosa irrupción en el contexto de la crisis económica, social, política y moral de España. He hablado con él para este vídeo de Noticias Cuatro sobre Podemos y tambiñen sobre la caída que ahora sufre en las encuestas mientras se dispara el nuevo fenómeno de moda, los Ciudadanos de Albert Rivera. Naturalmente, el interés de Asaltar los cielos excede con mucho lo que cabe un vídeo de informativos. Ahí van algunas  observaciones interesantes.

Torreblanca asaltar los cielos
El politólogo José Ignacio Torreblanca, autor de “Asaltar los cielos”

Tomar las colinas

“Podemos es el fenómeno más importante acaecido en la política española en los últimos treinta años”. Cierto. Por sus consecuencias en el sistema de partidos y por una aparente contradicción demoscópica: ¿cómo es posible que los españoles, que se ubican mayoritariamente en el centro, están dispuestos a votar como primera fuerza política a un partido montado hace cuatro días por profesores neomarxistas, al que esos mismos electores situan a la izquierda de Izquierda Unida?

No es nada extraño, dice Torreblanca, porque la crisis está tranformando en toda Europa la política tradicional con sus viejos anclajes partidistas. Cita un premonitorio artículo de la socióloga Belen Barreiro del que ya hablamos en su tiempo en este vídeo de Noticias Cuatro. Crisis, desigualdad, corrupción… La ciudadanía une la línea de puntos de tres elementos que estaban desagregados: “Lo que la corrupción hace es permitir a la gente establecer un vínculo directo de responsabilidad entre su mala situación económica, la mala situación del país y la actuación corrupta de los políticos”. Traducido al lenguaje que se puede oír en un taxi: “estos mangantes nos están arruinando mientras ellos siguen bien calentitos”. Con este estado de ánimo, el concepto de “casta” entra solo.

“Las palabras son como colinas en el campo de batalla”, suele decir Íñigo Errejón y recoge Torreblanca. “Si las dominas, tienes ganada la mitad de la guerra”. “El secreto de Podemos no es otro que haber sabido conectar con el estado de ánimo de la gente… Podemos es, antes que nada, el partido de los indignados. Pero ahí no queda todo; en política, tan importante es lo que se dice sobre algo como la capacidad de capturar la agenda política y mediática y lograr que ésta se articule en torno a los temas en los que cada actor es fuerte”. El programa importa menos que las emociones.

De Marx a Mas

Crisis, desigualdad, corrupción… “No hacía falta ser marxista para ver que en España existían desde hace tiempo las condiciones objetivas para la aparición de un fenómeno” como Podemos. Aprenden de Marx y de Mas. Aunque ahora el independentismo catalán vea la formación de Iglesias como un caballo de Troya del españolismo, no deja de ser interesante el parecido que apunta Torreblanca entre ambos movimientos. Los dos ven la crisis como una oportunidad para reconfigurar la agenda política y transformarla en relato victimista. Cataluña frente a España. El pueblo, la “gente decente”, frente a la élite, la “casta”.  Ambos cabalgan sobre la emoción y hacen una oferta ilusionante a una ciudadana que no encuentra respuestas en la oferta tradicional de los partidos tradicionales.

La inspiración italiana

Hablamos mucho de Venezuela, pero Italia es una referencia fundamental y no sólo porque Beppe Grillo fuera el primero que en sus inflamados discursos popularizó el término “casta” -tomado del libro de dos periodistas sobre la clase política italiana. La tesis doctoral de Pablo Iglesias, leída en 2008, se titula Multitud y acción colectiva posnacional. Un estudio comparado de los desobedientes: de Italia a Madrid (2000-2005). “Las estrategias movilizadoras y discursivas del movimiento italiano antiglobalización Tute Bianche constituye uno de los objetos de estudio centrales de la tesis de Iglesias”, señala Torreblanca al igual que la teoría de la hegemonía de Gramsci “constituye la columna vertebral de Podemos”. La flexibilidad teórica del PCI y “su capacidad de conectar con las clases populares sería lo que más llamaría la atención de Pablo Iglesias y lo que sin duda condicionaría su diseño de Podemos”. El activista y teórico Toni Negri también capta su interés por sus hipótesis sobre cómo movilizar a las multitudes en sociedades que han dejado ya muy atrás la lucha obrera clásica. En definitiva, “Italia es, pues, más que ningún sitio, la principal referencia geográfica e intelectual de Pablo Iglesias”, sostiene Torreblanca.

gramsci
Siempre Gramsci (el rostro que cubre el logo de Apple en el pc de Monedero)

Lo que aprendí de Chávez

Al italianizante Pablo Iglesias se suman las piezas que aporta la experiencia latinoamericana de Monedero y Errejón, según cuenta Torreblanca en uno de los capítulos más sugerentes de su libro porque muestra cómo fueron encajando en un mismo mecanismo político “tuercas” tan diversas como Lenin, Gramsci, Chávez, Laclau, los antiglobalización, el 15-M, el movimiento de los afectados por las hipotecas…

Frente al cosmopolitismo de Negri, frente a la lógica marxista que identifica las identidades nacionales como artefacto que “enmascaran las verdaderas identidades, que son de clase”, Chávez les descubre la fuerza del concepto de “patria”:

“Aunaba los dos elementos claves de un proyecto político populista: el hipérliderazgo personal y un marco referencia de corte patriótico-nacional… No tenemos una patria libre-dijo Chávez-, la mancillaron tanto traidor y tanto corrupto y por eso tenemos que hacerla de nuevo”. En 1998 ganó las elecciones y puso en marcha un proceso constituyente con el objetivo de “devolver la decencia” al país. De Latinoamérica, de Chávez, de Bolivia, de Ernesto Laclau, procede el uso y el énfasis de Pablo Iglesias en su concepto de “patria”, un vocablo extraño hasta ahora a la fraseología de la izquierda en España.

Cosas que enseña un desahucio

Si el 15-M fue importante porque reveló a los fundadores de Podemos que se abría una grieta en el sistema, el movimiento de la Paltaforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) resultó crucial en el análisis de los profesores madrileños de Podemos.

“Al comienzo de la crisis, los desahucios no generaban una reacción de indignación… un deshaucio no era un hecho político, sino una consecuencia de decisiones personales equivocadas o de mala suerte. Lo que la PAH consiguió gracias al liderazgo de Ada Colau es resignificar la cuestión de la pérdida de la vivienda para que no se atribuyera al individuo sino al fracaso de un sistema injusto: mientras los bancos eran rescatados (en realidad, las cajas), las personas no”, escribe Torreblanca y añade una cita de Pablo Iglesias: “Hacer una política redical es crear contradicciones al enemigo y eso es, sin grandes proclamas revolucionarias, lo que ha conseguido la PAH: que la mayoría de los ciudadanos de este país estén de acuerdo con ellos cuando llaman `criminales´ a las entidades financieras. ¡Eso sí que es política radical!”.

La PAH demostró que se podían desbordar los límites tradicionales de la izquierda; que una mayoría estuviera de acuerdo en que el sascrosanto derecho a la propiedad privada estaba por detrás del derecho a una vivienda digna, como señala Pablo Iglesias en esta interesante charla a jóvenes comunistas en  Zaragoza que Torreblanca cita más de una vez en “Asaltar los cielos”. Atención, porque es de mayo de 2013 -casi un año antes de que decidiera convertirse en candidato político- pero ahí está todo.

Harto de perder

A muchos nos sorprendió el mensaje de Pablo Iglesias habló la noche de su entrada en Europeo. En vez de celebrar su inesperado éxito -en cuatro meses pasaron de la nada a más de un millón de votos y cinco eurodiputados-, se lamentaba por no haber ganado. No era sólo un recurso retórico. Marcaba una importante diferencia con sus antiguos compañeros de Izquierda Unida. “A mí -dijo Pablo Iglesias en una ocasión- no me gusta perder, ni a las chapas: estoy hato de perder”. Y añade Torreblanca: “Para Pablo Iglesias y sus compañeros, IU había desaprovechado un momento histórico [en las elecciones de 2011]… España estaba en lo que denominaba `un momento comunista´. ¿En qué consistía? `Los comunistas -dijo Iglesias- nunca ganarían en unas elecciones en momentos de normalidad; sólo lo pueden hacer en momentos de excepcionalidad como los que vivía España en dichos momentos… la crisis hace saltar los conceptos existentes´, explicó Iglesias. Y aclaró: `Para que un golpista como Chávez gane unas elecciones tienen que haber saltado los consensos por detrás sobre los significados básicos´. Pero los líderes del Partido Comunista se habían convertido en régimen, señaló Iglesias, `gente que se conforma con la medalla de bronce´y que ni siquiera se plantea ganar unas elecciones  porque en el fondo `todo lo que les preocupa es ser de izquierdas auténticos , no ganar´”.

Quizá la fosilización de IU se entienda mejor si recordamos una escena que no me esperaba. Ocurrió cuando las teles empezábamos a cubrir los desahucios. Junio de 2011. El líder de IU Cayo Lara se acerca a solidarizarse con una familia al borde del desahucio en el barrio de Tetuán en Madrid. ¿Y qué ocurre? Que le abuchean, le gritan oportunista y le lanzan una botella de agua y le gritan “oportunista”. Ahí van dos fragmentos muy elocuentes.

La facultad de Políticas de la Complutense, los platós de televisión… Hay mucho más en el libro de José Ignacio Torreblanca, incluidas ocasionalmente sus opiniones. No están de más, sobre todo cuando buena parte de los antagonistas que han tenido hasta ahora no pasaban de patanes de tertulia. Dejo una en la que abandona su estilo investigativo sine ira et studio y les atiza con Karl Popper:

“El lenguaje bélico [de Podemos] es la antesala de una sociedad polarizada llena de ganadores y perdedores donde la ética se supedita a la necesidad de la victoria, no a principios democráticos aceptables por todo el mundo. Quizá Podemos debería cambiar su lectura de la historia de España y, por decirlo en sus propios términos, entender que dejar el boxeo y aceptar jugar al ajedrez ha sido el gran logro de la Constitución del 78. En lugar de Gramsci, los líderes de Podemos quizá podrían comenzar a leer a Karl Popper, el teórico de las sociedades abiertas en las que vivimos, quien defendió que toda convivencia debe estar organizada sobre la aceptación de que todo el conocimiento humano es necesariamente falible, contingente y limitado, que nadie está en posesión de la verdad, y que ésta debe ser descubierta de forma colectiva y negociada”.

Como solían decirme cuando estudiante: el que quiera saber más que vaya a Salamanca… o que compre y lea el libro de José Ignacio Torreblanca.

 

 

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Esa mano en la nuca… La “retención” de Rodrigo Rato

En mayo de 1994, el Gobierno de Felipe González vivió quizá los peores quince días de su última legislatura. Todo empezó con la fuga del exdirector de la Guardia Civil, Luis Roldán, cuando se le estaba investigando por corrupción. En días sucesivos dimitió el ministro del Interior por la fuga de Roldán; el ministro de Agricultura, Vicente Albero, por fraude fiscal; los diputados Corcuera y Solchaga; y la policía detuvo ni más ni menos que al exgobernador del Banco de España, Mariano Rubio, y al exsíndico de la Bolsa, Manuel de la Concha, por el caso Ibercorp.

La detención de Rubio -ordenada por el entonces fiscal jefe de Madrid, Mariano Fernández Bermejo, y luego ministro de Justicia de Zapatero- fue entendida como el coletazo ejemplar de un gobierno que daba boqueadas en un charco de corrupción. Se llevó a cabo cinco días después de la fuga de Roldán. Era la gota que colmaba el vaso: el otrora respetado, temido y elogiado gobernador del Banco de España, el hombre que firmaba los billetes, el poderoso representante de la beautiful people socialista ¿era un defraudador fiscal? A la cárcel con él… Entonces se enviaba al personal relevante a prisión preventiva invocando con magnanimidad el amiguo concepto de “alarma social”. Apenas veo que se utilice ahora.

mariano rubio
Mariano Rubio, aguantando ante la comisión del Congreso

Rubio pasó 12 días en prisión. En la cuenta opaca le encontraron unos 780.000 euros. Su caso fue adelgazando en la instrucción hasta quedarse en un delito de falsedad que no se sustanció en ningún juicio porque Mariano Rubio murió de cáncer antes de la vista oral. De todo el asunto, lo más recordado es aquella sonada comparecencia parlamentaria en la que destacaron el socialista Hernández Moltó -“Señor Rubio, míreme a los ojos”- y la diputada Rudi cual princesa de Éboli por su parche en un ojo. Hernández Moltó -dicho sea de paso para quien no lo recuerde- está ahora imputado por la gestión de Caja Castilla-La Mancha.

Con Rodrigo Rato podemos estar ante otro nuevo caso Rubio por el espectáculo de su detención momentánea a la hora de los informativos o, quizá, ante otro de los casos que más daño hizo -si no el que más- al felipismo: el caso Roldán.

roldán a juicio
Luis Roldán, conducido ante la Justicia

Lo de Luis Roldán fue el colmo: que el jefe de la Guardia Civil fuera un ladrón y además se fugara resultó devastador para la imagen del Gobierno socialista. Es en este sentido político y electoral y no en los delitos ni en los dineros donde veo el parecido razonable: que quien fuera en otro tiempo látigo de evasores fiscales haya resultado ser él mismo un evasor fiscal; que el elogiado, respetado y ensalzado Rodrigo Rato era todo mentira. Y no vale de nada decir que hace tiempo que Rato no es del PP o que hace años que no ocupa cargo público alguno. Rodrigo Rato es la historia viva del PP aznarista en su mejor momento. El autor del “milagro económico” del PP que a la vuelta de los años ha devenido en pesadilla y latrocinio por doquier.

De esto va mi vídeo dominical en Noticias Cuatro.

Por cierto, que al PSOE de FG no le sirvió de nada el escarmiento ejemplar en la persona de Rubio. Dos años después perdía las elecciones ante el PP de Aznar. Ahora la víctima sacrificada en el altar de la indignación se llama Rodrigo Rato, pero me temo que la diferencia esta vez es que la alternativa no es el otro gran partido de la oposición sino los nuevos “purificadores” que asedian la fortaleza del bipartidismo. A esto pónganle la música de Juego de Tronos. “Le hemos entregado el poder a Podemos”, cuenta hoy Raúl del Pozo que le dicen algunos dirigentes del PP. No sé si a Pablo Iglesias o a Albert Rivera… Con coleta o sin coleta, los “bárbaros” están a las puertas gracias a la inestimable ayuda de los que están dentro. Bárcenas, Pujol, Urdangarín y la Infanta, el saqueo de los ERE y ahora ni más ni menos que Rato… Resulta que los antisistema estaban dentro del sistema.

Una precisión: el plano de escucha de Rodrigo Rato mientras Aznar dice que el PP ha acabado con la corrupción procede del archivo con la realización propia del PP; no es un inserto malintencionado. Resulta desolador pensar que, mientras Aznar decía estas cosas, Bárcenas andaba cobrando sobornos y repartiendo sobres; Correa hacía de las suyas en los territorios políticos del PP etc, etc, etc. ¿Era todo mentira o también cinismo?