This blessed plot, this earth, this realm, this England,
                                             William Shakespeare, Richard II Acto 2, Escena 1

 

Cierro los ojos y me vienen William Shakespeare y la manzana de Newton, el fútbol, los Beatles y una larguísima playlist británica, esos maravillosos parques, una casa de squatter en Brixton allá por el 85, la singladura de Darwin en el Beagle,  Oxford y Cambridge, los mejores actores del mundo, Winston Churchill, las curvas del Aston Martin, la decadencia de Retorno a Brideshead, los debates en los Comunes y el insuperable humor británico… Tal vez sea difícil acabar el día sin que de una manera o de otra nos toque alguna de las manifestaciones de la cultura británica. Sospecho que cada uno tendrá las suyas (lengua inglesa a parte, of course).

Pienso que la vitalidad y la creatividad británica va  a seguir acompañándonos. Y no, no hablo sólo en términos culturales, también políticos y económicos. Marx (un refugiado) escribió El Capital en la Biblioteca Británica de Londres, fueron los británicos quienes pusieron los fundamentos del moderno estado de bienestar, Thatcher difundió el neoliberalismo de nuestro tiempo y Tony Blair patentó la Tercera Vía socialdemócrata.

Y al igual que estas modas políticas se extendieron por el continente, temo que el (mal) ejemplo británico contamine el proyecto europeo. Que el “pueblo” en París, en Viena o en Varsovia se vengue de las élites que han construido Europa desertando de este singular proyecto de paz y fraternidad que nació de las cenizas de Auschwitz, de Coventry, de Dresde…

¿Sobrevivirá la frágil unidad de este territorio -pequeño y envejecido- en el poniente de la populosa Eurasia o nos diluiremos en el espacio y en la historia como la ateniense liga de Delos ante los embates de espartanos y macedonios?

Los británicos se alejan de Europa -de este nuevo imperio romano- porque no quieren a los “bárbaros” inmigrantes a sus puertas. No importa que sea una falacia, el mensaje del miedo ha calado.

Farage

Evocan el sueño de una isla gloriosa (volvemos al Ricardo II de Shakespeare)…

This other Eden, demi-paradise,
This fortress built by Nature for her self
Against infection and the hand of war,
This happy breed of men, this little world,
This precious stone set in a silver sea

…e invocan la soberanía nacional.

La ilusión de la soberanía en tiempos de globalización por todas partes. En el Reino Unido, en Cataluña, en Grecia, en Alemania, en España… Los ciudadanos quieren decidir sobre su futuro, pero se topan con el célebre Trilema de Rodrik: no se puede tener soberanía nacional, globalización y democracia al mismo tiempo. De los tres tienes que elegir dos. Puedes seguir siendo una democracia soberana si, por ejemplo, te encierras en la autarquía y te sales de la globalización. Precisamente los europeistas -que inicialmente forjaron su proyecto como garantía de paz entre reinos combatienes-  venden ahora su proyecto como solución al “trilema”: sólo si nos convertimos en algo grande podremos decidir todos juntos sobre nuestro futuro en el mundo. Europa como reserva de soberanía.

Cuando pase la histeria y se asiente el polvo, los británicos seguirán discutiendo su futuro en Europa como lo llevan haciendo los últimos 70 años, si no los últimos siglos desde la conquista normanda del 1066. La geografía es el destino. No nos engañemos. Tal vez por la nostalgia del imperio, los británicos siempre fueron europeistas a regañadientes. La última batalla empezó hace 26 años, aquel día en que Thatcher dijo tres veces “no” a Jacques Delors.

No nos engañemos. Los británicos ya estaban con un pie fuera de Europa; fuera de su proyecto más determinante, el euro, fuera de Schengen, fuera del capítulo social. Ahora han dado un paso más atrás. Ha ganado la vieja Inglaterra, la Inglaterra profunda. Las nuevas generaciones han votado a favor de Europa. Y como la demografía también es el destino, tarde o temprano volverá la tortuosa vinculación on el continente (si la UE no ha saltado por los aires). Paciencia. Como dijo Ortega a propósito de Cataluña y España, la relación entre los británicos y el resto de Europa no tiene una solución definitiva, sólo se puede conllevar.

Por ahora terminemos con otros dos versos ´-no tan citados- de la tirada “soberanista” del Ricardo II:

That England that was wont to conquer others
Hath made a shameful conquest of itself.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s