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El escritor y polemista británico Christopher Hitchens, ardiente defensor de la invasión de Irak, venía argumentando en varios artículos que había ciertas técnicas aceptables de interrogatorio extremo que se debían diferenciar de la tortura (outright torture).

Muchos de sus críticos entendieron que se refería, entre otras cosas, al waterboarding, el ahogamiento simulado que practicaba la CIA con los detenidos de Al Qaeda. Fue en 2008 cuando el director de la revista Vanity Fair le retó: “¿Estaría dispuesto a someterse a una sesión de waterboarding?” Hitchens aceptó.

El resultado de su experiencia fue un artículo titulado “Creedme, es tortura”.

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HIitchens necesitó experimentar el ahogamiento simulado para admitir que era tortura. Ahora habrá que ver si el polémico informe (http://www.intelligence.senate.gov/study2014/sscistudy1.pdf) elaborado por los demócratas del Comité de Inteligencia del Senado de EEUU es suficiente para convencer a los norteamericanos de la inmoralidad e ineficacia de las torturas.

Un informe de 6.000 páginas del que nos han adelantado un resumen de 500. Puede parecer mucho, pero los autores del informe se han tenido que leer seis millones de documentos a lo largo de cinco años. La amplitud y la brutalidad de estas prácticas queda en evidencia a poco que uno se adentre en sus páginas. Aviso que la lectura no es cómoda por la cantidad de tachones que censuran los datos clasificados.

Waterboarding, privación del sueño -a uno lo tuvieron toda una semana sin dormir-, introducción de hummus y otros alimentos por vía rectal. Al cerebro del 11-S, Khalid/Jalid Sheik Mohamed (KSM) lo sometieron 183 veces al ahogamiento simulado. Sesiones de 20 y 30 minutos (que superaban lo marcado por los “asesores legales” de la CIA; sí, esto se hacía con “asesores legales”). En una ocasión el oficial médico (sí, esto se hacía bajo supervisión médica de la Agencia) alertó de que se estaban superando los límites diarios -3 sesiones de waterboarding cada 24 horas-; en otro momento aseguro que el vómito de KSM diluía de tal modo los ácidos gástricos que era poco probable que se le estuviera quemando el esófago; y aún otra vez aconsejó a los torturadores que le administraran el waterboarding con agua salina (¿suero?) porque KSM estaba perdiendo electrolitos y se descompensaba su hidratación.

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Jalid Sheik Mohamed, el cerebro del 11-S

No lo llamaban torturas, claro, sino “interrogatorio reforzado” (enhanced interrogation). La CIA (y la Casa Blanca) siempre sostuvo que la información obtenida con estos métodos evitó atentados y sirvió para cazar a líderes de Al Qaeda, entre ellos, el enemigo público número 1, Osama Bin Laden. Y así se sugiere en Zero Dark Thirty, la película oficial de la caza de Bin Laden, en la que sólo se echaba de menos el nombre de la CIA como guionista en los títulos de crédito.

Sin embargo, el informe del Comité de Inteligencia lo desmiente. Ni la localización de Bin Laden, ni los atentados frustrados se evitaron gracias a los “interrogatorios reforzados”, dice el informe. Las pistas relevantes se obtuvieron sin tortura. En esta pieza el New York Times coloca frente a frente los argumentos del informe y los de la CIA en ocho éxitos de EEUU en la lucha contra el terrorismo yihadista.

¿Y si hubieran servido? ¿Validarían la tortura? ¿El fin justifica los medios?. Quizá lo más desalentador es que el debate ahora mismo en EEUU se centre más en la utilidad o inutilidad de la tortura, que en su inmoralidad. Dejo aquí el enlace con mi vídeo en Noticias Cuatro del domingo.

Pd.: Que el waterboarding es tortura lo sabemos mucho antes de que Hitchens se sometiera al tormento. Viene de antiguo. Según algunas fuentes se remonta a la inquisición española. Y, para dejar todos los cabos atados y despejar cualquier confusión, hay que recordar que la muerte de Hitchens, el 15 de diciembre de 2011, no tuvo nada que ver con el waterboarding. Se debió a un cáncer de esófago atribuible a su excesiva afición a la bebida y el tabaco. Fue un tipo brillante y, a veces, equivocado. No es contradictorio.