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“LET’S MAKE AMERICA GREAT AGAIN”

La elección de Donald Trump ha causado tal estupor que Ronald Reagan y George Bush Jr. empiezan a ser considerados razonables estadistas por quienes les detestaban. Si desde finales de los 70, el espectro político de EEUU empezó a experimentar un corrimiento hacia el rojo -por seguir el color asignado a los republicanos en las teles americanas-, Donald Trump lo ha llevado en 2016 al infrarrojo. Como si cada cierto tiempo el Grand Old Party necesitara dar un paso aún más a su derecha para encontrar -no el abismo que le auguran- sino el camino de vuelta a la Casa Blanca.

La victoria de Trump se levanta sobre el miedo, la nostalgia y el resentimiento de los “angry white men“. Aquellos que se ven a si mismos como una especie en extinción y sueñan con recuperar una América idílica que sólo existió en las estampas de Norman Rockwell. El paraíso perdido se sitúa allá en los 50, cuando solo pensar que algún día de marzo de 2016 en Carolina del Norte discutirían sobre el servicio que debían usar los transexuales no entraba ni entre las más remotas elucubraciones de la ciencia ficción política.

En ese viaje Back to the Future, Trump ha despreciado tanto a las élites tradicionales del conservadurismo como a los politólogos que llevan años vaticinando el irremisible declive de los republicanos si no son capaces de ampliar su base étnica. Todo lo contrario. A la mierda con los hispanos, los negros y los progres… El candidato republicano se ha entregado a la estrategia electoral que propugna la franja derechista más extrema: reivindicar la venganza del hombre blanco de las vastas praderas de América. Una estrategia que no ha hecho ascos al apoyo de una nueva versión de la extrema derecha, una subcultura conocida últimamente como “alt-right”. En el estilo sin complejos de Trump han encontrado un candidato que sólo existía en sus delirios más calenturientos. Estos son algunos de sus elementos más conspicuos.

ALT-RIGHT

Expresión abreviada de “alternative right”, la “derecha alternativa”. The Week la define como “una disparatada mezcla de neonazis de toda la vida, militantes de las teorías de la conspiración, jóvenes de ultraderecha que trolean en internet; todos unidos en la creencia común de que la identidad blanca y masculina está amenazada por las fuerzas del multiculturalismo y la corrección política”. Un movimiento marginal, reciente, de contornos tan difusos que la Wikipedia necesita de una generosa lista de atributos para  definirlo: nacionalismo, racismo, islamofobia, antifeminismo, homofobia, antisemitismo, xenofobia, populismo derechista, tradicionalismo… Un exreportero de las comunidades online en Los Angeles Times lo simplifica:”racismo con una estrategia de marketing online”. Las cruces en llamas del Ku Klux Klan, transformadas en memes de internet.

“Este movimiento político relativamente nuevo”, dice la BBC, “es popular sobre todo entre los jóvenes. Amorfo y difícil de definir. Sus simpatizantes comparten tanto el rechazo tanto a la ideología de izquierda como el conservadurismo tradicional”. Cuando en la pasada campaña Hillary Clinton mencionó a los “alt-right” en un mitin de agosto, los adeptos al fenómeno se lo tomaron como su bautismo oficial en el campo de batalla de las guerras culturales estadounidenses.

El término se atribuye al racista Richard Spencer, 38 años, licenciado en Historia, nacido en Boston, criado en Texas, residente en Montana y fundador de la web Alternative Right, un sitio plagado de teorías raciales y genéticas pseudocientíficas donde se plantea, por ejemplo, si es correcto el genocidio de los negros. Spencer lo habría utilizado por primera vez en 2008 para describir a los derechistas que se sienten “olvidados y alejados, intelectual, emocional y espiritualmente del conservadurismo americano”.

Pero han sido jóvenes ultras quienes han popularizado la expresión abreviada “alt-right” en las redes sociales. Según un artículo reciente de la Columbia Journalism Review, no podemos hablar de un movimiento político, porque, entre otras razones, no resulta fácil distinguir cuánto hay de militancia y cuánto de simple ánimo provocador: “Por la naturaleza nebulosa de sus comunidades anónimas online, nadie puede estar seguro de quiénes son los “alt-righters” y qué les motiva. Tampoco está claro quienes entre ellos son verdaderos creyentes y quienes son gamberros que buscan la provocación”.

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El racista Richard Spencer acuñó el término “alternative right” 

[Actualizo de nuevo esta entrada con el numerito nazi que montó Richard Spencer en Washington el 21 de noviembre celebrando la victoria de Trump…]

BREITBART NEWS

Breitbart News es la plataforma de la “derecha alternativa”, según su director ejecutivo Steve Bannon, quien -y esto es lo aterrador- ha acabado dirigiendo la campaña de Donald Trump.  Veterano de larga trayectoria como comentarista y documentalista en las guerras culturales de América, Bannon ha convertido el conglomerado Breitbart en “el Pravda de Trump”.

La plataforma (http://www.breitbart.com/ ) fue fundada en 2007 por Andrew Breitbart, editor, columnista y furibundo polemista conservador fulminado por un infarto a los 43 años. Breitbart, hijo adoptivo de una familia judía, creció en Hollywood. Pronto abandonó sus iniciales inclinaciones izquierdistas al experimentar, según sus propias palabras, “una epifanía” durante el tortuoso proceso de confirmación para el tribunal supremo al que se vio sometido en el senado el juez conservador Clarence Thomas, acusado de acoso sexual por una antigua colaboradora.

La plataforma de Breitbart es herdera por línea directa del Drudge Report, el agregador de noticias que destapó el escándalo Lewinsky, el célebre caso que por poco no acabó de manera infame con la destitución del presidente Bill Clinton. Da cobijo a todo tipo de teorías conspirativas y se vende con titulares como “La anticoncepción trastorna y afea a las mujeres”.

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Andrew Breitbart

Steve Bannon recogió la antorcha de Breitbart en 2012 con la misión declarada de “profesionalizar” a la franja más lunática y furiosa de la “derecha alternativa”. A Breitbart News acude todo aquel que considera demasiado respetuosa a la cadena Fox News. Bannon ha estado detrás de las campañas más sensacionalistas de la “alt-right”.  “Si hay una explosión o un incendio en algún sitio”, comenta el editor político de Breitbart en Washington, “Steve estará por ahí cerca con unas cerillas”.

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Steve Bannon

“A menudo hemos tratado de minimizar el racismo y el resentimiento que burbujea bajo la ‘cibersuperficie'”, escribía el otro día David Remnick, director de The New Yorker, en An American Tragedy. “Pero el ciclo informativo ha saltado por los aires. En Facebook, los artículos factuales de la prensa tradicional parecen iguales que los conspirativos artículos de los medios “alt-right”. Portavoces de lo indecible tienen ahora acceso a enormes audiencias… La prensa “alt-right” ha sido la suministradora de mentiras, propaganda y teorías conspirativas que Trump ha utilizado como el oxígeno de su campaña. Steve Bannon, una figura central de Breitbart, ha sido su propagandista y director de campaña”.

[Actualización: poco después de publicar esta entrada, Trump nombró a Bannon ni más ni menos que “estratega en jefe” de la Casa Blanca. Tendrá enfrente a un insider republicano, Reince Priebus, como jefe de Gabinete. En este perfil de The New York Times recuerdan la cruzada de Bannon contra el establishment republicano que representan tipos como Priebus y, de paso, su complicidad en la difusión de todo tipo de teorías consparanoicas -como la que acusa a la administración Obama de infiltraciín islamista para imponer la sharía en EEUU.]

MILO YIANNOPOPULOS

No deja de ser una paradoja y un síntoma de los confusos contornos del movimiento “alt-right” que una de sus figuras más conocidas sea un gay greco-británico de 32 años que vocifera contra el feminismo, el islam y el complejo de culpa que predica la izquierda occidental.

Colaborador principal en Breitbart, Milo alcanzó notoriedad por su cobertura del Gamergate en 2014, cuando una desarrolladora de videojuegos fue acusada de ofrecer favores sexuales a cambio de críticas positivas. En su opinión, según recoge la BBC, “la cultura de videojuegos había sido politizada por un ejército de programadoras feministas sociópatas y activistas, apoyados por dolorosamente políticamente correctos blogueros de tecnología estadounidenses”.

En la convención republicana del pasado verano, Milo y sus seguidores islamófobos celebraron un acto, “Gays con Trump”, en el que Yiannopoulos se presentó con un chaleco antibalas sobre una camiseta con el lema “We shoot back” ilustrado con un subfusil Uzi de color arco iris. Aquí tenéis el vídeo:

Milo y sus seguidores cabalgan sin problemas sus contradicciones. El provocador británico no oculta su atracción erótica por los “hombres negros altos” al tiempo que cuenta entre sus seguidores con algunos de los portavoces más racistas de la “alt-right”. En julio, Twitter expulsó definitivamente a Milo por su campaña contra Leslie Jones, la actriz negra de la nueva versión de Cazafantasmas.

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Milo Yiannopoulos, enfant terrible de la derecha alternativa

CUCKSERVATIVE

Expresión peyorativa convertida en moneda corriente por los “alt-righters”. Una fusión de “cuckold” y “conservative”. “Cuckold”, derivada de “cuckoo”(cuco), designa maridos cornudos y padres que crían sin saberlo hijos que no son biológicamente suyos -por aquello de que el cuco pone sus huevos en nidos ajenos. Hay quien lo ha traducido al español como “cornuservador”, pero por ahora no ha hecho fortuna frente al célebre “maricomplejines” acuñado por Jiménez Losantos.

El termino también tiene tonos racistas en EEUU. “Cuck” se aplica a un género de porno interracial en el que un blanco contempla cómo su mujer mantiene relaciones sexuales con un vigoroso hombre negro. Los “cuckold” serían hombres blancos emasculados que se entregan a una suerte de masoquismo erótico.

Los derechistas alternativos señalan como “cuckservative” a los republicanos que “compran” las premisas de la izquierda. En especial a aquellos que en tiempo de campaña se adhieren a los valores sociales del conservadurismo -contra el aborto, los derechos LGTB, Darwin en las escuelas, etc- y luego, una vez elegidos, abandonan sus principios en las transacciones con la progresía política. En las primarias republicanas, el frustrado candidato Jeb Bush fue un blanco habitual del hashtag #cuckservative.

El concepto no es nuevo, la palabra sí. El hashtag #cuckservative no deja de ser una versión insultante y adaptada a las redes sociales para denominar a los viejos RINOs, Republicans In Name Only

THE RIGHT STUFF

“Somos blancos y no pedimos perdón”, así se se presenta el blog antisemita The Right Stuff y su podcast The Daily Shoa, uno de los focos de propaganda de la constelación mediática “alt-right” (junto con American Reinassance, VDare.com, The Daily Stormer, Political Cesspool o Danger & Play).

Hace un año The Right Stuff definía “alt-right” como “la derecha despojada de cualquier creencia supersticiosa en la igualdad humana y de cualquier admisión de la autoridad moral de la izquierda… Ya no aceptamos la autoridad de la izquierda a la hora de decidir quién es una buena persona y quién no. No me importa que me llamen racista, intolerante, homófobo o misógino. Eso es pura difamación de la izquierda y la izquierda es el mal. La izquierda ha usado con éxito esos epítetos para frenar la lucha de la derecha por sus principios. ¿Quieres ganarles? Deja de preocuparte por lo que te llaman y empieza a oponerte sin descanso”.

EL TRIPLE PARÉNTESIS

En 2014, el podcast The Daily Shoa empezó a insertar como efecto de sonido un eco siniestro cada vez que pronunciaban un nombre judío. El recurso tuvo su traducción visual en la blogosfera y en las redes sociales como un triple paréntesis que resaltaba los apellidos judíos -(((Cohen))), (((Weisman))), etc. Más aún. Hubo incluso una extensión del navegador Chrome que detectaba los nombres judíos de un texto y los enmarcaba automáticamente con el paréntesis triple. No pasó mucho tiempo antes de que Google prohibiera la extensión antisemita. Pero, para entonces, el primer símbolo que emerge de la “derecha alternativa” ya había llegado a las camisetas. “Así nace un símbolo del odio en 2016”, comenta el New York Times. “El efecto de sonido de un podcast se convierte en meme de twitter y extensión de un navegador antes de hacer su aparición en el mundo físico”.

Según el léxico de The Right Stuff, los nombres judíos reverberan a lo largo de la historia. El triple paréntesis señalaría el sempiterno poder destructivo de los judíos, según explicaron en un email los editores de este blog antisemita:

“El primer paréntesis representa la subversión judía del hogar y la familia provocada por la degeneración de los medios de masas. El siguiente paréntesis representa la destrucción de la nación por la inmigración masiva y el paréntesis exterior representa al sionismo y la judería internacional”.

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Amy Schumer, víctima del triple paréntesis

PEPE THE FROG

El meme, como vemos, es el arma favorita de propaganda y destrucción masiva de la subcultura “alt-right”. Además del hashtag “#cuckservative” y el (((triple paréntesis))), destaca últimamente Pepe the Frog, un popular personaje de cómic tomado al asalto por la derecha alternativa. En la pasada campaña, hasta el equipo de Clinton llegó a denunciar   a Pepe como nuevo icono del odio. Hillary contra la rana nazi.

Pepe the Frog es uno de los personajes de Boy´s Club, un cómic online creado por Matt Furie hace 11 años. Cuenta el día a día de cuatro monstruos adolescentes que matan el tiempo “bebiendo, oliendo y nunca pensando”. Escenas de la vida a los 20 años, resume Laurie. La frase mítica de Pepe es “feels good man” (que bien sienta), pronunciada mientras mea con los pantalones por debajo de las rodillas.

A partir de 2008, la rana Pepe se convirtió en un meme cada vez más popular en Myspace, Gaia Online y 4chan (sitio infame conocido como el “retrete de internet”). “Pepe servía a cualquier interpretación adolescente, héroe y antihéroe, un símbolo que se adaptaba a todos los altibajos vitales”, apunta The Daily Beast . En 2015, la rana verde era ya el meme más difundido en Tumblr. Y ha sido en este 2016, cuando la comunidad “alt-right” se ha apropiado de la rana versátil.

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Cuando Hillary Clinton calificó como “deplorables” a buena parte de los votantes de Trump; Donald Trump Jr. respondió en twitter con una imagen inspirada en el cartel de la película de Stallone The Expendables (Los mercenarios, 2009). En la imagen, Pepe the Frog acompaña a algunos de los rostros más destacados del equipo de Trump (ah, el del fondo a la derecha es el arriba mencionado Milo Yiannopoulosn junto a un vociferante Alex Jones, el “consparanoico” que atribuye los ataques terroristas del 11-S al propio Gobierno de EEUU).

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TRUMP: “PODRÍA DISPARAR A ALGUIEN EN LA 5ª AVENIDA Y ME SEGUIRÍAN VOTANDO”

“La elección de Donald Trump para la presidencia no ni más ni menos que una tragedia para la república Americana”, comenzaba David Remnick esta semana su  An American Tragedy. “un triunfo de las fuerzas, dentro y fuera, de la xenofobia, el autoritarismo, la misoginia y el racismo”. Remnick no disimula su indignación. Como director de The New Yorker, es un egregio representante de las élites mediáticas y cosmopolitas que detestan los votantes de Trump.

No es excepcional que nuestras democracias-espectáculo generen tipos como Trump. Tampoco es excepcional que exista  una  extrema derecha racista y xenófoba. Hasta ahora eran fenómenos marginales. Lo excepcional y lo preocupante es que en la democracia más madura, estable y educada del mundo, la encarnación más pura de la egolatría, el cinismo, la mentira, el desprecio, la vulgaridad, la ignorancia, el racismo, la xenofobia y la misoginia no echara para atrás a ni uno de los 60 millones de votantes que vienen apoyando a los republicanos en las últimas elecciones presidenciales (pido permiso para la licencia demoscópica, ya sé que no siempre son exactamente los mismos, pero lo importante es el número). Hace nueve meses Trump fue premonitorio: “Podría disparar a alguien en la 5ª avenida y la gente me seguiría votando”.

“Me gusta Trump”, hemos oído a sus votantes estos días, “porque habla claro, dice lo que nadie se atreve a decir, dice lo que yo pienso”. Y lo que dice no ha brotado por generación espontánea. Trump es el precipìtado de años y años de mentiras, propaganda y química conspirativa y de la derecha radical americana cuya última manifestación es el fenómeno “alt-right”.

“Que el electorado de manera plural”, escribe Remnick, “haya decidido vivir en el mundo Trump de vanidad, odio, arrogancia, mentira, temeridad y desprecio por las reglas democráticas es un hecho que llevara, inevitablemente, a todo tipo de declive y sufrimiento nacional… El 20 de enero de 2017 diremos adiós al primer presidente afroamericano -un hombre íntegro, con dignidad y espíritu generoso- y asistiremos a la toma de posesión de un estafador que apenas hizo nada para alejar el apoyo de las fuerzas de la xenofobia y el racismo. Es imposible no reaccionar en este momento con repugnancia y profunda preocupación”

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Hay que estar de acuerdo con Íñigo Errejón cuando reivindicaba ayer en el Escorial “la enorme honestidad intelectual de nuestra fuerza política” porque lo que hicieron  Iglesias, el propio Errejón, Irene Montero et al fue autoanalizarse en el diván que les ofrecía un curso veraniego de la Complutense.

Los profesores -metidos a emprendedores políticos de éxito estos dos últimos años- volvieron a vestirse de profesores ejercientes en un laboratorio de ideas que permitía citar sin complejos a Gramsci, su bloque histórico y guerra de posiciones o lanzar palabras como “parlamentarización” o “reflexividad”. La política no suele ser benevolente con los intelectuales, ni en España ni fuera de España; por eso resultaba inesperado que un grupo de politólogos cargados de jerga neomarxista haya tocado la fibra emocional de más de cinco millones de votantes

Y tal vez por eso -por su extraordinario éxito- hablar de sí mismos les encanta. Podemos es una fuerza narcisista como tantos fenómenos contemporáneos; del confesionario de reality televisivo a la explosión del selfie, de Cristiano Ronaldo a Donald Trump, de Snapchat a Instagram…

La terapia de grupo a la que se sometieron dejó más preguntas que respuestas. Todos partían de una hipótesis: el 26-J cierra ciclo y se impone “una ralentización del tiempo político”. Adiós a la aceleración histórica. El resultado electoral clausura la ventana de oportunidad. “La crisis de régimen que ha permitido la anomalía de Podemos se habría cerrado, el desempate del 26-J se habría resuelto más en favor de la Transición que del 15-M”, cree Errejón.

Y ¿ahora qué?

“Ahora toca pasar de partisanos a ejército regular”, apunta Iglesias, “y  nada nos garantiza que vaya a salir bien”. Llama la atención la querencia de los líderes de Podemos por unas metáforas bélicas que hasta ahora provocaban sarpullidos a la izquierda: “blitz”, “guerra relámpago”, “asalto de caballería al poder político”.

“De la guerra de movimientos pasamos a la guerra de posiciones”, continúa Iglesias citando a Gramsci -el italiano toma la metáfora de la I Guerra Mundial cuando los ejércitos pasaron de las grandes maniobras envolventes a quedar fijados durante años en las trincheras.

¿Cómo se resiste y gana en la guerra de posiciones?

Éste es el desafío que “acojona” a Iglesias. “La máquina de combate impresionante en la guerra de movimientos” que ha sido Podemos, puede que no funcione en la grisura y el aburrimiento de las trincheras: “El trabajo parlamentario puede ser maravilloso o el camino hacia el cretinismo político”. ¿Cómo se comportará el ejército regular? “De momento, hay buen rollo, pero no es fácil liderar un espacio compeljísimo con muchas personalidades y muchas culturas políticas”.

El único punto en el que ayer no tuvo dudas Iglesias fue en subrayar su programa socialdemócrata. Lo cual abre (o más bien continúa) otro frente en el flanco derecho de esta guerra de posiciones: la disputa por el lugar en la oposición entre Podemos y el PSOE, “un partido muy fuerte en el sur de España”, a juicio de Iglesias, que no puede evitar su característico desdén: “El Partido Socialista va a ser muy importante, pero no es el partido de los jóvenes, ni es el partido del futuro ni es el partido de la articulación territorial; nada que ver con el rol que jugó los últimos 40 años”.

El problema de Podemos es generar un “bloque histórico” -volvemos al manual de Gramsci-. Traducido por Errejón: ¿cómo puede crearse una nueva hegemonía político-cultural-electoral  que “compren” los sectores más dinámicos de la sociedad al tiempo que vence las reticencias y los miedos de los sectores que quieren ir más despacio hacia el cambio? Para entendernos, algo parecido a lo que consiguió el PSOE en 1982, cuando se ganó hasta el disputado y rural voto del señor Cayo. Complicado cuando no tienes a favor, dice Iglesias, a los principales productores de cultura política que son los medios de comunicación y cuando apenas gestionas instituciones.

Sí, las instituciones. Atención a una frase aún por digerir en Podemos: “Esa idiotez que gritábamos cuando éramos de extrema izquierda, `la lucha está en la calle y no en el Parlamento´ es mentira. Las cosas se cambian desde las instituciones”.

“No queda excluida la posibilidad de que Podemos gobierne en España”, concluye Errejón. “Pero el Podemos que gobierne será otra cosa más predecible, menos sexy, generará menos ilusión entre los sectores más movilizados, pero al mismo tiempo menos incertidumbre entre los sectores más retardatarios al cambio político”

Jerga de politólogo aparte, ¿no suena todo esto al viaje que el PSOE de Felipe González hizo en torno al año 1979?

La generación de Podemos aún busca su propio 1982.

 

 

 

 

 

Rivera iglesias

“¿Qué esperamos congregados en el foro?
Es a los bárbaros que hoy llegan”.

Esperando a los Bárbaros, Konstantino Kavafis

De todos los argumentos electorales de la larga campaña del 2015, ninguno más evidente que el de la brecha generacional. Si la muerte de Franco supuso una ruptura, las elecciones de 2015 anuncian otra. Sea cual sea el resultado, la generación de Pablo Iglesias y Rivera está aquí para quedarse. El poder se ejerce con complicidad generacional.

En el 75, la juventud nacida en los años 40 desplazó del poder a unos mayores que por edad eran colaboradores voluntarios o involuntarios con el régimen franquista o recordaban los fantasmas de la Guerra Civil. El cartel naif de Felipe ganó al de Carrillo.

Felipe cartel 1977

40 años después, -si permiten la demamogia- aquellos “chicos” del 77 peinan canas y se sientan en consejos de administración. Y ahora, como si los ciclos generacionales siguieran la regla biológica de los 40 (40 años de franquismo, 40 de ETA, 40 años de Transición…), una nueva generación nacida en tiempos constitucionales se dispone a asaltar los corredores del poder.

Dicen que los nuevos “hijos terribles” (Sloterdijk)  se alimentan de la frustración de una generación -la suya- convencida de que va a vivir peor que sus padres. Instalados frente a precarios, insiders frente a outsiders, indignados frente a integrados. Partidas dispersas de jóvenes bárbaros atacan los muros de la ciudadela que cobija al partido de los ancianos. Los sondeos dejan patente la escisión. El Partido Popular es la cuarta fuerza entre los más jóvenes y la primera entre los mayores de 65; Podemos, justo a la inversa.

Sin embargo, al PP le dan muchas probabilidades de ganar las elecciones marcando distancias con los demás.

Voilà. He aquí la paradoja de las elecciones de 2015: la juventud irrumpe en el paisaje político, pero serán los viejos quienes decidan el resultado. Los jóvenes piden paso, los viejos exhiben números. Más de 11 millones de españoles superan los 60 años. La juventud mantiene intacto su prestigio sesentayochista, pero le aplasta el peso de nuestra invertida pirámide poblacional.

pirámide población españa

No es un fenómeno exclusivo de España o de la vieja -más viaja que nunca- Europa. Incluso en un país relativamente joven como Estados Unidos -buenas tasas de natalidad e inmigración-, el cambio demográfico está redefiniendo la clase media:

“La clase media norteamericana” -señalaba recientemente el FT-, “está transformándose por el envejecimiento de la población. Los ciudadanos mayores van a jugar un papel cada vez mayor en la economía a medida que su peso crece en los sectores con ingresos medios y elevados. Los datos del Pew Research Center muestran que los hogares de más de 65 años han sido los que más han mejorado su posición económica en lo que va de siglo y, de hecho, los que más han mejorado desde los años 70”.

Pronto comprobaremos si en España se cumple lo que auguran los sondeos: que el bloque de votantes mayores de 60 se convierte en el más importante de la democracia española y, también hasta qué punto vota como un solo hombre o se dispersa.

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La demografía, como la geografía es el destino. ¿Qué políticas se imponen en una sociedad envejecida? En España, Rajoy ha recortado de todas las partidas importantes de gasto menos de una, la más grande, la partida de las pensiones, más de 110.000 millones de euros. En Alemania, la obsesión con los precios se atribuye al lejano espectro de la hiperinflación en la República de Weimar, pero seguro que también tiene mucho que ver con el miedo de un país de viejos ahorradores: nadie quiere ver cómo la inflación se come el capital que guarda para la jubilación. Reino Unido, Italia, toda Europa, incluso China serán en breve sociedades cada vez más envejecidas. ¿Hacia dónde se inclina la batalla presupuestaria en las sociedades envejecidas? ¿Cuáles son las prioridades? ¿Hay relación entre el déficit y la deuda de un país y la edad de sus votantes?

“…

¿Por qué calles y plazas aprisa se vacían
y todos vuelven a casa compungidos?
Porque se hizo de noche y los bárbaros no llegaron.
Algunos han venido de las fronteras
y contado que los bárbaros no existen.

¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?
Esta gente, al fin y al cabo, era una solución”.

Esperando a los bárbaros. El propio Pablo Iglesias recurre al célebre poema de Kavafis en su último libro. Hoy los bárbaros son los jóvenes indignados, son los jóvenes inmigrantes, pero el partido de los ancianos no parece muy dispuesto a abrir las puertas de la fortaleza. El 20-D veremos si se rompen los diques generacionales.

 

 

 

 

 

 

Justin Trudeau

El profesor de Harvard y exlíder de los liberales canadienses Michael Ignatieff (al que citábamos aquí hace un tiempo) escribe hoy una tribuna en el Financial Times que tiene su interés por escribirla quien la escribe y porque analiza dos formas contrapuestas de entender la política que encontramos con frecuencia en nuestras sociedades. Seguro que los perfiles que describe nos resultan familiares. Resumo lo esencial (y que cada uno le ponga nombres propios):

“Una de las habilidades esenciales de la política democrática es conocer la diferencia entre enemigo y adversario.  Un adversario quiere derrotarte. Un enemigo busca destruirte. Si tratas a tus oponentes como enemigos, la política será una continuación de la guerra y todos los medios estarán justificados. Si ves a tu oponente como un adversario, no todos los medios son válidos: buscarás convertir a tu adversario de hoy en el amigo o aliado de mañana.

El significado profundo de la victoria de Justin Trudeau en las elecciones generales de Canadá esta semana… es que demuestra cómo la política de adversario puede derrotar a la política de enemigos.

El candidato del Partido Liberal no sólo ha ganado porque los canadienses demanden un cambio de régimen; también porque quieren un cambio en la política. En vez de agitar la ira partidista de sus simpatizantes, pidió calma a la multitud enfervorecida: “los conservadores no son nuestros enemigos, son nuestros vecinos”, les recordó. Después de nueve años de rencor partidista en la política nacional, se escuchaba un nuevo tono…

Stephen Harper, el primer ministro conservador derrotado, era un maestro de la política de enemigos: atacaba el patriotismo de sus oponentes, recurría a asuntos que provocaban división en el electorado… Harper no inventó la política de enemigos, la importó de EEUU. Pero supo perfeccionarla en una democracia parlamentaria: atacaba a sus oponentes por lo que eran, no por lo que decían. Si les niegas legitimidad -ele derecho a ser escuchado-, no tienes que preocuparte de sus argumentos.

Lo que Harper descubrió es que la política de enemigos hace imposible ganarse nuevos aliados. También envenena tu legado. Harper era un político formidable -yo lo sé muy bien, me machacó en las elecciones de 2011- pero ahora que ya es historia, sólo los más fieles le recordarán con afecto…

El reto de Trudeau no es frustrar ese deseo de política amable y civilizada. En la política de adversarios, la ilusión que debe resistirse es la de creer que se puede seducir y atraer a tu campo a todo el mundo. Aprenderá -como aprendió su padre, Pierre Elliott Trudeau, tras su espectacular triunfo electoral de 1968- que un electorado no se deja seducir fácilmente, con qué rápidez la esperanza se vuelve desilusión. Aprenderá, como aprendió su padre, que gobernar es elegir y elegir es decepcionar.

Trudeau descubrirá pronto que la demanda de regeneración democrática invocada por su campaña puede ser un desafío a su propia autoridad como líder. Si un primer ministro quiere una vida tranquila, ata en corto a sus diputados. Si quiere reavivar la democracia parlamentaria, tendrá que aflojar las ataduras, permitir libertad de voto, dar poder a los comités parlamentarios, abrir la pueblo las puertas del parlamento, conectar con la ciudadanía online, hacer públicos documentos que fomenten el debate democrático y embarcarse en la peligrosa senda de la reforma electoral…”.

Después de leer el artículo de Ignatieff, mi primera reacción ha sido: ¿cómo me suena todo esto? Qué vieja es la política, ¿no? Cómo es capaz de recuperar cada cierto tiempo un relato antiguo y recurrente a una audiencia que necesita ilusiones.

Y ahora recordemos al primer y celebre Pierre Trudeau.

Borgenok

Ya hace unos meses hablaba aquí de Borgen, una serie política de culto (Borgen: lectura de Maquiavelo en Copenhage ) que bien podría convertirse en el manual de la nueva política española post 24-M. Ahora he recurrido a esta magnífica la serie danesa para mi vídeo dominical en Noticias Cuatro.

Muestro fragmentos del segundo capítulo de la primera temporada, aquel en el que asistimos a todo un mercadeo con ofertas y contraofertas de unos y otros partidos para tratar de formar gobierno. Un proceso al que están más que acostumbrado al norte de los Pirienos con resultados más que aceptables.

En España, los gobiernos de coalición y los pactos políticos con intercambio de “cromos” no gozan de buena fama. Somos un país con una larga tradición de espadones, pronunciamientos y dictaduras y parece que ese historial aún pesa demasiado en nuestra querencia por un poder fuerte, incluso en tiempos democráticos.

Sin embargo, la evidencia (como recuerda @VictorLapuente) indica que los pactos y coaliciones favorecen reformas más efectivas y duraderas y una menor corrupción porque unos se controlan a otros. Tampoco tienen por qué ser más inestables si suman una mayoría suficiente.

La Dinamarca de Borgen -con sus cambalaches ministeriales- disfruta de una de las rentas per cápita más altas del mundo, uno de los indices de desigualdad más bajos; siempre aparece como un país modélico sin apenas corrupción y, por si todo esto fuera poco, los daneses se declaran los más felices de Europa. Y eso a pesar de ese horrible tiempo que tienen por allí.

 

ship-in-storm

Rajoy ha repetido hasta la saciedad el mensaje de la recuperación, pero le ha servido de muy poco en las elecciones autonómicas y municipales del 24 de mayo. Sin duda el PP contaba con caer desde sus extraordinarios resultados de 2011. Pero no tanto. Sí, pensaban que tendrían que pactar con Ciudadanos aquí y allá. Pero no que iban a perder el poder en 8 de las 12 comunidades donde gobernaban.

El mensaje de la recuperación no ha sido suficiente para contrarrestar el de la corrupción. Las tres comunidades donde más ha caído el paro en el último año -Baleares, Madrid y Comunidad Valenciana- han sido las comunidades donde más votos ha perdido el Partido Popular (tenemos que sumar aquí a Murcia). ¿Es pura casualidad que esas mismas tres comunidades hayan sido las que han generado más escándalos de corrupción en los últimos años?

El diagnóstico es unánime. Y lo comparte hasta el propio Rajoy. Esta vez la corrupción SÍ se ha pagado en las urnas. Sobre todo -sospechamos. porque la profunda crisis económica hace aún más intolerables estos comportamientos.

¿Qué puede hacer ahora Rajoy? Poco, como no sea mirarse al espejo y marcharse. Y quizá eso tampoco salvaría al PP. La mancha de la corrupción sólo se lava con caras nuevas de arriba a abajo. Y lleva tiempo -que se lo pregunten al PSOE-,  mucho más tiempo que los escasos cinco o seis meses que quedan de aquí a las elecciones generales.

La pérdida de poder ha sembrado el desconcierto en el partido. Parecía un buque herido a la deriva. El galeón del PP -y entramos ya en la metáfora de mi vídeo dominical en Cuatro– navega hacia un cabo de Hornos electoral. La tempestad del 24 de mayo ha abierto enormes vías de agua. El capitán sigue encerrado en su camarote de la Moncloa. Crujen las cuadernas. Rumores de motín recorren la cubierta. Los marineros genoveses dan órdenes contradictorias. Un puñado de oficiales -Herrera, Bauzá, Fabra, Rudi- descuelgan las chalupas para abandonar el barco. La vigía de “occidente” Aguirre se balancea en las jarcias del velamen.

¿Qué hacer? ¿Arrebatar el mando al capitán? ¿Girar a babor? ¿Tirar por la borda a la contramaestre Cospedal?

No hay tiempo para una maniobra evasiva. El capitán ha decidido atarse al timón. Morirá, si es preciso, fiel al rumbo marcado. Doblará el cabo de Hornos o se estrellará contra las rocas. Sólo le queda rezar para que amaine la tempestad. Que cale día a día el mensaje de la recuperación. Rajoy cuenta, una vez más, con el tiempo. Pero esta vez le queda muy poco.

 

cameron

¿Quién dijo que las campañas electorales modernas tienen que “ser en positivo, tienen que “ilusionar”? Si la victoria de Cameron demuestra algo por encima de todo es la enorme eficacia de las campañas negativas: el discurso del miedo. Por ahí está señalando Cameron el camino del triunfo a Rajoy. Lo subraya el gran John Carlin en su análisis postelectoral en EL País. Y es de lo que hablo en mi vídeo dominical en Noticias Cuatro. La campaña negativa le sirvió a Suárez contra Felipe en el 79, a Felipe frente a Aznar en el 93, a Bush senior frente a Dukakis en el 88… Y, por lo que vemos, a Cameron frente a Milliband. ¿Le servirá a Rajoy?

De Carlin, recomiendo otro artículo de estos días pasados. Aquel en el que nos presentaba al Rasputín de los tories, Lynton Crosby, el hombre que, según The Guardian, ganó las elecciones para los conservadores.

Hablando de campañas negativas, ahí va (de propina) la tremenda y comentada portada del sensacionalista The Sun contra Ed Milliband. Quizá convenga recordar que The Sun, el periódico de Murdoch, sigue siendo el diario más vendido del Reino Unido con unos 2 millones de ejemplares.

save our bacon

La primera página es de antología. Tiene de todo. Desde una foto “criminal” del candidato laborista devorando un sándwich hasta titulares repletos de doble sentido con un énfasis especial en el cerdo y sus derivados: “bacon“, “pig’s ear“, “sarnie“, “porkies“. Traduzco libremente:

“Este es el destrozo (pig’s ear) que Ed ha infligido a un indefenso sándwich de panceta (sarnie). Dentro de 48 horas podría hacer lo mismo a Gran Bretaña. SALVEMOS NUESTRO BACON (salvemos lo importante, salvemos los muebles). No te tragues sus mentiras (porkies) y mantenle alejado”

Si tenemos en cuenta los orígenes judíos de la familia Milliband, esto tiene un inconfundible olor a nuestro viejo racismo quevedesco, cuando llamaba judío a Góngora y decía:

Yo te untaré mis obras con tocino
porque no me las muerdas, Gongorilla,
perro de los ingenios de Castilla,
docto en pullas, cual mozo de camino;

apenas hombre, sacerdote indino,
que aprendiste sin cristus la cartilla;
chocarrero de Córdoba y Sevilla,
y en la Corte bufón a lo divino.

¿Por qué censuras tú la lengua griega
siendo sólo rabí de la judía,
cosa que tu nariz aun no lo niega?

No escribas versos más, por vida mía;
aunque aquesto de escribas se te pega,
por tener de sayón la rebeldía.