Imprescindible: O J Simpson, Made in America

Publicado: 10 octubre, 2016 en Estados Unidos, Historia, Sin categoría
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Recuerdo el 17 de junio de 1994.

Días atrás había comprado un nuevo televisor que venía con una antena parabólica de regalo. Instalarla en la terraza del ático y apuntar al satélite Astra fue más fácil de lo que esperaba. De repente, tenía a mi alcance una interminable oferta de canales gratuitos de todo el mundo. Muchos de ellos alemanes, por cierto. Y también, cómo no, la CNN y otros medios informativos norteamericanos.

Aquel viernes 17 de junio por la tarde comenzaba el Mundial de Fútbol en EEUU y quise ver la cobertura que los canales de aquel país iban a ofrecer de un evento deportivo de interés global que por primera vez se celebraba en sus campos pese a la escasa pasión que el fútbol suscitaba entre los norteamericanos.

Nada de nada.

Todas las cadenas de EEUU emitían en directo y sin descanso una extraña “persecución” policial por las autopistas de Los Ángeles de un cuatro por cuatro blanco. Extraña porque los coches patrulla parecían escoltar más que perseguir al Ford Bronco. Dentro huía a ninguna parte uno de los más famosos jugadores de fútbol americano, Orenthal James Simpson, O.J. Simpson. La policía de Los Ángeles le buscaba en relación con la muerte de su exmujer. Esa misma mañana Simpson había incumplido el pacto de entrega en comisaría que sus abogados habían negociado con los investigadores.

No tenía ni idea de quién era Simpson. Sabía de fútbol americano aún menos que lo que muchos estadounidenses sabían de lo que el resto del mundo entiende por fútbol. Desconocía su impresionante historial deportivo y, en cuanto a su posterior carrera de actor, si le había visto en alguna película, no recordaba su nombre.

Simpson se entregó finalmente en su casa. Siete meses después se celebró el juicio más mediático de la historia de EEUU. Vimos la escena del guante repetida mil veces, la cara impávida del agente Furhman, la escandalosa absolución…

Desde un primer momento, la cobertura televisiva parecía desproporcionada. Hasta el muy reputado Peter Jennings, presentador estrella de las noticias de ABC,  interrumpió el discurso de Bill Clinton sobre el estado de la unión para dar el veredicto en el juicio civil de Simpson.

En aquel tiempo, mediados de los noventa, mi conocimiento de los EEUU era más bien escaso. Atribuí los excesos de la cobertura al tirón que tenían los ingredientes clásicos del caso -fama, dinero, muerte…- y a la deriva hacia el espectáculo de los canales informativos. Sólo años después me he dado cuenta de que fue mucho más que eso. Fue un caso que tocó la fibra más íntima de la nación.

Quienes conozcan el asunto sólo de oidas, quienes hayan olvidado los detalles o quienes se perdieron en la larga sobreexposición tienen ahora la oportunidad de revisitarlo en O. J.: Made in America, uno de los mejores documentales que he visto últimamente. Se puede encontrar por ahí, perdido entre el montón indistinguible de documentales a granel que ofrece Moviestar + y, por lo que he podido ver y comentar hasta ahora, son muchos los que ni siquiera saben que lo tienen a su alcance.

No voy a reventar nada. Todos sabemos cómo acabó el juicio. Pero lo que tal vez nos cueste comprender es cómo un crimen que apuntaba clamorosamente a la condena de O.J. Simpson terminó con su absolución. OJ: Made in America despliega paso a paso, un trabajo de contextualización impresionante. Periodismo televisivo de primera. Ocho horas divididas en cinco capítulos. Un viaje que va ganando en densidad a través de una recopilación exhaustiva de material de archivo y una sucesión de entrevistas tan buenas que parecen guionizadas para la ocasión.

Asistimos a “la carrera”  que convirtió a O.J. Simpson en una estrella nacional en 1967, a su conversión en un “blanco” alejado absolutamente del compromiso de tantos deportistas negros con la lucha por los derechos civiles, a los repetidos antecedentes de malos tratos de O. J. a su mujer, Nicole Brown,  a la reconstrucción forense de su muerte y la del camarero Ron Goldman, a la insólita persecución de Simpson por las autopistas de Los Ángeles, al papel del agente Mark Furhman en la investigación y el juicio, al “dream team” de abogados que contrató Simpson y a su utilización son complejos de la “carta racista”, a los inmensos errores de la fiscalía con la selección del jurado por no hablar de la prueba del guante –if it doesn´t fit, you must acquit– que hundió para siempre la carrera del único fiscal negro de la acusación, al historial racista de la policía de Los Ángeles y a los disturbios que estallaron un par de años atrás cuando un jurado de blancos absolvió a los agentes que habían pateado a Rodney King sin saber que una cámara les estaba grabando.

“La absolución de O.J. fue una venganza por lo de Rodney King”, confiesa una de las ocho mujeres negras que formaron parte del jurado. Eran mujeres, pero el color de la piel se impuso a cualquier simpatía por la maltratada y asesinada Nicole Brown.

Después de ocho meses de juicio, de 45.000 páginas de transcripciones, de la declaración de 100 testigos y de unas pruebas incontrovertibles, el jurado tardó tan sólo tres horas y media en alcanzar un veredicto. “No hubo debate”, lamenta el entonces fiscal del distrito Gil Garcetti. Lo tenían decidido. “Puede que vivas en una mansión en Beverly Hills o en una casucha de Watts, pero todos estamos conectados por esto”, afirma un pastor negro mientras se toca el dorso de la mano.

En el primer mes del juicio un 63% de blancos consideraba a Simpson culpable y un 65% de negros, inocente. Un año después, el número de blancos que lo tenía por culpable ascendía a un 77% y el de negros que creían en su inocencia, a un 72%.

La absolución de Simpson desató un estallido de júbilo entre la población negra de costa a costa que dejó estupefactos a los blancos. No podían entender el enorme resentimiento que les tenían sus vecinos y compatriotas. “Por una vez, por un breve instante”, recuerda un líder de los derechos civiles, “el sistema de justicia criminal funcionaba a favor de un negro”. Hay quien compara el veredicto al hito que supuso la entrada del jugador negro Jackie Robinson en la liga de béisbol americana el 15 de abril de 1947. La raza, concluye uno de los entrevistados, es el elemento central de cualquier relato de los Estados Unidos.

Después vendría la decepción: la caída de O.J. Simpson en una espiral delirante que le llevaría de vuelta a la cárcel, la desorientación y descenso al abismo del héroe que lo tuvo todo, el penúltimo capítulo de una nueva tragedia americana, pero para eso tendréis que ver el documental…

Pd.: con posterioridad a esta entrada he encontrado un largo artículo que el prestigioso New York Review of Books ha dedicado a O.J. Made in America; leedlo sólo depués de ver la serie documental.

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