la verdad sobre el affaire del observatorio

Mitterrand. A Study in Ambiguity
Philip Short
Vintage Books, London, 2014.
692 pags.
Bolsillo 16,07€; Kindle 12,51€

“L’histoire d’un homme, c’est l’histoire d’une époque ” François Mauriac

EL AFFAIRE DEL OBSERVATORIO

Otoño de 1959. La guerra de Argelia desgarra Francia. Por las calles de París circulan todo tipo de rumores: los colonos más intransigentes habrían enviado escuadrones de la muerte para asesinar a los políticos más proclives al diálogo con el FLN argelino. A Mitterrand le cuentan que su nombre encabeza la lista negra. La inquietud tiene precedentes. De cuando en cuando, Danielle recibe llamadas amenazadoras. A la puerta de su piso ha fallado una bomba casera… El 15 de octubre el periódico derechista Paris-Presse titula con gran despliegue que “grupos de asesinos han cruzado la frontera española. Los que van a ser ejecutados ya han sido señalados…”.

Ese mismo día al atardecer Mitterrand cena con Danielle en compañía de unos amigos. Después François sale sin su mujer a dar una vuelta con tres de sus acompañantes. La ruta nocturna acaba en la Brasserie Lipp. Mitterrand saluda a algunos conocidos y se despide. Está cansado, dice. Mientras conduce de regreso al domicilio se siente perseguido. Un Renault Dauphine verde no se separa de su Peugeot azul. Cambia la ruta habitual para comprobar si sus sospechas tiene fundamento. El Renault repite cada maniobra. Gira a la izquierda en el senado, deja a su derecha los Jardines de Luxemburgo y continúa hacia el sur hasta llegar al Observatorio. Frena entre dos coches aparcados, sale del vehículo y corre hacia los jardines. Salta la verja y se tira al suelo. Escucha una ráfaga de disparos. “Entonces, vi que se alejaban. Creo que abandonaron la idea de matarme cuando me vieron saltar y correr. Dispararon al coche vacío para poder decir a sus jefes: `lo intentamos, pero surgió un imprevisto´. Siete impactos de bala agujerean el Peugeot de Mitterrand.

En cuanto se difunde la noticia le llegan expresiones de apoyo de todas partes. Muchos interpretan que los ultras de Argelia están perdiendo la paciencia con el recién instaurado régimen gaullista: “fueron a por Mitterrand”, según recoge Philipe Short, “porque querían lanzar un aviso: los colonos no se iban a quedar de brazos cruzados si las autoridades de la metrópoli les abandonaban”.

Una semana después estalla la noticia “bomba”: todo había sido un montaje; una trama diseñada por un antiguo diputado de la extrema derecha con la complicidad de François Mitterrand. O, al menos, ésa es la versión con la que fue a los periódicos.

 

yo maquiné

“Yo maquiné con Mitterrand el falso atentado”, dice el exdiputado Pesquet en L’Aurore

“De un día para otro, Mitterrand pasó de héroe a villano; en el mejor de los casos era un estúpido naif, en el peor un tramposo incompetente”, constata Short, que escoge el affaire del Observatorio como comienzo de su biografía. El episodio ejercerá de bisagra oscura en la trayectoria de Mitterrand. Hasta el punto en que Danielle dividiría sus vidas en un “antes” del Observatorio y un “después” del Observatorio.

El affaire del Observatorio le dejó tan hundido que sus íntimos temieron un suicidio. A sus 43 años Mitterrand daba por finiquitada su prometedora carrera política. Danielle nunca le había encontrado en tal estado de debilidad: “Descubrí a un ser humano que se asomaba directamente al abismo. Se pasaba las noches en vela caminando de arriba a abajo por el apartamento”. El periodista y ensayista Jean-Jacques Servan-Schreiber se sorprendió al verle llorar en su despacho. Una reacción insólota en Mitterrand que pasaba por ser un modelo de discreción y contención emocional. Servan-Schreiber, por cierto, fue uno de los pocos amigos que no le abandonó en su momento más crítico.

No era inverosímil que la extrema derecha colonialista quisiera desprestigiarle tendiéndole una emboscada. Mitterrand era un político muy significado de la IV República. A ojos de la facción dura de los colonos argelinos encarnaba la debilidad de los gobiernos civiles de la metrópoli que habían permitido la propagación de la gangrena insurrecta del independentismo. Lo que sí parecía del todo inverosímil  era que Mitterrand hubiera caído en la trampa. En esos años pasaba por wser un “político hábil de fama nacional; un ejemplo no de inconsistencia sino de savoir faire; un político controvertido y carismático que sopesaba los pros y los contras de cualquier situación antes de decidirse”. Los que mejor le conocían estaban atónitos: ¿cómo se habría dejado arrastrar hacia un montaje tan arriesgado?

Medio siglo después -muerto ya Mitterrand- su hermano Jacques ofreció una explicación plausible: que participó en la trama -de la que desconocía todos los detalles- porque creyó que podría utilizar el atentado fallido en su propio beneficio. Debía servirle para realzar su figura, eclipsada por la enorme presencia solar que irradiaba De Gaulle. El regreso del general al primer plano de la política había cortado en seco la irresistible ascensión de Mitterrand por los escalones de la IV República.

Roland Dumas recuerda el atentado contra Mitterrand

LA POLÍTICA COMO DESTINO

Al terminar la II Guerra Mundial, en el verano del 45, Mitterrand no sabe muy bien qué camino seguir. Duda entre la diplomacia, la escritura, la docencia de historia o derecho… Escribe aquí y allá. Incluso llega a dirigir una revista de moda de la casa L’Oreal. Son trabajos alimenticios mientras continúa como vicepresidente no remunerado de su asociación de antiguos prisioneros de guerra -con un millón de miembros era la organización más numerosa de Francia, solo superada por el sindicato CGT.

La pasión política le consume pero ningún partido le convence del todo. Detesta a los comunistas -muchos años después serían sus futuros compañeros de viaje a la presidencia-, encuentra rancios a los líderes del socialismo y demasiado católicos a los democrata-cristianos. ¿Cuál es su ideología, si tiene alguna? El catolicismo social de su infancia y la experiencia igualitaria de la guerra, el campo de prisioneros y la Resistencia le alejan de sus orígenes derechistas y le empujan hacia la izquierda. Según Short, a lo largo de su dilatada vida política siempre mantuvo dos constantes: el despreció hacia el poder del dinero y la búsqueda de la justicia social. Otra cosa es que “el lenguaje en que se vayan a expresar esas dos ideas variará radicalmente dependiendo del momento y las circunstancias”.

Al final opta por un pequeño partido de centro próximo a su reciente experiencia durante la ocupación. En las filas del UDSR (Unión Democrática y Socialista de la Resistencia) predominan antiguos resistentes no marxistas. “Sus miembros van desde la izquierda de la derecha hasta la derecha de la izquierda”. No obstante, “el “momento” y las “circunstancias” le hacen entender bien pronto que necesita el apoyo de la derecha de su circunscripción si quiere llegar al parlamento. Son sus tiempos de soflamas anticomunistas. Promete luchar contra “la bolchevización” de Francia, se pronuncia en contra de la regulación de la agricultura y el comercio, critica las nacionalizaciones que impulsa el gobierno tripartito, defiende la libertad de elección educativa y una relación “armónica” con la religión. Pide a los votantes de Nièvre que “se mantengan firmes ante el peligro comunista que la debilidad de los socialistas y democristianos ha colocado confortablemente en el poder”.

Este acto de contorsionismo político da sus frutos y gana el acta de diputado en noviembre de 1946. Tan solo seis semanas después sus credenciales entre los prisioneros de guerra y una carambola en el reparto de cargos le colocan al frente del Ministerio de los Veteranos. Tenía 30 años. El ministro más joven de Francia desde la Revolución. La de Veteranos fue la primera de las ocho carteras que ocuparía en la turbulenta década de la IV República hasta alcanzar las de mayor peso: Interior y Justicia. Short apunta que si no llegó a primer ministro fue por la desconfianza que le tenía el presidente Coty… Y por Argelia.

Imprescindible: La batalla de Argel de Gillo Pontecorvo

ARGELIA ARRASTRA A FRANCIA

Desastre en Dien Bien Phu (1954), pérdida de Indochina; independencia de Túnez, Marruecos en el 56, insurrección del FLN argelino… Francia contemplaba impotente cómo se desmoronaba su imperio colonial, cómo se desvanecía su peso en el mundo -algún día habra que hablar de la enorme repercusión de la fallida intervención en Suez en el 56.

Pero Argelia era más que una colonia. Argelia era un territorio que muchos consideraban tan francés como el Midi. Mitterrand creía que el problema se podía contener con una estrategia de apaciguamiento hacia los árabes, de reformas e inversiones, unificando la policía argelina con la metropolitana, integrando Argelia como provincia de pleno derecho en Francia.

Visto desde la perspectiva actual, subraya Short,”cómo podía pensar alguien que Argelia con nueve millones de árabes y un millón de colonos de origen europeo podía aceptar el dominio colonial cuando las vecinas Marruecos y Túnez -que sumaban 11 millones de árabes, y medio millones de colonos- habían obtenido la independencia de pleno derecho.

Pues así lo pensaba la Francia de la IV República que, acogotada por los militares y los colonos más intransigentes, era incapaz de mantener una estrategia coherente en Argelia. El terrorismo del FLN desató la clásica espiral de acción-reacción. El conflicto consumía gobiernos en París. Terrorismo, torturas y un debilitamiento extremo de la autoridad política. En febrero de 1956, un nuevo primer ministro, Guy Mollet, quiso iniciar su mandato con un golpe de efecto: una visita sorpresa a Argel. El pretendido golpe de audacia terminó en una escena vergonzosa. Le recibieron con un paro general: escuelas, fábricas y tiendas cerradas y banderas negras por todas partes en protesta por la sustitución del gobernador general.

Cuando el primer ministro se dispuso a colocar una corona en el monumento a los caídos, la multitud estalló. Le lanzaron tierra, piedras, tornillos, verduras… Sus escoltas consiguieron ponerle a salvo y trasladarle al Palacio de Verano, la residencia del gobernador general. Fuera 50.000 personas intentaban tomar el edificio. Las fuerzas de seguridad colocaron las ametralladoras cargadas en sus trípodes. “No podía permitir que mataran al primer ministro”, explicaría después el jefe de la seguridad-. Si la revuelta no terminó en un desastre sangriento fue porque el nuevo gobernador general anunció esa misma tarde su dimisión. Al conocer la noticia, la multitud empezó a dispersarse.

“¿Debe permanecer Francia en Argelia?”, pregunta a los periodistas el comandante de la batalla de Argel en la película de Pontecorvo. “Si ustedes responden que sí, deberán aceptar todas las consecuencias necesarias”. El personaje es un trasunto del Jacques Massu quien al frente de sus brigadas paracaidistas fue el encargado de restaurar el orden. Y lo hizo “con el acostumbrado vigor”. El ejército sustituyó a la policía. Los tribunales militares, a los civiles. Como ministro de Justicia, Mitterrand fue incapaz de impedir el uso brutal y sin restricciones de la tortura. Una de las páginas más negras de su biografía (y de Francia). El terrorismo de unos y otros dejaba a diario más de 20 muertos de origen árabe y europeo. Ante el deterioro del conflicto, Mitterrand apoyó por momentos la mano dura… y la guillotina. Recomendó la pena capital en 32 casos de condenados a muerte.

Short explica el endurecimiento de Mitterrand por puro cálculo político. Creía que su nuevo perfil de duro le podía despejar el camino hacia el ansiado puesto de primer ministro. Oportunidades no le faltaron. El conflicto argelino actuó como una centrifugadora que aceleró la inestabilidad de la IV República. Entre mayo y septiembre de 1957, Francia tuvo cuatro gobiernos. Mitterrand se veía ya a un paso de la jefatura del ejecutivo cuando el presidente Coty eligó a Felix Gaillard, un brillante economista de 38 años. El primer ministro más joven desde Napoleón. La irrupción de la juventud en momentos de gran crisis política parece un fenómeno histórico recurrente -y, sin embargo, el que terminó por hacerse cargo de la situación fue un viejo general de 68 años.

Mitterrand apreciaba a Gaillard. “Era más inteligente que yo, pensaba más rápido”, confesaría años después cuando Gaillard ya había fallecido en un accidente de yate. “Era más seductor, tenía más éxito con las mujeres, me hacía sentirme acomplejado… pero le faltaba perseverancia”. Ahí está la clave. La perseverancia. Una anécdota de aquellos años contrapone las figuras de Gaillard y Mitterrand y nos revela la fibra de la que estaba hecho el futuro presidente. En una ocasión, jugaron un partido de tenis y, para sorpresa de muchos, el más brillante, más fuerte y más hábil Gaillard cayó derrotado ante el aguante extraordinario de Mitterrand. Le llevó al agotamiento en tres horas y media de partido. Perseverancia. Mitterrand tardó dos meses en recuperarse físicamente, pero había ganado. Eso es lo que cuenta. En el deporte y la política

de gaulle en argelia de gaulle argelia

Vídeo del recibimiento triunfal a De Gaulle en Argel y su famoso: “Os he comprendido”. 

OPERACIÓN DE GAULLE

“Argelia es un problema de la cuarta dimensión y sólo hay un hombre en Francia que puede hacerle frente” dijo el escritor y político Edgar Faure. El hombre -todos lo sabían- se llamaba Charles de Gaulle. Reclamado por buena parte de la nación y, sobre todo, por los militares que combatían la insurrección argelina mientras -a Dios rogando…- ponían en marcha la operación Resurrección: el lanzamiento de los paracaidistas sobre París para hacerse con el control de los puntos estratégicos de la capital. Un golpe de estado en toda regla que vino precedido de un prólogo amenazador: la toma -más simbólica que real- de Córcega.

La presión surtió efecto. Las nueces cayeron del árbol. El 29 de mayo de 1958, el presidente Coty convocó a De Gaulle -“para evitarle al país una guerra civil”- y le encargó la formación del que sería vigesimoquinto y último gobierno de la IV República francesa. Después de 12 años de travesía del desierto, De Gaulle salía de su retiro en Colombey-les-Deux-Églises y emergía impulsado por el resorte de una rebelión que, si no alentó, tampoco se preocupó de desactivar (el regreso de De Gaulle en la versión documental  de los archivos franceses: http://player.ina.fr/player/embed/AFE85007883/1/1b0bd203fbcd702f9bc9b10ac3d0fc21/560/315/1/148db8)

manifestation miterrand defensa de larepública

Mitterrand (derecha) en la manifestación en defensa de la república el 28 de mayo de 1958

Súbitamente Mitterrand se descubrió fuera de juego. Muchos de sus compañeros políticos se adhirieron con entusiasmo a la causa del general. ¿Qué debía hacer él? Sumarse o buscar su propio camino. “Todo me empujaba a ver con buenos ojos la liquidación de la IV República, pero a la vez todo me separaba de la dictadura que se acercaba disfrazada de piel de cordero”. Short nos describe a un Mitterrand en debate consigo mismo mientras camina por la rive gauche. “Cuando vuelve a la asamblea está decidido. Votará contra De Gaulle”. En ese momento, hace un pronóstico premonitorio: “Vamos a tenerle durante 20 años y yo soy el único capaz de oponerme a él”. A Short le sorprende la clarividencia de Mitterrand porque tardó efectivamente 23 años en cumplirse. Fue en 1981 cuando Mitterrand, el primer presidente de izquierdas desde 1936, accedió por fin a la máxima magistratura de la V República fundada por De Gaulle.

Fue la culminación de la decisión que tomó aquel domingo 1 de junio de 1958. Recuperamos la escena:

La asamblea francesa, reunida en sesión extraordinaria, debate la investidura de De Gaulle. Mitterrand se levanta, toma la palabra y lanza una filípica memorable:

“Cuando en septiembre de 1944, el general De Gaulle se presentó ante la asamblea consultiva, le escoltaban el honor y el patriotismo… Sus compañeros hoy, que sin duda no ha elegido pero que le han seguido, se llaman golpe y sedición… El dilema al que se enfrenta este parlamento hoy es el siguiente: o lo aceptamos como primer ministro… o se nos perseguirá… No aceptamos el ultimátum… El general De Gaulle regresa convocado por un ejército indisciplinado. Legalmente los poderes que se le confieran habrán sido cedidos por los representantes de la nación, pero de hecho ya los detenta como fruto de un golpe de estado”.

Al terminar sólo escuchó los aplausos de los comunistas y un puñado de socialistas, pero aquel domingo 1 de junio de 1958 Mitterrand inició su largo viaje hacia la historia. Aquel domingo se colocó frente al “salvador” de Francia. El politicastro de la fracasada IV República se atrevía a desafiar al hombre providencial del siglo XX francés. Mitterrand encarnaría a partir de entonces el rostro de la oposición al movimiento gaullista. Nada es eterno en política. Tampoco De Gaulle. Algún día llegaría su turno.

Si el general venía a podar sin miramientos las ramas de la IV República por las que había trepado nuestro hombre, aquel domingo Mitterrand decidió sembrar la simiente de su propio árbol; una semilla que germinaría con la paciencia y la fortaleza de un olivo.

(continuará)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s