nixon kissinger

AL ABRIR LOS OJOS, NIXON YA ESTABA ALLÍ

A los que despertamos a la actualidad internacional a principios de los 70, el capitán Tan Tan y los tres globos infantiles se solapan en la memoria con la cuenta atrás de las misiones Apolo, Neil Armstrong, el parche del general Moshe Dayan, el secuestro de Patty Hearst, Nixon y Kissinger, Vietnam y Watergate… Todo esto tal vez le deba mucho a las inimitables crónicas de Jesús Hermida desde Nueva York. No eran mucho más que nombres y rostros que se repetían en el telediario pero ahí quedaron, como una fijación en los recovecos de la memoria infantil.

Años después vimos una y otra vez Todos los hombres del presidenteentre otras cosas, porque es imposible entenderla a la primera y a la segunda y a la tercera… y de tanto verla incorporamos los diálogos del doblaje como un manual para aprendices de periodismo. Desde “siga la pista del dinero” hasta “quita lo de teta y a la máquina”:

Todos los hombres del presidente, como después la infravalorada Nixon, de Oliver Stone, se centran tanto en el caso Watergate y la paranoia presidencial que la guerra de Vietnam aparece sólo de manera tangencial. Y sin embargo, con el paso de los años, Vietnam se está convirtiendo en una clave fundamental para entender la deriva criminal de la presidencia de Nixon.

HALDEMAN: “SIN VIETNAM, NO HABRÍAMOS TENIDO WATERGATE”

Hace unos meses el reportero del caso Watergate, Carl Berstein, insistía en la importancia de Vietnam al comentar el último libro del premiado Tim Weiner One man against the world: The tragedy of Richard Nixon::

“Without the Vietnam war, there would have been no Watergate,” Haldeman noted accurately, though long after the fact. To understand that link, consider the deceit of presidential candidate Nixon and the culture of illegality he brought to the White House. In his landmark 2014 book, “Chasing Shadows,” Ken Hughes reconstructs Nixon’s spectacularly devious role in scuttling the Paris peace talks of 1968, in the closing weeks of the campaign, after President Lyndon Johnson decided to halt the bombing of North Vietnam to help bring about a possible settlement to end the war. This was the Chennault Affair, in which high-level emissaries for Nixon promised South Vietnamese President Nguyen Van Thieu that he would get a better peace deal if Nixon were elected — and not Hubert Humphrey, LBJ’s vice president and the 1968 Democratic nominee. Thieu boycotted the peace talks.

When Johnson learned of Nixon’s intervention, he was incensed. In conversations with the Senate Republican leader, he called Nixon treasonous — implying that he had violated the Logan Act, which forbids private citizens from interfering in government diplomacy. By subverting a move toward peace, Nixon had also potentially caused the injury and deaths of thousands more American soldiers and countless Vietnamese, Johnson charged. So entering the presidency, Nixon knew he had a terrible secret to hide that could be ruinous.

Ahora, en el  New York Review of Books, el también reportero del Washington Post y antiguo corresponsal en Vietnam Robert G. Kaiser destaca la relevancia de Vietnam en cualquier aproximación a la presidencia de Richard Nixon. Fue mucho más que una guerra heredada de las administraciones demócratas de Kennedy y Johnson a la que Nixon puso fin con la espantada que fue la “vietnamización”. Mucho más que el acto secundario de una presidencia devorada por el escándalo Watergate. Vietnam fue la clave.

nixon vietnam

LA TEORÍA DEL PRESIDENTE LOCO

En una generosa reseña de las últimas publicaciones sobre el único presidente dimisionario de la historia de EEUU, Kaiser destaca especialmente Nixon’s Nuclear Specter: The Secret Alert of 1969, Madman Diplomacy and The Vietnam War, de William Burr y Jeffrey P. Kimball. Nixon no sólo saboteó las conversaciones de paz de su predecesor Lyndon B. Johnson, también cruzó todas las líneas rojas desde el mismo comienzo de su presidencia para conseguir una salida “honorable” de  Vietnam. La idea era meter el miedo en el cuerpo a los norvietnamitas (y de paso a los rusos y a los chinos) transmitiéndoles la imagen de un presidente fanático, enloquecido, un anticomunista capaz de cualquier cosa. “The Theory of the Madman”, según expuso el propio Nixon al primero de los hombres del presidente, su jefe de gabinete H.R. “Bob” Haldeman:

“Le llamo la Teoría del Loco, Bob. Quiero que los norvietnamistas piensen que he llegado al punto en que podría hacer cualquier cosa con tal de acabar con la guerra. Debe llegarles el rumor de que, ‘ya sabes, Nixon está obsesionado con el comunismo, no podemos frenarle cuando está cabreado y ojo que el botón nuclear está al alcance de su mano’…  El mismísimo Ho Chi Minh va a tardar dos días en llegar a París para implorar por la paz”.

Pues no. Ho Chi Minh ni se inmutó (tampoco estaba como para ir a París; murió en una cueva de Hanoi en septiembre del 69). Pero los norvietnaminas no hincaron las rodillas. Nada les hizo flojear. Ni el bombardeo masivo y secreto de Camboya  para golpear las bases y vías de suministro del Vietcong -¡¡2,8 millones de toneladas de bombas en cuatro años!!- , ni ante la escalada militar del 69 ni los ejercicios navales frente a las costas norvietnamitas para hacerles creer que minarían la bahía de Haiphong ni la alerta nuclear mundial al estilo de Teléfono rojo: volamos hacia Moscú: Nixon colocó a todas las fuerzas estratégicas de EEUU -misiles intercontinentales, submarinos y bombardeos – en alerta máxima para hacer creer a Moscú que Washington se estaba preparando para lanzar un ataque nuclear. Algo de esto habíamos oído en una de las cintas secretas de Nixon desvelada en 2002.

Año 1972. Vietnam del Norte ha lanzado una ofensiva de primavera. Nixon habla con Kissinger.

Nixon: We’re going to do it. I’m going to destroy the goddamn country, believe me, I mean destroy it if necessary. And let me say, even the nuclear weapons if necessary. It isn’t necessary. But, you know, what I mean is, what shows you the extent to which I’m willing to go. By a nuclear weapon, I mean that we will bomb the living bejeezus out of North Vietnam and then if anybody interferes we will threaten the nuclear weapons.

Una semana después, viene mi cita favorita. Pide a su consejero de Seguridad Nacional que “piense a lo grande”:

Nixon: I’d rather use the nuclear bomb. Have you got that ready?
Kissinger: That, I think, would just be too much.
Nixon: A nuclear bomb, does that bother you?… I just want you to think big, Henry, for Christ’s sake! The only place where you and I disagree is with regard to the bombing. You’re so goddamned concerned about civilians, and I don’t give a damn. I don’t care.
Kissinger: I’m concerned about the civilians because I don’t want the world to be mobilized against you as a butcher

Cuenta Weiner que la combinación de bebida, insomnio y pastillas alimentaba las ensoñaciones agresivas de Nixon. Y su locuacidad. Solía llamar en estado de embriaguez a miembros del Gobierno, de su gabinete o a su antiguo entrenador de fútbol. Le escuchaban hasta que la voz de Nixon apenas pasaba del murmullo y el presidente caía dormido.Quizá eso explique que Kissinger, un tipo con un altísimo concepto de sí mismo, aparezca en tantas cintas secretas como un humilde masajista del ego presidencial (a la espera de que pasara la borrachera, suponemos).Éste es el momento “think-big-Henry” con Nixon in his own voice y grabado por el propio sistema de escuchas que instaló en el Despacho Oval:

EL DESASTRE DE RICHARD NIXON

La estrategia de Nixon en Vietnam -recrudecer la guerra para obtener una mejor posición negociadora en las conversaciones de París- fue un absoluto desastre. Murieron otros 21.000 soldados americanos, un tercio del total, y cientos de miles de vietnamitas. El bombardeo de Camboya y la invasión de 1970 desestabilizaron el país y propiciaron la llegada al poder en 1975 de los Jemeres Rojos que exterminaron a dos millones de camboyanos.

Y además ahí comenzó, a juicio de Kaiser, el ejercicio en la mentira y la ilegalidad que llevaría al Watergate:

“The connection between Vietnam and Watergate is often missed… Deceit and disregard for the law were the common threads. The abuses that constituted Watergate began with events tied to the Vietnam war: first was the attempt to sabotage LBJ’s peace talks in October 1968. In 1969 came the secret bombing of Cambodia and the wiretapping of reporters and White House aides, provoked by a leak to The New York Times about the secret bombing. Then the break-in at the office of the psychiatrist of Daniel Ellsberg, the man who leaked the Pentagon Papers about the war. The Huston Plan, drawn up by a White House aide in 1970 and approved by Nixon, proposed break-ins and black-bag jobs aimed at radicals, especially anti-Vietnam activists. The plan was rescinded, but many were kept under surveillance. Nixon explicitly ratified the use of illegal break-ins when he ordered aides to “blow the safe” at the Brookings Institution in Washington in search of Vietnam secrets from the Kennedy and Johnson administrations. That order was also never carried out, but soon after Nixon issued it, Mitchell and others came up with the idea of breaking into the Democratic committee offices. Ultimately, deceit and lawlessness forced Nixon from office, and sent twenty-two of his colleagues to jail”.

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