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Pablo Iglesias vista alegre
Pablo Iglesias, preparado para asaltar el cielo desde Vistalegre

“El cielo no se toma por consenso sino por asalto”.

La frase -pronunciada en octubre de 2014 en el Palacio de Vistalegre- le sirvió a Pablo Iglesias para rechazar las propuestas de consenso y liderazgo compartido que proponía el sector crítico de Podemos. No era una metáfora casual. La expresión “asaltar los cielos” tiene una larga trayectoria en la retórica marxista. La secretaria de Pasionaria, Irene Falcón, tituló así sus memorias en 1996 -por cierto, escritas a dos manos con Jesús Montero, el ahora secretario general de Podemos en Madrid-; en esas fechas, Javier Rioyo le puso ese título a su excelente documental sobre Ramón Mercader, el asesino de Trotsky; y ahora José Ignacio Torreblanca, profesor de Ciencia Política en la UNED, elige el mismo título para su libro sobre Podemos: Asaltar los cielos. Podemos o la política después de la crisis. Debate, 2015.

En el prólogo nos recuerda que el origen de la expresión hay que buscarlo en la carta de Marx a Ludwig Kugelmann a propósito de la Comuna de París (1871):

“De cualquier manera, la insurrección de París, incluso en el caso de ser aplastada por los lobos, los cerdos y los viles perros de la vieja sociedad, constituye la proeza más heroica de nuestro partido desde la época de la insurrección de junio. Comparese a estos parisienses, prestos a asaltar el cielo (diesen Himmelsstürmern von Paris), con los siervos del cielo del sacro Imperio romano germánico-prusiano, con sus mascaradas antediluvianas, que huelen a cuartel, a iglesia, a junkers y, sobre todo, a filisteísmo”.

Marx a su vez la habría tomado del Romanticismo alemán. De Hölderlin y su Hyperion (Libro I, capt 14):

“¡Pero cálmate, corazón! ¡Estás desperdiciando tus últimas fuerzas! ¿Tus últimas fuerzas? ¿Y tú, tú quieres asaltar los cielos? (und du, du wilst den Himmel stürmen?)”

Lenin la volvió a utilizar en su prefacio a la edición rusa de las cartas de Marx a Kugelmann como reproche a los intelectuales rusos que no supieron ver en la revolución de 1905 una oportunidad histórica porque, según ellos, no se daban las “condiciones objetivas” descritas por Marx.

“Como veremos a lo largo de este libro -señala Torreblanca- la identificación de Pablo Iglesias con esta recomendación de Lenin de aprovechar, con inteligencia y audacia, las circunstancias existente es recurrente, ya que en sus escritos, discursos e intervenciones se encuentran numerosas referencias tanto a la audacia de Lenin como al anquilosamiento de sus colegas de Izquierda Unida, incapaces de soñar y, por tanto, incapaces de aprovechar las circunstancias favorables al cambio que según él se estaban dando en España en estos momentos”.

En 200 páginas, el profesor Torreblanca recorre los orígenes intelectuales, las experiencias y la estrategia de lucha y comunicación de los fundadores de Podemos y conjuga las claves para entender su exitosa irrupción en el contexto de la crisis económica, social, política y moral de España. He hablado con él para este vídeo de Noticias Cuatro sobre Podemos y tambiñen sobre la caída que ahora sufre en las encuestas mientras se dispara el nuevo fenómeno de moda, los Ciudadanos de Albert Rivera. Naturalmente, el interés de Asaltar los cielos excede con mucho lo que cabe un vídeo de informativos. Ahí van algunas  observaciones interesantes.

Torreblanca asaltar los cielos
El politólogo José Ignacio Torreblanca, autor de “Asaltar los cielos”

Tomar las colinas

“Podemos es el fenómeno más importante acaecido en la política española en los últimos treinta años”. Cierto. Por sus consecuencias en el sistema de partidos y por una aparente contradicción demoscópica: ¿cómo es posible que los españoles, que se ubican mayoritariamente en el centro, están dispuestos a votar como primera fuerza política a un partido montado hace cuatro días por profesores neomarxistas, al que esos mismos electores situan a la izquierda de Izquierda Unida?

No es nada extraño, dice Torreblanca, porque la crisis está tranformando en toda Europa la política tradicional con sus viejos anclajes partidistas. Cita un premonitorio artículo de la socióloga Belen Barreiro del que ya hablamos en su tiempo en este vídeo de Noticias Cuatro. Crisis, desigualdad, corrupción… La ciudadanía une la línea de puntos de tres elementos que estaban desagregados: “Lo que la corrupción hace es permitir a la gente establecer un vínculo directo de responsabilidad entre su mala situación económica, la mala situación del país y la actuación corrupta de los políticos”. Traducido al lenguaje que se puede oír en un taxi: “estos mangantes nos están arruinando mientras ellos siguen bien calentitos”. Con este estado de ánimo, el concepto de “casta” entra solo.

“Las palabras son como colinas en el campo de batalla”, suele decir Íñigo Errejón y recoge Torreblanca. “Si las dominas, tienes ganada la mitad de la guerra”. “El secreto de Podemos no es otro que haber sabido conectar con el estado de ánimo de la gente… Podemos es, antes que nada, el partido de los indignados. Pero ahí no queda todo; en política, tan importante es lo que se dice sobre algo como la capacidad de capturar la agenda política y mediática y lograr que ésta se articule en torno a los temas en los que cada actor es fuerte”. El programa importa menos que las emociones.

De Marx a Mas

Crisis, desigualdad, corrupción… “No hacía falta ser marxista para ver que en España existían desde hace tiempo las condiciones objetivas para la aparición de un fenómeno” como Podemos. Aprenden de Marx y de Mas. Aunque ahora el independentismo catalán vea la formación de Iglesias como un caballo de Troya del españolismo, no deja de ser interesante el parecido que apunta Torreblanca entre ambos movimientos. Los dos ven la crisis como una oportunidad para reconfigurar la agenda política y transformarla en relato victimista. Cataluña frente a España. El pueblo, la “gente decente”, frente a la élite, la “casta”.  Ambos cabalgan sobre la emoción y hacen una oferta ilusionante a una ciudadana que no encuentra respuestas en la oferta tradicional de los partidos tradicionales.

La inspiración italiana

Hablamos mucho de Venezuela, pero Italia es una referencia fundamental y no sólo porque Beppe Grillo fuera el primero que en sus inflamados discursos popularizó el término “casta” -tomado del libro de dos periodistas sobre la clase política italiana. La tesis doctoral de Pablo Iglesias, leída en 2008, se titula Multitud y acción colectiva posnacional. Un estudio comparado de los desobedientes: de Italia a Madrid (2000-2005). “Las estrategias movilizadoras y discursivas del movimiento italiano antiglobalización Tute Bianche constituye uno de los objetos de estudio centrales de la tesis de Iglesias”, señala Torreblanca al igual que la teoría de la hegemonía de Gramsci “constituye la columna vertebral de Podemos”. La flexibilidad teórica del PCI y “su capacidad de conectar con las clases populares sería lo que más llamaría la atención de Pablo Iglesias y lo que sin duda condicionaría su diseño de Podemos”. El activista y teórico Toni Negri también capta su interés por sus hipótesis sobre cómo movilizar a las multitudes en sociedades que han dejado ya muy atrás la lucha obrera clásica. En definitiva, “Italia es, pues, más que ningún sitio, la principal referencia geográfica e intelectual de Pablo Iglesias”, sostiene Torreblanca.

gramsci
Siempre Gramsci (el rostro que cubre el logo de Apple en el pc de Monedero)

Lo que aprendí de Chávez

Al italianizante Pablo Iglesias se suman las piezas que aporta la experiencia latinoamericana de Monedero y Errejón, según cuenta Torreblanca en uno de los capítulos más sugerentes de su libro porque muestra cómo fueron encajando en un mismo mecanismo político “tuercas” tan diversas como Lenin, Gramsci, Chávez, Laclau, los antiglobalización, el 15-M, el movimiento de los afectados por las hipotecas…

Frente al cosmopolitismo de Negri, frente a la lógica marxista que identifica las identidades nacionales como artefacto que “enmascaran las verdaderas identidades, que son de clase”, Chávez les descubre la fuerza del concepto de “patria”:

“Aunaba los dos elementos claves de un proyecto político populista: el hipérliderazgo personal y un marco referencia de corte patriótico-nacional… No tenemos una patria libre-dijo Chávez-, la mancillaron tanto traidor y tanto corrupto y por eso tenemos que hacerla de nuevo”. En 1998 ganó las elecciones y puso en marcha un proceso constituyente con el objetivo de “devolver la decencia” al país. De Latinoamérica, de Chávez, de Bolivia, de Ernesto Laclau, procede el uso y el énfasis de Pablo Iglesias en su concepto de “patria”, un vocablo extraño hasta ahora a la fraseología de la izquierda en España.

Cosas que enseña un desahucio

Si el 15-M fue importante porque reveló a los fundadores de Podemos que se abría una grieta en el sistema, el movimiento de la Paltaforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) resultó crucial en el análisis de los profesores madrileños de Podemos.

“Al comienzo de la crisis, los desahucios no generaban una reacción de indignación… un deshaucio no era un hecho político, sino una consecuencia de decisiones personales equivocadas o de mala suerte. Lo que la PAH consiguió gracias al liderazgo de Ada Colau es resignificar la cuestión de la pérdida de la vivienda para que no se atribuyera al individuo sino al fracaso de un sistema injusto: mientras los bancos eran rescatados (en realidad, las cajas), las personas no”, escribe Torreblanca y añade una cita de Pablo Iglesias: “Hacer una política redical es crear contradicciones al enemigo y eso es, sin grandes proclamas revolucionarias, lo que ha conseguido la PAH: que la mayoría de los ciudadanos de este país estén de acuerdo con ellos cuando llaman `criminales´ a las entidades financieras. ¡Eso sí que es política radical!”.

La PAH demostró que se podían desbordar los límites tradicionales de la izquierda; que una mayoría estuviera de acuerdo en que el sascrosanto derecho a la propiedad privada estaba por detrás del derecho a una vivienda digna, como señala Pablo Iglesias en esta interesante charla a jóvenes comunistas en  Zaragoza que Torreblanca cita más de una vez en “Asaltar los cielos”. Atención, porque es de mayo de 2013 -casi un año antes de que decidiera convertirse en candidato político- pero ahí está todo.

Harto de perder

A muchos nos sorprendió el mensaje de Pablo Iglesias habló la noche de su entrada en Europeo. En vez de celebrar su inesperado éxito -en cuatro meses pasaron de la nada a más de un millón de votos y cinco eurodiputados-, se lamentaba por no haber ganado. No era sólo un recurso retórico. Marcaba una importante diferencia con sus antiguos compañeros de Izquierda Unida. “A mí -dijo Pablo Iglesias en una ocasión- no me gusta perder, ni a las chapas: estoy hato de perder”. Y añade Torreblanca: “Para Pablo Iglesias y sus compañeros, IU había desaprovechado un momento histórico [en las elecciones de 2011]… España estaba en lo que denominaba `un momento comunista´. ¿En qué consistía? `Los comunistas -dijo Iglesias- nunca ganarían en unas elecciones en momentos de normalidad; sólo lo pueden hacer en momentos de excepcionalidad como los que vivía España en dichos momentos… la crisis hace saltar los conceptos existentes´, explicó Iglesias. Y aclaró: `Para que un golpista como Chávez gane unas elecciones tienen que haber saltado los consensos por detrás sobre los significados básicos´. Pero los líderes del Partido Comunista se habían convertido en régimen, señaló Iglesias, `gente que se conforma con la medalla de bronce´y que ni siquiera se plantea ganar unas elecciones  porque en el fondo `todo lo que les preocupa es ser de izquierdas auténticos , no ganar´”.

Quizá la fosilización de IU se entienda mejor si recordamos una escena que no me esperaba. Ocurrió cuando las teles empezábamos a cubrir los desahucios. Junio de 2011. El líder de IU Cayo Lara se acerca a solidarizarse con una familia al borde del desahucio en el barrio de Tetuán en Madrid. ¿Y qué ocurre? Que le abuchean, le gritan oportunista y le lanzan una botella de agua y le gritan “oportunista”. Ahí van dos fragmentos muy elocuentes.

La facultad de Políticas de la Complutense, los platós de televisión… Hay mucho más en el libro de José Ignacio Torreblanca, incluidas ocasionalmente sus opiniones. No están de más, sobre todo cuando buena parte de los antagonistas que han tenido hasta ahora no pasaban de patanes de tertulia. Dejo una en la que abandona su estilo investigativo sine ira et studio y les atiza con Karl Popper:

“El lenguaje bélico [de Podemos] es la antesala de una sociedad polarizada llena de ganadores y perdedores donde la ética se supedita a la necesidad de la victoria, no a principios democráticos aceptables por todo el mundo. Quizá Podemos debería cambiar su lectura de la historia de España y, por decirlo en sus propios términos, entender que dejar el boxeo y aceptar jugar al ajedrez ha sido el gran logro de la Constitución del 78. En lugar de Gramsci, los líderes de Podemos quizá podrían comenzar a leer a Karl Popper, el teórico de las sociedades abiertas en las que vivimos, quien defendió que toda convivencia debe estar organizada sobre la aceptación de que todo el conocimiento humano es necesariamente falible, contingente y limitado, que nadie está en posesión de la verdad, y que ésta debe ser descubierta de forma colectiva y negociada”.

Como solían decirme cuando estudiante: el que quiera saber más que vaya a Salamanca… o que compre y lea el libro de José Ignacio Torreblanca.

 

 

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Albert rivera2

Ejercicio de demoscopia recreativa: ¿qué auguran los resultados de Andalucía?

Si proyectamos los votos a unas generales, el PP sufriría una importante pérdida de escaños e IU desaparecería.

Me he puesto a hacer números de manera apresurada (no descarto errores) y he comparado las generales de noviembre de 2011 con las autonómicas de marzo de 2012 para ver en qué medida se podrían hacer proyecciones entre unas y otras. A diferencia de las europeas,  la circunscripción provincial es la misma y la diferencia en la participación no es tan grande.

De los 60 diputados andaluces, el PP sacó 33, 25 el PSOE y 2 IU. Cuatro meses después los andaluces volvieron a votar en sus comicios autonómicos. Si hubiéramos proyectado aquellos resultados a unas generales, el PP habría perdido 3 diputados, el PSOE habría subido 2 e Izquierda Unida, 1. Ligero escoramiento a la izquierda, por tanto, en una consulta en la que la participación había bajado del 70% al 62%; unos 415.000 votos menos. Pero la variación en escaños habría sido pequeña: 3 diputados habrían pasado de la derecha a la izquierda.

Si repetimos la misma proyección con las andaluzas de ayer, la variación es mucho mayor: el PP perdería 13 escaños, el PSOE subiría 2, Podemos sacaría 9 y Ciudadanos, 4 en el bloque andaluz del Congreso. Supongamos que en las generales aumente la participación hasta la tasa habitual, unos 400.000 votos más, y que ese aumento no se reparta por igual y se escore a la derecha con una variación similar a la de 2011, que el PSOE aguante en los 25… Con todo, el PP podría perder 10 escaños en Andalucía. De los 33 a los 23. Una cifra con la que siempre ha perdido las elecciones en el conjunto de España. En 1996, cuando Aznar ganó por los pelos, sacó 24 diputados de Andalucía. O Rajoy moviliza/recupera/gana hasta el último de sus votos o se le va a complicar mucho la existencia política.

Quizá no se puedan extrapolar los resultados del bastión socialista en Andalucía al resto de España, pero sí los del PP y estos apuntan en una dirección preocupante para los de Génova 13. Hasta ahora parecía que la emergencia de Podemos y la erosión del bipartidismo amenazaba sólo PSOE. Anoche vimos que también al PP se le ha abierto todo un agujero en la línea de flotación por el que asoma la cabeza de Albert Rivera. No tanto por los escaños que Ciudadanos pueda sacar, como por los votos que pueda restar al PP. Y la paradoja puede ser que la resta de Ciudadanos al PP favorezca con escaños al tercero en liza, Podemos.

Andalucía ha sido el primer indicio de un futuro que pronosticaba hace semanas el politólogo Pablo Simón en otra entrada  de este blog: vamos a un escenario a la italiana. Pero sin italianos, que añadió el otro día Felipe González. Manca finezza.